veian en el Edinburgh Castle, un pub ingles que estaba en la calle Geary y que era el que escogia Swift, o bien en Capp's Corner, un restaurante italiano situado en North Beach que solia escoger Joanna.

Ademas de ser una buena amiga, Joanna era tambien una de las neurologas dedicadas a la investigacion mas prometedoras de la UCSF; tenia varios articulos publicados, uno de los cuales habia escrito junto con Swift y trataba sobre la frontera paleoneurologica que separa a los hominidos de los humanoides.

Las dos se abrazaron efusivamente bajo la mirada de un hindu de fisico muy atractivo que llevaba bata blanca y una corbata estampada con una seleccion de personajes de un comic DC.

– Te presento a Manareet -le dijo Joanna.

El colega hindu de su amiga la saludo con una breve reverencia.

– Es el neurorradiologo principal del departamento. Si el craneo presenta alguna anormalidad, Manareet la vera. Manareet, te presento a Swift. No es que no tenga un nombre de pila, es solo que el que tiene no le gusta demasiado.

– Encantado de conocerte -dijo Manareet muy educadamente mientras estrechaba la mano que Swift le tendia.

Su pronunciacion era tan clara y sus maneras tan impecables que Swift penso que debia de haber estudiado en Inglaterra. En Oxford conocio a varios hindues como el, y la mayoria eran viejos estudiantes de Eton que hablaban con un acento que era puro cristal tallado, que procedian de familias fabulosamente ricas y que habian tenido mejor crianza que la familia real britanica.

– Swift me parece un nombre refinado, muy sutil -comento Manareet-. Como un pajaro, o un pensamiento, o un pequeno planeta.

Swift, a quien los cumplidos le hacian sentirse azorada, se mordio el labio inferior al tiempo que hacia un esfuerzo por dejar de contraer la cara en una mueca boba que amenazaba con permanecer en ella eternamente.

– No le hagas caso -le advirtio Joanna-. Lo que mas le gusta en el mundo es halagar.

– ?Eres inglesa? -le pregunto a Swift.

– Australiana -confeso ella-. Pero estudie en Inglaterra.

– Yo tambien. Primero en Winchester y despues en Standford -explico.

Manareet echo una ojeada al reloj y, dirigiendo la mirada a la caja que llevaba Swift, asintio con la cabeza.

– ?Es ahi donde transportas a nuestro paciente?

Swift coloco la caja que contenia el craneo original sobre la mesa de trabajo de Joanna y tamborileo ligeramente en la tapa con los dedos.

– Aqui esta -anuncio.

– Despues de haber leido tu carta, no puedo esperar ni un minuto para verlo -reconocio Joanna.

Joanna ya habia firmado el contrato de confidencialidad, pero Swift habia decidido que no era necesario pedirle a Manareet que lo hiciera. Trabajaban en campos distintos y Manareet, ademas, tenia la amabilidad de acceder a dedicarle parte de su tiempo y de ofrecerle de forma gratuita el escaner con el que se practican las tomografias axiales computerizadas.

– Bien, pues vamos a empezar. La maquina esta lista. ?Sois tan amables de venir por aqui?

Manareet las condujo a una habitacion enorme que habia al final del pasillo en la que estaba instalado el aparato, enorme y negro, con el que se efectuaban las TAC.

– Hace unos cinco o seis anos -explico-, este aparato, el Picher 1200, era el no va mas. Pero en la actualidad casi no lo usamos. Practicamente a todos los pacientes que exploramos los sometemos a la misma tecnica de diagnostico: la resonancia magnetica.

A pesar de haber quedado anticuado, el aparato de tomografias axiales computerizadas impresiono mucho a Swift. Brunido, negro y dotado de un dispositivo que tenia la forma de un salvavidas de dos metros de altura, el Picher 1200 le recordo un equipo de musica de esos que valen una fortuna y que le invitan a uno a tumbarse en su interior para deleitarse con su sonido.

