– Me alegro de haberte visto, Jack -dijo Farrell cuando terminaron de desayunar-. La proxima vez que vengas a Washington dame un telefonazo. Tengo unos pies de gato nuevos muy adherentes que me gustaria que probaras. Estan hechos de una mezcla de goma nueva que creemos que os van a cambiar totalmente las cosas a los escaladores de este pais que escogeis paredes escarpadas de roca o de hielo. Los llamamos zapatos Brundle -anadio-. Piensatelo. Y cuidate mucho, ?me oyes? No tienes muy buena cara.
A Jack no le cabia ni la mas minima duda sobre este punto. En cuanto Farrell se marcho, decidio que, puesto que faltaban todavia dos horas para la reunion con los representantes de la National Geographic Society, iria a dar un paseo; le vendria bien tomar el aire. Asi que volvio a su habitacion, cogio el abrigo y salio a la calle a arrostrar valientemente el frio de una tipica manana de invierno de Washington.
Sus pasos le llevaron hacia el sur: dejo atras la Casa Blanca y luego cogio el Mall en direccion este. Poco a poco iba sintiendose mejor, pero tambien el frio se hacia por momentos mas insoportable. Se metio en el Smithsonian en busca de un poco de calor; era el ultimo dia de una exposicion titulada «La ciencia en Norteamerica», cuyo proposito era mostrar al publico el impacto de la ciencia en Estados Unidos. Una parte sustancial de la exposicion estaba consagrada al proyecto Manhattan y al desarrollo de la primera bomba nuclear. Esta ultima era la seccion mas interesante, pues Jack no habia visto nunca algunas de las fotos que alli se exponian y que mostraban escenas de Hiroshima despues de la explosion de la bomba atomica. Se pregunto si los gobiernos de la India y de Pakistan seguirian deseando lanzar explosiones y aniquilarse mutuamente despues de ver aquellas fotografias.
Las noticias no eran precisamente buenas. Al parecer, varios paises arabes estaban realizando preparativos para efectuar un despliegue de fuerzas en Pakistan como acto de solidaridad musulmana, mientras que el primer ministro indio habia convocado con urgencia una reunion con los generales de todos los ejercitos. En un esfuerzo activo por resolver la crisis, el secretario de Estado de Estados Unidos habia emprendido un viaje a Islamabad, para dirigirse a continuacion a Nueva Delhi por cuarta vez consecutiva en las cuatro ultimas semanas.
Jack esperaba que el secretario de Estado comprendiera mejor que el, que tenia las ideas harto confusas, los motivos que habian desencadenado la crisis. Como la mayoria de norteamericanos, desconocia las razones por las cuales los hindues y los pakistanies andaban otra vez a la grena y se amenazaban con aniquilarse mutuamente.
Al salir del Smithsonian, Jack cogio un taxi, que lo dejo en el hotel. A escasos metros de alli se hallaba el alto edificio modernista que alberga la National Geographic Society.
En 1888, el ano de fundacion de la National Geographic Society y de la mundialmente famosa revista de cubiertas amarillas, se habia acordado que los beneficios que aportara esta ultima servirian para ayudar a financiar las expediciones de la sociedad. Pero hoy, cuando el siglo xx esta a punto de terminar y la revista cuenta con casi once millones de lectores, la mayoria de las actividades de la sociedad se financian mediante las cuotas anuales de sus miembros.
La National Geographic Society se cuenta entre las organizaciones cientificas mas ricas y benevolas. No obstante, por mas que el lema de la revista fuera «nunca publicaremos nada que no ofrezca una vision amable de los paises y de los pueblos sobre los que escribimos», Jack sabia, a aquellas alturas, que no cabia esperar que semejante amabilidad fuera a traducirse, de forma automatica, en un patrocinio que destacara por su generosidad. Sabia muy bien que la lucha por lograr ser patrocinado por la National Geographic Society era encarnizada y que no podria restar importancia al desastre ocurrido en el Machhapuchhare, por mucho que insistiera en que se habia producido en el Annapurna.
En la reunion con los representantes de la sociedad y de la revista, no obstante, Jack se mostro hasta tal punto candoroso y autocritico que el mismo fue el primero en sorprenderse. Sabia que lo ocurrido habia sido un accidente. De igual modo, estaba convencido de que, mas alla de exponerse al evidente peligro que supone siempre, para cualquier alpinista, emprender la ascension, con un solo companero de cordada, de las enormes paredes escarpadas de los montes del Himalaya, sobre todo cuando, como el, se habia decidido a prescindir del oxigeno, el no habia actuado con negligencia. Pero en el fondo de su corazon Jack se sentia responsable de lo ocurrido, puesto que la idea de escalar los picos mas altos del mundo de aquel modo tan arriesgado habia partido de el.
