– Las criticas de tu nuevo libro han sido muy buenas -le dijo Swift-. Tengo verdaderos deseos de leerlo.

– Yo nunca me creo las criticas buenas -repuso el-. Solo me merecen consideracion las malas. Creo que puedo prescindir de los elogios, aun si son certeros. La critica es como viajar en avion: cuando todo va bien, ni te das cuenta de que estas volando; solo cuando tienes un accidente te lo tomas en serio.

Swift sonrio. Cody era uno de sus colegas preferidos.

– Tienes suerte, me pillas de casualidad -le comento-. Dentro de nada tengo que estar en Moe's firmando libros. No entiendo que mi firma pueda cambiar nada a menos que aparezca en un talon. Bueno, en realidad no tengo que ir hasta dentro de una hora. Tenia intencion de ojear libros primero, pero prefiero quedarme y hablar contigo, Swift.

– De hecho me gustaria que leyeras y que firmaras un documento que he traido -le comento.

– Asi que has solicitado una subvencion. Sera un placer -le aseguro Cody cogiendo el documento de McLellan y depositandolo sobre un monton de papeles desordenados.

– Me interesaria que le echaras un vistazo ahora, si no te importa -insistio Swift-. No es ninguna solicitud para una subvencion. Es mas bien un documento legal.

– Ahora si que estoy intrigado.

Byron leyo el documento con una mezcla de orgullo herido y de placer. Una vez concluida la lectura del documento de confidencialidad, Cody, un hombre lento y meticuloso cuya barba a lo Darwin hacia honor a estos rasgos de su personalidad, volvio a leerlo desde el principio. Al acabar, lanzo un fuerte suspiro.

– ?A que viene todo esto, Swift? -le pregunto quitandose las gafas de media luna que utilizaba para leer y que se puso a limpiar con nerviosismo con la punta de su corbata de lana azul.

– Lo que te he dicho -explico Swift-. Es un documento legal, un contrato de confidencialidad. Lo que deseo decirte se convierte asi en una informacion no divulgable, como la que comparten un cliente y su abogado. Eso es todo.

– ?Y tu eres el cliente?

Swift asintio.

– Hay que reconocer, Swift, que eres una persona cabal, de lo mas concienzuda y minuciosa. Esta es la primera vez que alguien me pide una cosa asi. Para la mayoria, la inteligencia es solo un don; para ti es un deber moral.

– Pues entonces permiteme que vaya directa al grano. He hallado algo que puede que tenga mucho valor. Si este es el caso, quiero mantenerlo en secreto todo el tiempo que pueda. Lo ultimo que deseo es que alguien del IHO publique un articulo antes que yo.

– ?Cabe esta posibilidad?

Swift se encogio de hombros.

– Don Johanson dio a conocer su nueva especie, el Australopithecus afarensis, despues de arrebatarle unos fosiles de Kenia a Mary Leaky, y sin darle tiempo ni la oportunidad de hablar sobre ellos.

– Pero fue el quien descubrio a Lucy.

Lucy es el nombre que le dio Johanson en un primer momento a los fosiles de afarensis que el hallo en Tanzania.

– Si, pero no le basto con esto. Tuvo primero que cargarse los fosiles de ella para promover los suyos.

– Entendido.

Cody cogio una pluma, pero se resistia a firmar el documento.

– Mira, Byron, los fosiles son informacion. Y el nombre que se le pone a cada uno de ellos es algo absolutamente vital en este negocio.

– ?Negocio? Acabas de mencionar la palabra clave. Ahora si lo entiendo todo. Yo pensaba que los paleoantropologos erais cientificos.

– La ciencia no es mas que un negocio, solo que quienes se dedican a ella llevan bata blanca -arguyo Swift-. Si quieres descubrir nuevas verdades, no puedes ir con el culo al aire, tienes que protegerte. Si Galileo hubiera sido mas precavido a la hora de pronunciarse sobre la teoria copernicana…

– O si hubiera contado con el asesoramiento de un buen abogado… -la atajo Cody haciendo una mueca-. De acuerdo, de acuerdo, me has convencido. Me has herido, si, pero tambien me has convencido. -Garabateo una firma y le arrojo el documento de malos modos-. Y ahora dime de que va todo esto.

