Mitchell Bryan empezaba a pensar que su mujer, Alison, estaba cada vez peor. Desayunando le habia informado, con un frenetico brillo en los ojos, de que habia leido que ciertas tribus sudafricanas creian que el producto de un aborto, aunque fuera natural, podia amenazar y hasta acabar con la vida no solo del padre sino de todo el pais, incluso del cielo mismo: bastaba para desencadenar los vientos de fuego, ahuyentaba las lluvias y secaba la tierra con su aliento.

– Bueno, entonces no hemos salido tan mal parados -respondio, laconicamente, Mitch, y acto seguido se dirigio al coche, aunque solo eran las siete y media de la manana.

Pensaba que Alison no habia superado del todo la perdida del nino. Estaba mas encerrada que nunca en si misma, se comportaba como una neurotica y se alejaba de los ninos como otras personas evitaban el centro de la zona sur de Los Angeles. A veces Mitch no podia menos que hundir el endoscopio de su memoria en las entranas de sus relaciones y preguntarse si un hijo habria salvado su matrimonio. Porque a los doce meses casi justos del aborto, Mitch dejo de buscar excusas para las rarezas de su mujer y se echo una amante. No le gusto hacerlo, pues sabia que Alison seguia necesitando mucho carino y comprension. Pero, al mismo tiempo, era consciente de que ya no la queria lo suficiente para darselo. Pensaba que, probablemente, lo que mas necesitaba era un psiquiatra.

En aquel momento, lo que necesitaba Mitch era acostarse con una mujer llamada Jenny Bao, la asesora de feng shui del proyecto. Mitch solia dirigirse directamente al estudio o al edificio de la Yu Corporation, pero a veces se le ocurria hacer una visita matinal a Jenny, a su casa del oeste de Los Angeles que tambien le servia de oficina. Aquella manana en particular Mitch se habia decidido por la ruta ya familiar que desde la Santa Monica Freeway seguia por La Brea Avenue y, solo a unas manzanas de Wilshire Boulevard, acababa en el barrio tranquilo y frondoso donde vivia Jenny, con bonitas casas de estilo ranchero y espanol. Aparco frente a una casa de una planta pintada de agradable color gris, con terraza y un cesped inmaculado. En la casa de al lado habia un cartel de «Se vende» que la anunciaba como «Casa Parlante».

Mitch apago el motor y durante noventa segundos se entretuvo escuchando la descripcion de la propiedad que recibia en una longitud de onda especial en la radio del coche, procedente de un transmisor informatizado del interior de la casa. Se sorprendio de que pidieran tanto, y de que Jenny pudiera vivir en un barrio tan caro. El feng shui debia dar mas dinero de lo que el pensaba.

Con el feng shui, viejo arte chino de la magia telurica del «viento y el agua», se localizaban solares para construir edificios que estuviesen en armonia con el entorno fisico y aprovechar todas sus ventajas. Los chinos creian que ese metodo de adivinacion les permitia atraer influencias cosmologicas favorables, asegurandoles buena suerte, buena salud, prosperidad y larga vida. En los paises asiaticos riberenos del Pacifico no habia edificio, grande o pequeno, que no se hubiese proyectado y construido con arreglo a los preceptos del feng shui.

Mitch ya habia tenido bastantes tratos con asesores de feng shui, aparte de la especialista con que se acostaba. Al proyectar el Island Nirvana Hotel de Hong Kong, Ray Richardson habia pensado revestir el edificio con vidrio reflectante, pero el maestro de feng shui de su cliente le advirtio de que el reflejo era una fuente de sha qi, el pernicioso aliento del dragon. En otra ocasion la empresa se habia visto obligada a modificar su proyecto, ganador de un concurso, para la Compania de Television Sumida de Tokio, porque su forma recordaba la de una mariposa, de vida efimera.

Salio del coche y subio por el sendero. Cuando abrio la puerta, Jenny estaba todavia con su camison de seda.

– Que agradable sorpresa, Mitch -le dijo, haciendole pasar-. Iba a llamarte esta manana.

Mitch ya estaba quitandole el camison de los hombros y empujandola hacia la habitacion.

– Mmm -murmuro ella-. ?Que has tomado esta manana con los cereales, esteroides?

