Kenny, Willis Ellery y David Arnon.

– ?Sabeis lo que me recuerda esto? -dijo Arnon-. Tengo la impresion de que somos altos cargos del partido siguiendo a Hitler en una visita a la nueva Cancilleria del Reich. Joan es como Martin Bormann, ?no os parece? Siempre esta de acuerdo con lo que el dice. El tio tropezara en cualquier momento, se dara de morros contra el borde de la piscina y luego nos mandara a todos a un campo de concentracion.

– O de vuelta a la oficina -repuso Mitch, encogiendose de hombros-. Que es lo mismo.

Miraron a Joan, que se agachaba para meter en el agua su gordezuela mano, llena de anillos.

– Asi que no es un vampiro -observo Kenny.

– ?No es agua corriente? -rio Mitch.

– Os equivocais los dos -dijo Arnon-. Solo mete la mano en el agua para enfriarla. Como la reina de las nieves. Para que Kay no disfrute demasiado.

– Zorra -gruno Ellery-. ?Es que nadie va a darle un empujon?

– Daselo tu, Willis -le sugirio Mitch-. Nosotros te apoyamos.

Kay aparecio en la terraza de la piscina con sosten y bragas de color malva.

– ?Malva! -exclamo Arnon en tono triunfante-, ?Que os habia dicho? Pagad, capullos.

Refunfunando, los otros tres hombres le entregaron un billete de cinco dolares cada uno mientras Kay se acercaba a la piscina, recogia los dedos de los pies sobre el borde como un simio y luego se lanzaba de cabeza al agua con un salto perfecto, sin hacer mas salpicaduras que un delfin bien amaestrado.

– ?Como esta el agua, Kay? -grito Richardson.

– Estupenda -contesto ella, emergiendo-. Es decir, bastante caliente.

– ?Que clase de chica lleva ropa interior de color malva? -se lamento Ellery.

– Una con tatuajes -repuso Arnon-. ?Veis lo que tiene en el tobillo?

Se referia a la delicada guirnalda de flores rojas y azules, que daba la impresion de que su pie habia sido artisticamente cosido a su pierna por algun genio de la moderna microcirugia aficionado a la botanica.

– ?De donde saca Dave su informacion? -se pregunto Ellery-. Eso es lo que me gustaria saber.

– Kay suele llevar blusas transparentes -le recordo Kenny.

Arnon se descalzo con un agil movimiento de los pies y se dirigio al borde de la piscina.

– Dejadme pasar -dijo, sonriendo entre la barba-. Soy el banero.

Kay empezo a nadar a lo largo de la piscina. Tenia la brazada suave y poderosa de quien se encuentra a gusto en el agua.

– Me parece que seria mejor verlo de cerca -dijo Ellery, que se quito los zapatos y siguio a la alta figura de Arnon.

– Esa chica es una verdadera provocacion -observo Kenny-. Es decir, un desplegable del Playboy. Si te fijas bien, quiza le veas una grapa en el ombligo.

– Lo de anoche no parece que la haya afectado mucho -comento Mitch.

– ?El fantasma? -repuso Kenny-. Creo que hemos encontrado una explicacion. Bob esta tratando de comprobarlo. En vista de que ya no tenemos vigilante nocturno, Abraham ha creado uno. O, al menos, un facsimil.

– ?Un facsimil, que quieres decir?

– Una imagen animada en tiempo real. Un holograma. Es perfectamente logico. No se por que no se me ocurrio anoche. El cansancio, supongo. Esas cosas entran en los parametros de aprendizaje de Abraham. Al comprobar la ausencia del verdadero Sam Gleig, anoche creo lo mas aproximado. Al fin y al cabo, para eso sirven los hologramas, ?no? Para dar un aspecto humano a un sistema esencialmente inhumano.

– ?Joder, Aid, casi mata del susto a la pobre chica! -protesto Mitch, meneando la cabeza con irritacion-. Podia haberle dado un ataque al corazon, o algo asi.

– Lo se, lo se.

