Hussey o Mitchell Bryan, de Richardson y Asociados. -Se aparto del mostrador-. A lo mejor tienes razon, Nat.
– Inspector Nathan Coleman, Departamento de Policia de Los Angeles. Yo tambien quisiera hablar con esas personas. Con cualquiera de ellas. ?Comprende?
– Gracias -repuso Kelly-. Un momento, por favor.
– ?Ordenadores! -exclamo Curtis con desprecio.
– Debes tener paciencia, Frank. Eso es todo. Fijate en Dean, mi sobrino. Tiene siete anos y sabe de ordenadores mas de lo que yo aprendere en mi vida. ?Y sabes por que? Porque tiene paciencia. Porque tiene todo el tiempo del mundo. ?Joder, si yo pudiera dedicarle a eso el mismo tiempo que el, seria como ese Bill Gates de los cojones!
– Dirijanse a los ascensores, por favor, iran a recogerlos alli.
Pasaron por las puertas de cristal, alzaron la vista hacia la copa del arbol y observaron a una bella china que intentaba atrapar con una red las carpas del estanque.
– Guaa-pa -murmuro Coleman.
Se detuvieron y miraron al agua.
– ?Pican? -ironizo Curtis.
La china le dirigio una agradable sonrisa y senalo un ancho recipiente de plastico que tenia a los pies, donde ya nadaban tres peces. A su lado tenia una pequena caja de embalaje que contenia un hornillo de piedra con trozos de carbon vegetal.
– Ni con red resulta facil -dijo ella.
– ?Piensa hacer una barbacoa? -pregunto Coleman.
Al ver la expresion perpleja de la mujer, el inspector indico el hornillo con la cabeza.
– A mi los pececitos de colores me gustan crujientes por fuera. Y sin quitarles la espina, por favor.
– ?Quieres callarte? -le interrumpio Curtis que, volviendose a la mujer, anadio-: Disculpe a mi companero. Va mucho al cine.
La mujer se inclino ligeramente y esbozo una sonrisa perfecta.
– Estoy acostumbrada a oir bromas sobre mi trabajo, creame.
– Pues buena suerte -se despidio Curtis.
– De eso se trata precisamente -repuso ella.
Estaban en el gimnasio cuando Abraham llamo para avisar a Mitch de que dos policias deseaban hablar con el.
– La policia -anuncio el, colgando el telefono-. Estan en la recepcion. Sera mejor que vaya a ver lo que quieren.
– Librate de ellos, Mitch -ordeno Richardson-. Todavia nos queda mucho que recorrer.
Mitch se dirigio al atrio. Polis. Justo lo que necesitaba, y precisamente aquel dia. Al cruzar las puertas vio a Jenny al borde del estanque y a los dos inspectores de la Criminal que esperaban pacientemente junto a los ascensores. Oyo una puerta que se abria, unos pasos y una voz que le llamaba a su espalda.
– Mitch.
Se volvio y vio a un hombre alto; tuvo que mirarlo dos veces para reconocerlo. Tenia el rostro cubierto de una barba de varios dias y los ojos hundidos, con un cerco de sombras profundas. Parecia que habia dormido con la chaqueta puesta. Y era presa de pronunciados temblores.
– ?Por Dios, Allen! ?Que haces aqui?
– Tengo que hablar contigo, Mitch.
– Tienes una pinta horrible. ?Que cono te ha pasado? ?Estas enfermo? Te he llamado a tu casa, pero nunca estas.
Grabel se paso nerviosamente la mano por la barbilla.
– Estoy bien -afirmo.
– El ojo. ?Que te ha pasado en el ojo?
– ?El ojo? -Grabel se toco la piel por encima de los pomulos y la encontro irritada-. No se. Me habre dado algun golpe, supongo. Es importante, Mitch. ?Podemos ir a algun sitio? Prefiero no hablar aqui.
Mitch habia vuelto la cabeza para mirar a los dos policias. Vio que le estaban observando y se pregunto que podrian pensar dos mentalidades naturalmente recelosas de la escena que presenciaban.
– Tengo que decirte algo.
– Allen, has elegido un dia cojonudo, ?sabes? Richardson esta en la piscina con todo el equipo de proyecto, y ahi me esperan dos polis para hacerme preguntas. Y Jenny Bao esta celebrando una ceremonia
Grabel fruncio el ceno, tuvo un escalofrio y cogio del brazo a Mitch.
– ?Que has dicho? -pregunto, alzando la voz-. ?Has dicho malos espiritus?
Mitch volvio a mirar hacia los polis. Ahora que se habia acercado mas a Grabel, le llego su olor. Estupefacto, se dio cuenta de que su antiguo companero desprendia el olor rancio y agridulce de un autentico vagabundo.
– Tranquilo, Allen, haz el favor. Solo son las majaderias de costumbre, el
– ?Ni hablar!
Mitch retrocedio ante la fetida oleada que surgio de la boca de Grabel.
– Oye, te espero abajo, en el garaje, ?vale?
Mitch se dirigio hacia los dos policias con una estirada sonrisa en los labios.
– ?Que cono pasaba ahi? -inquirio Curtis, con calma-. Ese tipo tenia todo el aspecto de un vagabundo.
– A lo mejor era el arquitecto -sugirio Coleman.
– Lo siento, senores -dijo Mitch, estrechandoles la mano-. Tenia que haberme puesto en contacto con ustedes. Tengo el informe del mecanico de la Otis encima de mi mesa desde el miercoles por la manana, pero estos ultimos dias han sido tremendos. ?Quieren que subamos a comentarlo?
– ?Y si subimos por la escalera? -sugirio Curtis, sarcastico.
– Ya veran que el informe confirma nuestras propias conclusiones: los ascensores funcionan perfectamente. Por favor -anadio, invitandolos a subir al ascensor-, no hay absolutamente ningun motivo para preocuparse, se lo aseguro.
– Eso espero.
Se abrieron las puertas del ascensor pero, antes de subir, Mitch les pidio que esperasen un momento y se dirigio hacia Jenny.
– ?Como van las cosas? -le pregunto.
– Esto es mas dificil de lo que pensaba.
– Te quiero -dijo el con voz queda.
– Mas te vale -repuso ella.
Los tres hombres subieron en el ascensor hasta la planta veintiuno.
– Hoy tenemos un dia muy ajetreado -explico Mitch-. El equipo de proyecto esta en el edificio, comprobandolo todo antes de decirle al cliente que las oficinas estan listas para ser ocupadas.
– ?Por quien? -inquirio Curtis-. ?Por todos los vagabundos del barrio?
Mitch enarco las cejas.
– Ah, ?se refiere a Allen? Trabajaba en la empresa. A mi tambien me ha sorprendido bastante la forma en que ha descuidado su aspecto.
El ascensor se detuvo suavemente y se abrieron las puertas. Curtis dejo escapar un sonoro suspiro de alivio.
– Bueno, ya hemos llegado – dijo Mitch-. Sanos y salvos. No soy ingeniero mecanico, pero hemos hecho que lo revisen de arriba abajo, de las poleas al microprocesador. Practicamente lo han desmontado todo.
Los precedio por el pasillo y entro en la sala de juntas. Era una estancia de doble altura con las dimensiones de una pista de tenis, y estaba cubierta por una gruesa alfombra elegida tanto por sus buenas cualidades aislantes como por su color gris perla. En el centro habia una magnifica mesa de reluciente ebano con ocho sillas negras Rennie Mackintosh, de respaldo en escalera, a cada lado. La pared del fondo estaba cubierta de estanterias negras, dominadas por una television de gran pantalla y una serie de aparatos electronicos entre los que
