Despues de su viaje a Washington, habia esperado este momento ansiosamente, y no le costo mucho trabajo encontrar su ritmo.
Su habilidad de escalador no podia verse afectada por la caida sufrida en el Machhapuchhare. No habia razon alguna para creer que ya no era la misma lagartija que habia escalado El Cap en un tiempo record. Pero a medida que iba ascendiendo el primer tramo, iba creciendo en el la sensacion de que aquel ascenso no iba a ser una simple escalada; algo le decia que aquello iba a ser un ejercicio cuyo fin era el conocimiento de si mismo. Tendria que bucear en su interior y bajar hasta profundidades nunca sondadas. Hasta aquel momento escalar habia sido para el una pura diversion; ahora, en cambio, llevaba a sus espaldas un lastre nuevo que le pesaba lo mismo que una bolsa de herramientas. La caida. La muerte de Didier. Sus propios pensamientos, sus propias emociones, la breve insinuacion de una duda, la leve insinuacion de un temor, todo esto le fascinaba, le atemorizaba, le intimidaba con una intensidad jamas experimentada hasta aquel momento. Y todo apuntaba a la gran pregunta que su Torquemada interior le formulaba: ?escalaba El Cap con el abandono y con la absoluta confianza en si mismo con los que habia emprendido las cuatro ascensiones previas?
Durante dos horas escalo con la eficacia de siempre; sus movimientos eran rapidos, se desplazaba con la agilidad acostumbrada por la pared rocosa cortada a pico, compacta y gris, bajo las primeras luces del dia, gozando del silencio y de la conciencia de su propia insignificancia. De vez en cuando, el peso de su cuerpo entero pendia de solo tres dedos, o levantaba una pierna hasta la altura del hombro para encontrar un punto donde apoyar el pie. Esto no tenia nada de divertido, pues requeria mucho, muchisimo esfuerzo. Era duro. No habia terminado de escalar el primer tramo y las puntas de los dedos le dolian ya como si hubiera lijado con ellas un suelo de madera.
Se habia visto escalar infinidad de veces en video y siempre le habia sorprendido lo mucho que se parecia a un escorpion o a una lagartija reptando por un muro. Parecia todo menos un ser humano. A Swift tal vez le complaciera creer que era el mono que llevaba dentro el que le empujaba a escalar, pero a el ya le hubiese gustado ver a un chimpance con la paciencia necesaria para efectuar una ascension, en solitario y sin ningun medio artificial, de una pared como la Salame. Era como correr una maraton. Cientos de movimientos a lo largo de cientos de metros. Si, era como correr una maraton en un dia, solo que mucho mas peligroso.
La pared Salathe no tenia nada de especial aparte de su dificultad. Era lisa y llanamente dificil. La primera vez que la escalo, con la suerte de la inconsciente juventud, tenia veinte anos. No era, desde luego, ninguna escalada que pudiera ser calificada de estetica. Y las vistas tampoco eran particularmente bellas. A sus espaldas, abajo, no habia nada digno de ser contemplado. Solo aire enrarecido que lo arrastraba con la fuerza incesante de la gravedad. Como el famoso experimento de Galileo, la ley de la aceleracion uniforme de los cuerpos al caer. Y ante el solo roca, roca y mas roca, monotona, implacable, siempre alli, ante sus ojos.
El viento le alborotaba el pelo, pues Jack nunca llevaba casco. Si se desprende algun objeto y te da en la cabeza, ya puedes llevar casco que de nada te sirve. En una ocasion, en que emprendio otra ruta de El Cap llamada pared del Alba, efectuo un movimiento con la cuerda que causo el desprendimiento de un fragmento de roca del que se salvo por los pelos. Era un fragmento del tamano de un radiador. En otra ocasion, la cuerda a la que estaba atada la bolsa en la que transportaba el material se rompio, y la bolsa, cargada de clavos, mosquetones, fisureros y mazas, cayo rozando casi su oreja. Esta era otra de las razones por las cuales preferia la escalada libre. Lo mas extrano que le habia sucedido fue cuando escalaba la fachada del edificio Transamerica de San Francisco para un anuncio publicitario de television: uno de los camaras rompio accidentalmente una ventana y a escasos centimetros de su cabeza cayo una espada de cristal de dos metros. Ningun casco le hubiera podido proteger de semejante impacto.