– Deseo conocer la opinion del zoologo especializado en primates mas importante del pais…

– No soporto que me adules, limitate a decir la verdad.

– … sobre el craneo de un hominido que ha llegado recientemente a mis manos.

– Esto se pone cada vez mas interesante.

Swift abrio la jaula de madera, extrajo el molde del craneo y espero a que Cody despejara el escritorio, donde finalmente lo deposito. De la bolsa que llevaba colgada al hombro saco un ordenador portatil; lo encendio y se dispuso a anotar las primeras impresiones de su colega.

Cody volvio a ponerse las gafas de media luna en la punta de la nariz y cogio el craneo, haciendolo girar expertamente con las dos manos como si fuera un melon al que estuviera examinando para saber si estaba maduro.

– Bonito molde -murmuro-. ?Lo has hecho tu?

– Si, esta manana.

– ?Donde esta el original?

– En un lugar mas que seguro.

– ?Huy! -Cody solto una risita maliciosa-. La informacion solo se da en casos imprescindibles, solo si te aporta algo a ti, ?eh? Estas haciendo de James Bone, ?verdad? -comento jugando con las palabras Bond y bone, que significa hueso-. Era muy grande, de talla considerable. Observa el tamano de este craneo.

Swift empezo a teclear.

– Y los maxilares son enormes. Solo mi mujer tiene unas mandibulas mas grandes. Pero es por el ejercicio, no tiene nada que ver con la herencia. De tanto hablar y comer. ?Cielos! jamas habia visto un fosil con unos dientes tan grandes como este. Son mas grandes que los de un gorila. Estoy absolutamente seguro, aunque siempre se puede hacer una radiografia por si me equivoco.

– ?Mas grandes? ?Puedes ser mas preciso, Byron?

– Tal vez el doble de grandes. Si, ?por que no? Y observa las suturas de los huesos. No son nada frecuentes. La sutura occipital es mas pequena que la de un gorila. No obstante, el tamano de estos dientes requeria con toda probabilidad musculos masticatorios extremadamente fuertes, en cuyo caso la mayoria de ellos debia de estar unida a la coronilla, a la sutura sagital, cosa que, naturalmente, debia incrementar la talla de la cabeza. Una barbaridad. Puede que de alto midiera, como minimo, uno coma cinco mas que la de un gorila. Eso es algo realmente extraordinario, ?verdad? Por el tamano de la sutura occipital, y por su disposicion, casi se diria que el ser que poseia este craneo mantenia la cabeza mas erguida que un gorila. Lo cual nos obliga a no descartar la hipotesis de que caminara erguido. Una criatura simiesca que andaba con las dos piernas en lugar de apoyarse en los nudillos, como hubiese sido de esperar. Ahora empiezo a ver claro por que querias que te asesorasen legalmente. Dios mio, Swift, ?de donde lo has sacado?

– Eso, Byron, de momento no puedo decirtelo. Lo unico que puedo decir es que no es ningun fosil del Viejo Mundo.

– Me sorprende usted, senora. Iba a exponer mi hipotesis de que en realidad se trata de un australopitecido. Solo que ninguno de los fosiles de primates hallados en el sur de Africa ha tenido jamas las dimensiones de este tipo. Ni siquiera el Paranthropus crassidens.

Swift alzo los ojos de la pantalla del ordenador portatil cuando Cody dejo de hablar.

– ?Y si fuera un simio del Mioceno? -apunto ella-. ?No podria ser un ramapitecido?

– Si, es posible -contesto Cody meditabundo-. Tal vez sea un Gigantopithecus, el primate de mayor estatura de cuantos se conocen. De mas esta decir que jamas he visto ningun fosil completo. Ni yo ni nadie. Solo tenemos los tres dientes que Von Koengswald hallo en una tienda de Hong Kong, los denominados «dientes de dragon». Si, podria ser un Gigantopithecus. ?Dios! ?Seria fantastico!

– Eso es lo que pense yo en un primer momento -admitio Swift-. Pero queria oir la opinion de un especialista competente.

Empezo a subrayar algunas de las observaciones de Cody en el texto que tenia escrito en la pantalla del ordenador.

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