el que hayamos tenido algo que ver. Espero que haya quedado claro.

Aidan Kenny seguia comentando la reprimenda mientras Mitch conducia en direccion este por Santa Monica Boulevard. Mitch se alegraba de que Aidan no se lo hubiera tomado demasiado a pecho. Incluso parecia divertido por el incidente.

– El edificio Yoyogi Park -decia-. ?Como lo llaman? Disculpa, ?como lo denigran? Vaya palabreja: denigrar. He tenido que buscarla en el diccionario. Significa hablar mal de algo.

– Vino un articulo sobre eso en Architectural Digest -explico Mitch-. El Japan Times encargo un sondeo a Gallup para ver lo que pensaba la gente de Tokio. Al parecer, lo llaman Trampolin de Esqui.

– Trampolin de Esqui -repitio Kenny con una risita-. Me gusta. Y es verdad que se parece a un trampolin de esqui, ?no? ?Uf! Seguro que le encanto. ?Y el Bunshaft?

– De ese no tengo noticia. A lo mejor Ray ha visto algo, y no me lo ha dicho.

– Me gustaria saber que es lo que inspira a ese hijo de puta. A lo mejor es Joan. Tal vez se ata un consolador y se lo mete por el culo. Es lo bastante masculina para hacerlo; por eso la llamo la Dama de Hierro. Podria jugar de defensa en los Steelers.

– Richardson no es el peor arquitecto de Los Angeles, hay que reconocerlo. Ni mucho menos. Ese premio seria para Morphosis, que se lo ganaria por los pelos a Frank Gehry. Ray puede comportarse como un esquizofrenico paranoico, pero al menos sus edificios son algo. ?Es que esos tios creen que hacer los edificios lo mas feos posible es una especie de liberacion?

– Venga, Mitch -rio burlonamente Kenny-. Ya sabes que en arquitectura la palabra «feo» no tiene significado alguno. Hay vanguardia, vanguardia de la vanguardia y guarda jurado. Hoy dia, si quieres darle un aspecto moderno a tu edificio, debes hacer que parezca una penitenciaria del Estado.

– Es curioso que diga eso alguien que tiene un Cadillac Protector.

– ?Sabes cuantos Protector se vendieron el ano pasado en Los Angeles? Ochenta mil. Fijate en lo que te digo: dentro de unos anos todo el mundo tendra uno. Incluido tu. Joan Richardson ya lo tiene.

– ?Y por que Ray no? Seguro que hay un monton de gente que desearia verle muerto.

– ?Crees que su Bentley no esta blindado? -Kenny sacudio la cabeza-. En Los Angeles no se vende un coche asi sin blindaje. Pero, francamente, prefiero el Protector. Tiene un motor de reserva, por si el primero sufre una averia. Eso ni el Bentley lo tiene.

– ?Por que no lo estas utilizando, entonces? Acaban de dartelo.

– No es nada serio. Solo el ordenador de a bordo.

– ?Que le pasa?

– Pues no se. Mi hijo Michael, que tiene ocho anos, no deja de manipularlo. Se imagina que maneja el sistema de armamento del vehiculo, o algo asi, y ametralla a los demas coches.

– Ojala… fuese tan facil -dijo Mitch, frenando bruscamente para evitar la colision con un Ford marron que tenia delante. Rechino los dientes con furia, miro el retrovisor y giro el volante para adelantar.

– Trata de no mirarlo al pasar, Mitch -le recomendo Kenny, nervioso-. Por si acaso, ya sabes… ?Llevas pistola en el coche?

Abrio la guantera.

– Si el Protector tuviera un sistema de armamento, hoy mismo me compraria uno.

– Ah, seria estupendo, ?no?

Mitch adelanto al Ford y volvio la cabeza a su acompanante.

– Tranquilo, ?eh? Aqui no hay pistolas. No tengo armas.

– ?Que no tienes? ?Es que eres pacifista?

Aidan Kenny era un individuo corpulento, con gafas de montura metalica, boca grande y viscosa en la que podia caber una hamburguesa entera, y aspecto de pasarse la vida en el sofa delante de la tele. Tenia un aire que a Mitch le recordaba a un principe menor del Renacimiento: ojos menudos, demasiado juntos; nariz larga y carnosa, que daba una impresion de sensualidad y desenfreno; y un menton que, si no llegaba a las proporciones de los Habsburgo, era de un prognatismo acusado y estaba recubierto de una especie de barba rubia y adolescente que parecia haber crecido para dar cierta impresion de madurez. Tenia la piel tan suave y blanca como un rollo de papel higienico, tal como cabia esperar en una persona que se pasaba la mayor parte del tiempo frente a la pantalla del ordenador.