La roca estaba ya mas caliente.
Quiza fue solo el aburrimiento, despues de tanto rato de no ver otra cosa que la pared de roca, pero cuando estaba a una altura de ciento cincuenta metros, hizo algo que no habia hecho jamas en un solo integral.
Algo que no se hace nunca.
Miro abajo.
De pronto, la cabeza le empezo a funcionar aceleradamente. La memoria le arrojo, como si fuera una piedra que cayera sobre el, el recuerdo exacto de lo que habia sentido al caer de la pared norte del Machhapuchhare. Esta vez no habia ni siquiera una cuerda que pudiera romperse. Y ciertamente tampoco habia ninguna fisura llena de nieve que pudiera amortiguarle la caida.
A Jack le dio un vuelco el corazon y por un momento solo pudo pensar en una cosa: se vio a si mismo y a Swift haciendo el amor en la cama; ella estaba ausente, pensando en el fosil, y el entraba y salia de su cuerpo como un loco.
Y en aquel momento la memoria triunfo, como si hubiera sacado el as que tenia escondido.
Recordo que no hacia diecinueve anos que su hermano se habia matado. Hacia veinte. Veinte anos. Intento quitarselo de la cabeza, pero antes de lograrlo sintio que sus entranas se desintegraban en su interior, como si estuviera a punto de padecer un colico.
Se habia matado en aquel valle en el que ahora estaba el. Y hacia veinte anos de aquello; veinte anos, aquel mismo mes. Era solo una coincidencia, pero el coraje resbala al pisar minusculas coincidencias como aquella y cae al suelo, indefenso y sin aliento. Cuando Jack consiguio ayudarlo a levantarse, sosteniendolo hasta que recupero la respiracion, empezo a dudar de que pudiera llegar a la cima.
Vio su mano, cubierta de talco, con los dedos despellejados y sangrantes. Debajo de si empotro un friend cilindrico en una grieta y aseguro el arnes de cintura anudandolo a la cuerda del friend.
– Descansa. Dentro de nada estaras mejor.
Jack, que se quedo clavado en la roca como el pino Ponderosa que crecia en lo alto de la pared, meneo la cabeza, paralizado de terror.
– ?Que demonios hago yo aqui? -se pregunto apoyando la cabeza en la roca-. No puedo hacerlo. Mierda, esto es una locura.
Permanecio sentado en el arnes, contemplando el paisaje, esperando a que las piernas y el estomago recobraran la calma antes de seguir escalando. Cerro los ojos e hizo un esfuerzo por convencerse de que habia salido ileso en ocasiones anteriores. El rey de las paredes escarpadas no iba a abdicar tan facilmente. La idea de que tuvieran que rescatarlo los rangers no se le habia pasado por la cabeza nunca. Pero es que no era algo que dependiera de el. Era muy improbable que los rangers estuvieran buscando a escaladores accidentados en aquella epoca del ano.
Podia seguir escalando. O podia descender. O podia saltar. Fin.
– Venga, anda, eres un cagado -grito-. Muevete.
Pasaron los minutos pero el seguia inmovil. Jack empezo a pensar que por primera vez en su vida tenia ante el una pared muy distinta de las demas. Era quiza el muro mas alto de todos: el mismo.
SEIS
Toda belleza proviene de una sangre bella y un cerebro bello.
Walt Whitman
El Centro Medico de la Universidad de California ocupaba un kilometro cuadrado en la ladera cubierta de tupidos arboles del monte Sutro, a medio camino entre las tejas rojas del distrito Haight-Ashbury de San Francisco y el Golden Gate Park. Es un barrio agradable y Swift rara vez iba al Centro Medico sin pasar por algunas de las librerias de Haight, famosas por su radicalismo. Pero en esta ocasion fue directamente al Departamento de Radiologia del hospital, donde habia quedado con una vieja amiga.
Joanna Giardino era una beldad americana de procedencia italiana y estatura menuda, abundante pelo negro y mirada provocativa que tenia a todos los hombres subyugados como si fueran estupidos animales domesticos. Swift la conocio en una epoca en que las dos eran miembros del equipo femenino de esqui y rivales en la lucha por conquistar el amor de cierto joven del equipo masculino que estaba como un tren y que moriria al cabo de poco tiempo en un accidente de moto. Desde entonces, las dos chicas se hicieron amigas y de vez en cuando se