Medio china, Jenny Bao le recordaba una gata grande. Ojos verdes, pomulos altos y una nariz pequena y delicada que el achacaba a la cirugia. Tenia unos labios en forma de arco, mas de Ulises que de Cupido, enmarcados entre los parentesis perfectos que formaba su risa. Le encantaba reir. Se movia bien, ademas, con el suave y largo paso de un felino. No siempre habia tenido esa figura. Cuando la conocio, pesaba cinco o seis kilos de mas. Sabia cuanto tiempo pasaba en el gimnasio de su barrio para tener ahora aquel cuerpo tan fabuloso.

Bajo el camison llevaba liguero, medias y bragas.

– ?Te ha dicho el dragon que venia? -sonrio Mitch, senalando al antiguo cuadrante de feng shui montado en la pared, sobre el cabecero de la cama. Era un disco marcado con unos treinta o cuarenta circulos concentricos de caracteres chinos, y Mitch sabia que se llamaba luopan y servia para valorar las buenas o malas cualidades del dragon en un edificio.

– Naturalmente -dijo ella, tumbandose en la cama-. El dragon me lo dice todo.

Le paso los tremulos pulgares por el elastico de las bragas, que deslizo sobre las doradas cupulas de su trasero pasandolas por el tenso liguero y el borde recamado de las medias mientras ella, complaciente, alzaba las rodillas hacia el pecho. Estiro los pies y el pequeno triangulo negro de seda y encaje fue suyo.

Se quito apresuradamente la ropa y se echo sobre ella. Apartando la mente del ansioso gnomo y de la tarea que le aguardaba, empezo a hacer el amor con ella.

Cuando terminaron, se taparon con las sabanas y miraron la television. Al cabo de un rato Mitch consulto su Rolex Submariner de oro.

– Tengo que marcharme -anuncio.

Jenny Bao puso mala cara y le dio un beso.

– ?Para que ibas a llamarme? -pregunto Mitch.

– Ah, si -repuso ella, y le explico por que queria hablar con el.

En cuanto se sento a su mesa, Mitch vio venir hacia el a Tony Levine y contuvo un grunido. Levine era demasiado ambicioso para su gusto. Daba cierta impresion de avidez, con un aire lobuno que se desprendia de la separacion de los dientes, descubiertos por su sonrisa casi permanente, y de la ininterrumpida linea de las cejas. Y luego estaba su carcajada. Cuando se reia, se le oia por todo el edificio. Era como si tratase de llamar la atencion, y eso incomodaba a Mitch. Pero en el rostro de Levine no habia ahora ni rastro de sonrisa.

– Allen Grabel se ha despedido -anuncio.

– ?Como? ?No me digas!

– Anoche.

– ?Joder!

– Se habia quedado trabajando hasta tarde en el proyecto del Kunstzentrum cuando se presento Richardson y empezo a tratar a todo el mundo con esa arrogancia britanica suya.

– Como siempre, ?no?

– No, se comporto de una forma verdaderamente tiranica. Como si no le importara nada. Como si le estuviera dando por el culo a Frank Lloyd Wright, ?entiendes?

Levine solto una estupida carcajada y se arreglo su corta y morena cola de caballo. Esa forma de llevar el pelo era otro de los motivos de la antipatia que Mitch sentia por Levine, mas aun cuando este insistia en llamarlo chignon.

– Si, bueno, la misma vanidad. Se cree un genio. Lo que significa que tiene una infinita capacidad de molestar a la gente.

– ?Que hacemos entonces, Mitch? ?Contratamos a otro proyectista? Pero el trabajo esta casi terminado, ?no?

Levine era el coordinador del proyecto Yu.

– Sera mejor que llame a Allen -contesto Mitch-. Quedan algunos problemas para los que necesito su opinion y me gustaria que Richardson no se metiera en lo que falta por resolver.

– Demasiado tarde -observo Levine-. Ya ha leido las notas de Grabel. Esta manana va a venir a la reunion de proyecto.

– ?Hay que joderse! Crei que se iba a Alemania.

– Despues. ?Que problemas?

– ?Lo que nos faltaba! Mira, Allen habria arreglado las cosas. Pero Richardson va a complicarlo todo.

– ?Que va a complicar? ?Vas a decirme de que se trata, por favor?

– Feng shui.

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