Cuando Jack hubo terminado su relato de la expedicion, el director de patrocinio, Brad Schaffer, asintio con solemnidad y dijo:
– Me gustaria darte las gracias por haber sido tan franco y honrado al exponernos lo que ocurrio, Jack. Estoy convencido de que hablo en nombre de todos nosotros si te digo que te agradecemos que hayas venido tan de prisa, cuando la tragedia es todavia reciente, y que nos hayas dado una explicacion cabal. Estoy seguro de que esto facilitara enormemente el que podamos indemnizar a la familia de Didier Lauren con celeridad, ?no es asi, senorita Harman?
La senorita Harman, la representante de la compania de seguros, una mujer atractiva de pelo castano que vestia con gran sobriedad, alzo la vista, que tenia clavada en el informe que les habia entregado Jack sobre el accidente, y se aclaro la garganta.
– Si -dijo con vaguedad, como si hubiera algo que no consiguiera ver con claridad-. Supongo que tiene usted razon. -Echo una ojeada al informe y anadio-: Quisiera, de todos modos, hacerle un par de preguntas.
– ?Ah, si? -repuso Jack haciendo un esfuerzo porque su voz sonara imperturbable al dirigirse a aquella mujer que lo escrutaba con frialdad.
– Sobre los gastos de los funerales de los sherpas y las indemnizaciones que ya se han pagado a sus familiares, senor Furness.
– ?En serio?
Jack, a fin de mantener en secreto la ascension ilegal del Machhapuchhare, se habia visto obligado a costear las exequias de los cinco sherpas.
– Si.
Jack hizo girar el raton de bola del ordenador portatil y encontro los gastos a los que aludia la representante de la compania de seguros.
– La escucho -le dijo.
– Pago usted diez mil dolares en concepto de indemnizacion a las familias de los sherpas, dos mil dolares a cada una de ellas. Y tambien pago los cinco funerales, que costaron quinientos dolares cada uno. ?Es correcto?
– Si.
– Sin embargo, nos acaba de decir que solo rescato tres cuerpos.
– Exacto. Didier y dos de los sherpas siguen alli arriba, no pudieron ser localizados.
El rostro menudo de la senorita Harman adopto una expresion de exasperacion.
– No lo entiendo -declaro-. ?Como se puede celebrar un funeral sin un cadaver? ?Y por que son tan caros los funerales en comparacion con la cantidad de dinero que pago usted en concepto de indemnizacion? Quinientos dolares representan un veinticinco por ciento de la indemnizacion.
Jack le lanzo una mirada a Brad Schaffer en busca de apoyo. Pero el responsable del patrocinio de la casa White Fang cambio de posicion en su asiento sin decir palabra. Jack, con una sonrisa nerviosa en la boca, cogio un pedazo de silicona Exer-Flex y empezo a apretarlo con los dedos.
– En el Nepal, las ceremonias, en comparacion con otras cosas, son muy caras -explico-. Y de modo especial lo son las honras funebres. A veces tienen que ahorrar durante anos para poder pagarse el entierro. Aunque no puedan recuperar el cuerpo, aunque no se lo puedan permitir, se ven obligados por la tradicion a celebrar honras funebres a sus muertos, y eso es algo de lo que los integrantes de las expediciones de escaladores occidentales nos hemos hecho siempre responsables. Si no lo hicieramos, senorita Harman, es muy improbable que los sherpas arriesgaran sus vidas por nosotros.
– Comprendo -repuso ella con frialdad-. Pero es indudable que, teniendo en cuenta las circunstancias, hubiera bastado con pagar, digamos, la mitad de lo que pago usted por los entierros.
– Me parece que no lo ha comprendido usted -empezo a decir el.
– No, me parece que no, senor Furness. Usted mismo ha dicho que esa gente ahorra durante anos para costearse el entierro. ?Y los sherpas que fallecieron? ?Es que no tenian nada ahorrado? Intento simplemente averiguar que ocurrio con sus ahorros.
Era una buena pregunta, pero aun asi Jack sintio nauseas. Imagino por un momento que el trozo de Exer-Flex era la traquea de la senorita Harman y lo apreto con furia.