Manareet saco el craneo de la caja, hizo un comentario sobre su tamano y lo deposito encima de la parte de cuero acolchada que corresponde a la almohada, en donde los pacientes apoyan la cabeza en la cama que se extiende en el interior del salvavidas donde se hallan el emisor de rayos X y los detectores. En la tomografia axial computerizada o TAC, un rayo laser gira alrededor de la cabeza del paciente; a su vez, aquel esta rodeado por varios cientos de detectores de fotones de rayos X circularmente dispuestos que miden la fuerza de los fotones que penetran en el desde una infinidad de angulos distintos. Un ordenador analiza, integra y reconstruye la informacion facilitada por la radiacion, lo que permite obtener la imagen completa de varias secciones transversales de la region corporal explorada, que puede verse en un monitor de television. En cuanto obtuvieron una imagen del interior del craneo, estuvieron en condiciones de construir una imagen del cerebro que habia ocupado en el pasado dicha cavidad.

Manareet ajusto los mandos de control y un tecnico puso en funcionamiento el laser antes de reunirse con Swift y los dos neurologos detras de una pantalla protectora de plomo.

Unos segundos despues, un finisimo rayo laser que parecia un hilito rojo de caramelo empezo a radiar con intermitencias el craneo.

– Muy bien -dijo Joanna en el tono de voz de alguien que esta trabajando concienzudamente y busca por encima de todo la eficacia-. Que el ordenador nos de ahora una imagen digital del cerebro que ocupo el interior del craneo.

– Ningun inconveniente.

Manareet se sento frente al ordenador y tecleo una serie de ordenes.

– ?Quieres una imagen en tres dimensiones o en realidad virtual?

– En realidad virtual -contesto Joanna-. Quiero una imagen de esta cabeza que parezca salida de una pelicula de Spielberg. Y una copia en tres dimensiones impresa.

– ?Piensas pedir que te hagan una morfizacion del craneo mas adelante?

– Si.

La morfizacion se efectuaba en el laboratorio de visualizacion biomedica de la universidad; se reconstruian caras, y a veces cuerpos enteros, a partir de un craneo y de un esqueleto humanos empleando para ello programas informaticos de distorsiones algoritmicas y de disolucion que fueron concebidos inicialmente para ser utilizados por los estudios de Hollywood con el fin de rodar peliculas como Terminator II. Swift esperaba que pudieran obtener una imagen de una criatura viva de su especimen.

– Entonces, te dare tambien los datos estereolitograficos -dijo Manareet-. Asi les ahorraremos trabajo.

– Muchisimas gracias -contesto Swift-. Si no es ninguna molestia, te lo agradecere mucho.

– No es en absoluto ninguna molestia.

En una estereolitografia, un laser guiado por un ordenador solidificaria capas de resina que adoptarian la forma de las secciones transversales del craneo. Despues, los analistas informaticos del laboratorio de visualizacion biomedica de la universidad podrian utilizar una replica solida con el objeto de reconstruir la cara del craneo. El yeso blanco y el Bedacryl habian sido casi enteramente sustituidos por los ordenadores, que eran las herramientas utilizadas con preferencia a la hora de reconstruir y copiar fosiles.

– Tardara un poco -comento Manareet, que se recosto en el asiento y cogio una lata de Pepsi que habia sobre la mesa.

La pantalla del ordenador se quedo un momento negra y Manareet se inclino otra vez hacia adelante.

Al cabo de unos minutos, el ordenador mostraba con precision los contornos y las dimensiones del interior del craneo; tenian ante sus ojos una copia en color, de alta resolucion y en realidad virtual, que el Picher 1200 habia enviado a la pantalla Trinitron de cincuenta centimetros.

– Bien -dijo Manareet-. ?Que os parece si nos adentramos en la gruta?

Deslizo el raton hacia adelante, entro en el interior del craneo por una de las cuencas de los ojos y lo inspecciono como si fuera un agente inmobiliario en el momento de ensenar a un posible comprador el interior de una casa vacia.

– No esta nada mal -comento Joanna-. Pero me gustaria ver el cerebro que le corresponderia a este craneo.

– Eso no plantea ninguna dificultad -respondio Manareet, que pulso la tecla Intro y sustituyo la imagen en realidad virtual del craneo por una del cerebro.

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