– ?Cambiarlo? ?Como? -exclamo Levine.

– Bueno, pues se me ha ocurrido una idea -contesto Mitch-. Podriamos construir otro estanque redondo dentro del cuadrado. De ese modo el circulo representaria el cielo, y el cuadrado, la tierra.

– ?No lo puedo creer! -dijo Richardson-. El edificio mas inteligente de Los Angeles y nos ponemos a hablar de vudu. La proxima vez tendremos que sacrificar un gallo y salpicar la puerta con su sangre.

Suspiro y se paso la mano por el corto cabello gris.

– Lo siento, Mitch. ?Que cono, tu idea me parece buena!

– La verdad es que ya se la he propuesto, y parece que le gusta.

– Bien hecho, amigo -comento Richardson-. Dibujalo, ?quieres? ?Habeis oido, los demas? Mitch es de los que hacen falta aqui. Soluciona cosas. Proximo punto.

– Me temo que aun no hemos terminado con este -prosiguio Mitch-. Jenny Bao tambien tiene un problema con la planta cuarta. En chino, la palabra cuatro significa muerte. O algo asi.

– A lo mejor tiene razon -dijo Richardson-. Porque cuatro es el numero de balas que le voy a meter en la jodida cabeza a esa zorra. Y luego le arrancare todos los miembros y se los metere hasta el fondo de su descomunal…

– ?Cojonudo! -grito Aidan Kenny.

Levine solto una estrepitosa carcajada.

– ?No se puede dejar un espacio donde estaba el cuarto piso? -sonrio Helen Hussey- Ya sabeis, suprimiendolo del todo. Hacer que el quinto piso quede flotando por encima del tercero.

– ?Tienes alguna solucion, Mitch? -pregunto Joan.

– Esta vez me temo que no.

– A ver que os parece esta -tercio Aidan Kenny-. La cuarta planta es donde hemos instalado el centro de informatica. Alli estan la sala principal de ordenadores, la estafeta del correo electronico, la sala de tratamiento de imagenes, la sala de video, la biblioteca multimedia con almacenaje de seguridad y el puente de mando, aparte de los diversos pasillos de servicio. Asi que, ?por que no la llamamos centro de datos o algo asi? Entonces tendriamos: segunda planta, tercera planta, centro de datos, quinta planta, lenceria, complementos…

– No es mala idea, Aid -observo Richardson-. ?Que te parece, Mitch? ?Lo aprobara Madame Blavatsky?

– Supongo que si.

– ?Willis? Has puesto mala cara. ?Tienes alguna objecion?

Como ingeniero mecanico del proyecto, Willis Ellery debia planificar todo el complejo sistema de conducciones del edificio, cables, tubos y huecos de ascensores. Era un hombre corpulento, rubio y con un bigote manchado en las puntas por los muchos puros que fumaba fuera de la oficina. Se aclaro la garganta y asintio levemente con la cabeza, como tratando de entrar en la conversacion a embestidas. Pese a la fuerza fisica que irradiaba, era un hombre de lo mas apacible.

– Pues si, creo que si. ?Que vamos a hacer con los ascensores? -pregunto-. En las cabinas, todos los paneles indicadores llevan el numero cuatro.

Richardson se encogio de hombros con aire impaciente.

– Habla con la Otis, Willis, que te hagan unos nuevos. No tiene que ser muy dificil hacer un panel indicador con una letra D en vez de un cuatro. -Senalo a Kay Killen, que estaba levantando acta de la reunion en su portatil-. Notificaselo al cliente, Kay. Todas estas modificaciones vudu correran a su cargo, no al nuestro.

– Hmm…, bueno…, organizar todo eso puede llevar cierto tiempo -intervino Ellery.

Richardson miro a Aidan Kenny con aire divertido.

– Aid, tu eres quien se va a pasar la mayor parte del tiempo en la cuarta planta de la Yu Corp. ?Que te parece? ?Estas dispuesto a correr el riesgo? ?Crees que tendras suerte, gamberro?

– Soy irlandes, no chino -rio Kenny-. Nunca he tenido problemas con el cuatro. Mi padre decia que el afortunado poseedor de un trebol de cuatro hojas tendria suerte en el juego y no le afectaria el mal de ojo.

– De todos modos -apunto Mitch-, sera mejor que no se lo menciones ni a Cheech ni a Chong.

– ?Quien cono son esos? -inquirio Richardson.