Torcieron en direccion sur, hacia la Hollywood Freeway.

– Por eso voy a ceder y comprarle unos juegos de ordenador -dijo Kenny-. Ya sabes, esas cosas interactivas en CD-ROM.

– ?A quien?

– A mi hijo. A ver si asi deja de manipularme el ordenador del coche.

– Debe ser el unico nino de Los Angeles que todavia no tiene esos juegos.

– Si, bueno, es porque se que causan dependencia. Aun sigo asistiendo a las reuniones de AAJI, Adictos Anonimos de Juegos Informaticos.

Mitch lanzo otra mirada de soslayo a su colega. Era facil imaginarselo a altas horas de la noche jugando a algun juego fantastico. Pero Aidan Kenny no era ningun retrasado mental. Antes de establecer una empresa de SGE, que Richardson acabo comprando por varios millones de dolares, Kenny habia trabajado con el departamento de inteligencia artificial de la Universidad de Stanford. Habia que reconocer otra cualidad de Ray Richardson: solo contrataba a los mejores. Aunque no supiera conservarlos.

– En realidad, Mitch, hoy viene a la ciudad. Iremos a una tienda y escogera los juegos que quiera.

– ?Quien, Michael?

– Es su cumpleanos. Margaret lo dejara en la Parrilla. Vaya. En el edificio Yu. Oye, supongo que no habra microfonos ocultos en tu coche. ?Crees que molestara a alguien que Michael se quede alli esta tarde? Esta noche vamos a ver a los Clipper y no me apetece pasar primero por casa.

Mitch pensaba en Allen Grabel. Al salir de la oficina vio que su maletin seguia bajo su tablero de dibujo. Y cuando volvio a llamarle, seguia conectado el contestador automatico. Se lo menciono a Kenny.

– ?Crees que puede haberle pasado algo?

– ?Como que?

– No se. Tu eres el que tiene imaginacion y un Cadillac Protector. Es que anoche ya era muy tarde cuando se marcho de la oficina.

– Probablemente se fue a algun sitio a coger una cogorza -sugirio Kenny-. A Allen le gusta tomar una copa. Y dos o tres si tiene oportunidad.

– Si, quiza tengas razon.

Salieron de la autopista por Temple Street y se acercaron al familiar perfil de los rascacielos del centro, dominado por los setenta y tres pisos en proyeccion ortogonal de la Library Tower de I. M. Pei. Mitch penso que los edificios mas altos de Los Angeles (la mayoria bancos y centros comerciales) se parecian a las triviales construcciones que hacia con piezas cuadradas en la epoca en que los ninos de ocho anos jugaban con simples bloques de Lego. Girando al sur hacia Hope Street, sintio una oleada de orgullo a la vista del edificio Yu y, echandose sobre el volante, lanzo una rapida mirada a la familiar sucesion de muros cortina que se extenderia tras la caracteristica parrilla, compuesta de enormes mensulas transversales y pilares blancos como el marfil: mas que un «esqueleto», era una escalera de ciento cincuenta metros de alto de la que colgaban los pisos.

Pese a la susceptibilidad de Richardson, Mitch no encontraba nada ofensivo en el apodo. En realidad, casi sospechaba que llegaria un momento en que, al igual que los propietarios de la Plancha, el famoso edificio de Nueva York, la Yu Corporation cederia y daria caracter oficial a la denominacion popular. Podian llamarlo como les diera la gana, penso: comparado con la lugubre suficiencia de las cajas de vidrio obra de imitadores de Mies van der Rohe que habia a su alrededor, la Parrilla, en opinion de Mitch, era el ejemplo mas asombroso de la nueva arquitectura en los Estados Unidos. Nada superaba la destellante, traslucida y plateada maquina que era el edificio de Ray Richardson. Su palpable ausencia de colorido era el mas concreto de los colores y, a ojos de Mitch, aquella estructura irradiaba la luz pura de una verdad revelada.

Mitch redujo la marcha para torcer por el carril que bordeaba la plaza en direccion al aparcamiento subterraneo. Justo entonces noto que algo chocaba contra la puerta del acompanante.

– ?Joder! -exclamo Kenny, al tiempo que se hundia en el asiento por debajo de la ventanilla.

– ?Que cono ha sido eso?

Вы читаете El infierno digital
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату