– ?O es que los sherpas que usted contrato no eran personas prudentes?

– Si a la sociedad le importara la prudencia, senorita Harman -repuso Jack-, dudo mucho que se hubiera molestado en patrocinar la expedicion.

– Amen -salmodio Schaffer.

Pero Jack no habia hecho mas que empezar. Tiro el pedazo de Exer-Flex en la mesa de caoba con la esperanza de que la superficie, impecablemente brunida, se ensuciara.

– La muerte acarrea un gasto considerable en el Himalaya, senorita Harman -explico-. La gente muere en los lugares mas impensables. ?Por que no contempla estos gastos con otros ojos? No hallamos el cuerpo sin vida de Didier Lauren, de modo que su compania se ahorro el tener que alquilar un helicoptero que lo trasladara hasta Katmandu y pagar un ataud especial que cumpliese la normativa internacional que rige el transporte aereo, por no hablar de los gastos de la repatriacion a Canada.

– Me parece, Jack -intervino Schaffer-, que ha quedado todo muy claro. Nadie te discute las cuentas. La senorita Harman solo queria saber a que respondian exactamente. ?No es asi, senorita Harman?

La representante de la casa de seguros esbozo una debil sonrisa.

– Si.

Iba a anadir algo, pero Schaffer la atajo.

– Vamos a dejarlo ya -dijo con firmeza, y luego cogio el Exer-Flex y se lo quedo mirando con curiosidad.

– ?Que demonios es esto? -le pregunto a Jack.

– Desarrolla la flexibilidad de la muneca y de los dedos, fortalece los antebrazos y mejora el agarre de las manos. -Jack se encogio de hombros-. Infinidad de cosas.

– ?Quiere esto decir que piensas volver alli y acabar lo que empezaste? ?Vas a escalar todos los picos del Himalaya de mayor altitud sin oxigeno? ?No dijiste que lo primero que querias hacer ahora era subir a la Torre de Trango?

– Por supuesto -contesto sin mucho entusiasmo, enfadado aun por el cariz que habia tomado la conversacion, aunque mas que nada consigo mismo-. Siempre acabo lo que empiezo.

Pero incluso en el momento en que pronunciaba estas palabras, Jack era consciente de que antes de poder regresar al Himalaya, tendria que demostrarse a si mismo que seguia siendo lo bastante valiente como para escalar paredes escarpadas de gran altura. Puesto que nunca habia sufrido una caida hasta aquel dia, ciertamente eran muy pocos los escaladores que sobrevivian a una caida, no sabia todavia si el alud se habia limitado a dejarlo sin su companero de escalada o tambien sin alguna otra cosa. Tenia que averiguar si seria capaz de dejar de pensar en la gravedad y volver a escalar con el brio y el desprecio por el peligro que le habia caracterizado hasta entonces.

El valle Yosemite era el hogar espiritual de Jack Furness. Era alli, en las alturas de la vertiente oeste de la Sierra Nevada de California, en un abismo de granito que media once kilometros de largo, un kilometro y medio de ancho y setenta y cinco metros de profundidad, donde Jack habia perfeccionado su tecnica de escalada libre. Con sus paredes cortadas a pico, el valle es el centro donde practican los escaladores de paredes escarpadas de roca de Estados Unidos y el lugar donde se salta a la fama o se cae en el olvido. En los veinticinco anos que Jack llevaba yendo al valle, se habian matado seis de sus amigos.

Seis amigos y uno de sus hermanos mayores.

En teoria, el descenso en rapel, o lo que en Europa se llama abseiling, es una de las partes de la escalada mas seguras y excitantes. Tiene la emocion de ir bajando dando saltos por una pared vertical, trazando amplias y elegantes curvas en el espacio, de descender con la aceleracion de una caida libre y de parar luego con la suavidad y seguridad que permite el mosqueton.

Su hermano Gary estaba emprendiendo el descenso en rapel del Obelisco de Washington, de seiscientos metros de altura, cuando el anillo por el que pasa la cuerda y que se ata directamente al punto de anclaje, sobrecargado por los multiples tirones, se rompio justo cuando le faltaba mas o menos un metro para llegar a la llamada cornisa de la Comida, una plataforma que no llama la atencion para nada y que se halla a trescientos metros de tierra. Hacia diecinueve anos que Gary se habia matado, pero no pasaba una semana sin que Jack pensara en el. Cuando escalaba, lo tenia en la mente casi continuamente.

En la actualidad, los escaladores consideran el Obelisco de Washington un lugar ideal donde entrenarse para poder escalar, despues, las paredes cortadas a plomo de Yosemite, entre las cuales ninguna es mas grande y vertiginosa, y ninguna mas imponente, que la famosa El Capitan.

Un dia, a media tarde, salio de Danville y tras seis horas de viaje se inscribio en el hotel Ahwanhee justo antes de las diez. Desde el hotel Yosemite, El Capitan le hubiera pillado mas cerca, pero el Ahwanhee era mejor, aunque tambien mas caro. Alli pidio una comida abundante en proteinas y en cuanto hubo terminado de cenar se acosto en seguida. A la manana siguiente, a las cinco de la madrugada ya estaba en pie.

Diciembre, con su frio y sus dias cortos, no es la mejor epoca del ano para escalar El Cap. En contrapartida, son dias en los que apenas hay turistas en el valle, y Jack, que habia efectuado varias escaladas en Yosemite en invierno, dio casi por seguro que tendria la roca para el solo. Ademas, el dia habia amanecido tan limpido y soleado como habian pronosticado los meteorologos y, alli arriba, en lo alto de la pared, un calor excesivo hubiera sido igual de peligroso que un frio excesivo. En verano la roca puede llegar a calentarse como una sarten. Aquel dia parecia idoneo para escalar.

Antes de llegar a El Cap, Jack encontro una roca dura en la que estuvo haciendo unos completos ejercicios de calentamiento. Habia infinidad de recorridos perfectamente trazados para ascender a El Cap, pero nunca se sabia si uno se veria obligado a adoptar posiciones dificiles enganchando las punteras lateralmente, o a efectuar algo todavia mas extrano. Merecia la pena estar en buena forma fisica para superar lo que pudiera presentarse.

Cada ano que pasaba le costaba mas trabajo efectuar los ejercicios de calentamiento. Cuando tenia entre veinte y treinta anos, su cuerpo era tan flexible que parecia casi que tuviera articulaciones dobles. Ahora confiaba mas en la fuerza del torso que en la agilidad de la totalidad de su cuerpo. Tal vez Swift habia dicho una gran verdad. Tal vez a los cuarenta anos se era ya demasiado mayor para escalar.

Mientras se aproximaba a la pared, se ataba los dedos con cinta adhesiva con el objeto de mejorar el soporte rigido de los tendones, pues traccionar con los dedos muy arqueados puede provocar lesiones. En la escalada libre, la parte del cuerpo que mas se resiente es la punta de los dedos; son la pesadilla de todo manicuro. Jack, en varias escaladas anteriores, se habia quedado sin cuticulas y las puntas de los dedos le sangraban dolorosamente.

Al pie de la lisa pared de granito marron y blanco de El Cap era facil subestimar su altitud. Al mirar hacia arriba, a lo alto de la pared de noventa grados, uno podia pensar erroneamente que el unico pino solitario que se veia en la roca no era mas grande que un arbol de Navidad y que la roca no media mas de ciento cincuenta o ciento ochenta metros de altura. Pero el arbol, un pino Ponderosa, media veinticuatro metros y la cima de El Cap se hallaba a una altitud de vertigo: novecientos metros por encima del lecho del valle, en angulo recto.

El Capitan, que nadie habia escalado antes de mediados de la decada de los anos cincuenta, y la ruta de la pared Salathe escogida por Jack, y que segun el sistema decimal empleado para valorar la dificultad de la escalada de las paredes de Yosemite es de 5,13, parecia menos un desafio para el deportista que una proeza circense. Jack, sin mas ayuda que unos lisureros de expansion por levas que se insertan en las grietas denominados friends, unas zapatillas de escalada de goma antideslizante que proporcionan una excelente adherencia y que reciben el nombre de pies de gato, y los puntos de agarre naturales que permiten avanzar hacia arriba, habia emprendido la ascension de la pared rocosa en solitario y sin cuerda de una via, sin estribos y sin mosquetones, una escalada llamada solo integral, en una fecha no muy lejana: en 1994.

El alba era fria y la luz cada vez mas intensa. Se paso talco por las manos y reviso los friends, los usureros curvos, los excentricos con cable de acero y la bolsa del talco, que colgaba de la bandolera del arnes de cintura. Los unicos mosquetones que llevaba eran los que emplearia para atarlos al arnes cuando necesitara descansar.

Estiro bien el brazo y dio con un punto de agarre para la mano; y, apoyandose en el y dandose un empujon con un solo brazo, se levanto un metro. Igual que un simio. Cuando, pasadas unas dos horas, el sol invernal hubiera calentado la roca, le seria mas facil agarrarse con las botas de escalada Boreal que llevaba (a Jack no le gustaban mucho los pies de gato que su patrocinador, White Fang, le pagaba para que calzara). La primera parte de la escalada, trepar por la roca fria y a veces helada, seria la mas dificil y peligrosa. Le faltaban novecientos once metros por subir.

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