– Bob Beech y Hideki Yojo -explico Kenny-. De la Yu Corporation. Los que han instalado el superordenador y me han ayudado a poner a punto los sistemas de gestion del edificio. En realidad, son mis damas de compania. Estan aqui para que no les joda los aparatos.

– ?Crees que su presencia significa que hemos terminado y que el cliente puede ocupar el edificio? -bromeo David Arnon, sabiendo que, con arreglo a los pactos suscritos, eso habria permitido que su empresa, Elmo Sergo, abandonara la obra.

Mitch sonrio, consciente de lo ansioso que estaba Arnon por concluir el trabajo y, mas concretamente, por perder de vista a Ray Richardson.

– Ah, Mitch -dijo Richardson-. Eso me recuerda una cosa. ?Ya tienes fecha para la inspeccion previa a la entrega de llaves?

En el contrato para la construccion de un edificio, esa era la fase en que el arquitecto reconocia que la obra estaba terminada y lista para su ocupacion.

– Todavia no, Ray. Estamos haciendo las ultimas comprobaciones de servicios y aparatos para la obtencion del certificado provisional de habitabilidad.

– No lo dejes para muy tarde. Ya sabes como se me llena la agenda.

– Ah, se me olvidaba -dijo Kenny-. A proposito de fechas y agendas, hoy es el Big Bang. Nuestro ordenador se conecta a los terminales de todos nuestros proyectos en America.

– Aidan hace muy bien en recordarnoslo -comento Ray Richardson-. Que estemos conectados es importante. Pronto haremos nuestras inspecciones de obra en circuito cerrado de television via modem. Eso evitara que os mancheis esos zapatos detrescientos dolares, cabroncetes.

– A lo mejor podemos utilizar el sistema en la proxima reunion de proyecto -aventuro Kenny-. La mayor parte del SGE ya esta en funcionamiento.

– Buen trabajo, Aid.

– ?Y que hay de la seguridad? -inquirio Tony Levine-. Mitch dice que han vuelto esos manifestantes.

– ?Como es que han vuelto? -pregunto Richardson-. Hace seis meses que no los veiamos.

– No son ni la mitad que la ultima vez -dijo Mitch-. Solo unos cuantos. Estudiantes en su mayoria. Supongo que es porque acaban de terminar el curso en la universidad.

– Ya sabes, Mitch, si hay problemas, da un telefonazo a Morgan Phillips, al Ayuntamiento. Que haga algo. Me debe un favor.

– No creo que los haya -repuso Mitch, encogiendose de hombros-. Tenemos agentes de seguridad para ocuparse de esas cosas. Sin hablar del ordenador.

– Si tu lo dices… Muy bien, chicos -concluyo Richardson-. Eso es todo.

La reunion habia concluido.

– Oye, Mitch -dijo Kenny-. ?Vas al centro?

– Dentro de un momento.

– ?Me llevas a la Parrilla? Tengo el coche en el taller.

Mitch hizo una mueca y miro a Ray Richardson.

Fue el critico de arquitectura del Los Angeles Times, Sam Hall Kaplan, quien habia denominado asi al edificio de la Yu Corporation por su estructura de columnas y tirantes paralelos, que recordaba la de un campo de futbol americano. Mitch sabia que ese apodo irritaba a Richardson.

– Aidan Kenny -dijo Richardson en tono brusco-. No quiero oir que nadie lo llame «Parrilla». Es el edificio Yu, o el edificio de la Yu Corporation, o incluso el numero uno de la plaza de Hope Street, y ya esta. Aqui nadie deberia denigrar de ese modo una obra de Richardson. ?Esta claro?

Consciente de que ya no solo le escuchaba Aidan Kenny, alzo la voz.

– Eso va para todos. Que nadie llame Parrilla al edificio Yu. Este estudio ha ganado noventa y ocho premios por destacados proyectos arquitectonicos, y estamos orgullosos de nuestros edificios. Mi estilo se basa en la tecnologia, como todos sabeis. Sin embargo, podeis estar seguros de que creo que nuestros edificios tambien son bellos. La belleza y la tecnologia no son tan incompatibles como algunos quisieran hacernos creer. Y el que piense otra cosa, no tiene derecho a trabajar aqui. Que quede bien claro. Si oigo a alguien pronunciar la palabra Parrilla, lo despido. Y lo mismo digo de los apodos que alguien pueda ponerles al Kunstzentrum de Berlin, al edificio Yoyogi Park de Tokio, al Museo Bunshaft de Houston, al edificio Thatcher de Londres o a cualquier otro jodido edificio con

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