– Estaba verdaderamente convencida de que habia visto un fantasma. No estoy seguro de que yo hubiera creido otra cosa.

– Abraham no sabe nada de fantasmas. Ni siquiera entiende la idea de muerte. Esta manana Beech y yo nos hemos pasado una hora tratando de explicarselo. El aun sigue. Solo queremos averiguar lo que paso, eso es todo.

– Y evitar que vuelva a suceder, espero.

– Mitch -repuso Kenny en tono paciente-, me parece que no entiendes plenamente lo que esto supone. Es una gran noticia. Beech esta entusiasmado, absolutamente fuera de si. Me refiero a que el ordenador tomo una iniciativa. No espero instrucciones, ni eligio entre una serie de opciones establecidas. Abraham adopto una decision por si solo y la puso en practica.

– ?Y eso que significa?

– En primer lugar, que este edificio es jodidamente mas inteligente de lo que nadie habia imaginado hasta ahora.

Mitch sacudio la cabeza.

– No estoy seguro de que me guste la idea de que un ordenador tome iniciativas.

– Mira, si lo piensas, no es mas que la consecuencia logica de disponer de una red nerviosa. Una curva de aprendizaje. Salvo que Abraham aprende mucho mas deprisa de lo que habiamos pensado. -Kenny sonrio con entusiasmo-. No te lo tomas como es debido, Mitch, de verdad. Crei que te alegraria saberlo.

– ?Por que?

– ?Preferirias que este edificio estuviera realmente lleno de fantasmas? ?O que Kay sufriese alucinaciones? Venga, se razonable.

Mitch se encogio de hombros y meneo la cabeza.

– No. No lo se. Pero hay algo que no tiene sentido y no acierto a saber que es. -Hizo un gesto hacia la mampara de vidrio. Richardson y su pequeno sequito volvian hacia la puerta-. Ahi viene.

– Hablaremos mas tarde, ?vale? Con Beech.

– Vale.

– Nadas divinamente, Kay -dijo Richardson, volviendo la cabeza.

– Y con razon -respondio ella, todavia en el agua-. Practicamente me crie en la playa de Huntington.

– Y tampoco te faltan agallas para meterte en el agua en ropa interior delante de estos lubricos cabrones con los que trabajamos. Quedate en la piscina el tiempo que quieras, Kay. Te lo has merecido.

– Gracias, creo que me quedare un poco.

– Vamos a ver esas camaras de flotacion.

– Bienvenido a las oficinas de la Yu Corporation, el edificio mas inteligente de Los Angeles. ?Hola! Soy Kelly Pendry, para servirle, y voy a decirle lo que tiene que hacer. No se le admitira…

– ?Otra vez, no, joder! -rio Curtis-. Es una verdadera pelmaza.

– Y como esta oficina es completamente electronica, no recibimos correo normal.

– ?Y como se las arregla el cartero? -se pregunto Coleman.

– Tendre que probarlo algun dia -dijo Curtis-. A lo mejor recibo menos facturas. ?Tenemos que esperar hasta que acabe el disco?

– … la persona que debe recibirle…

– ?Que cono tiene de malo en que haya una persona de carne y hueso en la recepcion? -protesto Curtis, olfateando el ambiente con recelo.

– Es por seguridad, Frank. ?Por que, si no? ?Te gustaria que tu mujer estuviese ahi sola, con todos los cabrones que vienen por aqui?

Curtis movio pensativamente la cabeza.

– Si, creo que Mitchell Bryan me comento algo de eso. Dijo que la Yu Corp temia que secuestraran a la recepcionista, si ponian una de verdad. ?A que huele, Nat?

– Asi van a ser las cosas, hombre, y cada vez mas -dijo Coleman, con una risita.

– A carne podrida, ?no?

– Yo no huelo a nada. No es que seas anticuado, Frank. Es que tienes que aprender a hacer las cosas de otra manera.

– … pues su voz sera codificada informaticamente por razones de seguridad.

– Inspector de primera Frank Curtis, Departamento de Policia de Los Angeles. Quisiera hablar con Helen

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