trasluz.

– Tambien la boveda craneana es mas alta. Esto podria ser un indicio de que contuviera un cerebro de mayor tamano. Mayor que el de un gorila, en todo caso, pero no tan grande como el del hombre.

Coloco el craneo mirando hacia ella y paso los pulgares por el poco protuberante arco superciliar; parecia una escultora alisando el barro.

– La cara es corta, no es nada simiesca. Los dientes, en cambio… los dientes tampoco parecen los de un simio, a no ser por el tamano.

Le dio luego la vuelta, poniendolo cara abajo, con el fin de examinar la parte inferior del maxilar superior.

– El arco dentario es parabolico, no tiene forma de U. En cuanto al esmalte de los molares, parece muy grueso. Estos dos factores bastarian para afirmar sin lugar a dudas que no es ningun craneo de simio. Dejando a un lado el tamano inmenso de los dientes, y tengo que decirte, Jack, que jamas habia visto unos dientes tan grandes como estos, quiza pueda darle el visto bueno a mi observacion sobre su relacion con el Paranthropus robustus. Los dientes son ciertamente similares en cuanto a la forma a los de un robustas; los molares son mas grandes y mas planos; los anteriores, en cambio, sobre todo los caninos, son proporcionalmente mas pequenos. Pero ningun robustus tenia unos dientes tan grandes.

Hizo una pausa, deposito el craneo sobre la mesa, junto a la caja de embalar, se puso en cuclillas y se lo quedo mirando fijamente con el cejo fruncido.

– Los unicos candidatos en quienes se me ocurre pensar son los ramapitecidos. Las estribaciones del Himalaya son una de las zonas donde mas facilmente se encuentran fosiles ramapitecidos.

– En la cordillera de los Siwalik -apunto Jack.

– Hasta ahora se han hallado tres tamanos de ramapitecidos -prosiguio Swift-. Ya veo que con este tipo tendre que desplegar una amplia investigacion detectivesca y formular muchas hipotesis. Esto no es mas que una suposicion, desde luego, pero yo diria que los dientes son caracteristicos de los ramapitecidos mas grandes. Por cierto, el hominido mas grande que se conoce es el Gigantopithecus.

Metio la mano en la jaula, extrajo el fragmento del maxilar que habia puesto Jack en ella y asintio.

– Esto confirma lo que he dicho. Por el tamano de estos maxilares diria que se trata de un gigantopitecido, pero la disposicion de las suturas craneales, por el contrario, parece indicar que tenemos ante nosotros un australopitecido.

– Tal vez sea un hibrido de los dos -sugirio Jack.

Swift negaba con la cabeza.

– Pero hay algo de este craneo que no entiendo.

– ?Que? ?Cual es el problema?

– No lo se. -Se interrumpio y luego agrego-: Supongo que me desconcierta el hecho de que este especimen, que vivio en epocas tan remotas, este tan extraordinariamente bien conservado.

– ?Es esto lo que te desconcierta? -se rio Jack-. Eres muy dificil de complacer.

– Es mi obligacion ser esceptica. ?Que condiciones atmosfericas se daban en el interior de la cueva?

Jack se encogio de hombros mientras que con la mente se transportaba a la fisura en la que habia sido arrojado.

– Bueno, supongo que era un ambiente seco. La cueva, o mejor dicho, la caverna, era de roca caliza y se adentraba unos cien metros en la montana, al final de un angosto pasillo. Era como la entrada a una camara sepulcral egipcia. El suelo era de tierra.

– ?Habia estalagmitas o estalactitas?

– Si las habia, yo no las vi. Pero tampoco estoy muy seguro de haber explorado toda la caverna. En el exterior habia unos cuantos carambanos.

– ?Dirias que era un lugar bien resguardado?

– Si, muy bien resguardado. Dormi muy comodo la noche que pase alli, me habia bebido media botella de buen whisky.

– Lo que ocurre es que en un lugar asi lo normal es que hubiera muchos fosiles.

– ?Ah, si?

– Sobre todo teniendo en cuenta que era de roca caliza. Aunque dices que el suelo era de tierra, ?no?

– Exacto.

– Aun asi -comento Swift pensativa-, me extrana que el craneo no parezca de piedra. Su aspecto oseo original no se ha alterado. La fosilizacion es una metamorfosis lenta que acabamos de explicarnos muy bien, pero aun asi es extrano que este fosil no presente signos mas evidentes de mineralizacion.

Swift volvio a menear la cabeza mordiendose el labio.

– Pero en cuanto a mis observaciones preliminares…

– Un gigantopitecido con una pincelada de australopitecido, ?no era eso?

– Exacto. Pero yo me aventuraria a afirmar…

Fruncio el entrecejo.

– No, eso es del todo imposible.

– Estas cansada -la consolo Jack-. Estas cansada y nos hemos dado un banquete. Manana lo veras todo diferente. A la luz del dia se ven las cosas con otros ojos. Hazme caso.

Jack le rodeo la cintura con sus brazos.

– Vamos a acostarnos.

– Quiza tengas razon -dijo bostezando fuerte-. He bebido un poquitin demasiado.

Lo siguio hasta la puerta de la cocina y, antes de apagar la luz, le echo una ultima ojeada al craneo y se rio de lo absurdo que era lo que acababa de pensar.

El fosil gigantopitecido mas perfecto jamas hallado no parecia en absoluto un fosil. La idea era ciertamente de lo mas absurda.

CUATRO

Todo hallazgo de reliquias fosiles que venga a arrojar luz sobre los eslabones que unen al hombre con sus antepasados ha suscitado siempre polemicas y siempre las suscitara.

Wilfred Le Gros Clark

Swift se paso casi toda la noche en blanco, aunque su insomnio se debia menos a la presencia de Jack que al craneo. Sabia que sus colegas la tenian en alta estima y que gozaba de popularidad entre el alumnado, porque era una profesora excelente. Pero tenia treinta y seis anos y apenas habia publicado nada. Dentro de poco la Facultad de Paleoantropologia decidiria si le ofrecia o no un contrato laboral fijo, que le permitiria seguir ensenando, y era consciente de que tenia que realizar un trabajo de investigacion importante o, mejor aun, publicar un libro. El fosil que le habia regalado Jack le proporcionaba el valioso material que tanto necesitaba.

A las seis se escabullo de la cama sin hacer ruido, se vistio apresuradamente y se fue abajo. Tenia una idea fija en la cabeza. Le dejo una nota a Jack, metio el craneo en la caja, la llevo hasta el coche y se fue directamente a la universidad.

En el campus reinaba la calma mas absoluta. A aquellas horas de la manana todavia no habian hecho su aparicion los profetas, los musicos, los vendedores ambulantes de objetos de artesania, los camellos, los radicales, los artistas y los mas variopintos profesores de la universidad con quienes se cruzaba uno normalmente en la avenida Telegraph.

En cuanto entro en el laboratorio, cerro la puerta con llave. Solo entonces se atrevio a sacar el craneo y el fragmento de maxilar de la caja y depositarlos cuidadosamente sobre la mesa, que estaba debidamente forrada y acolchada con el fin de proteger de posibles golpes los fosiles, a veces fragiles, que se examinaban en ella.

Midio el craneo minuciosamente con calibradores y un micrometro; a continuacion dejo en la mesa unas reglas y monto la Canon EOS 5 sobre un tripode; le puso un objetivo de cien milimetros, un flash indirecto

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