A Swift la imagen le parecio tan real que tuvo la sensacion de que iba a poder coger el cerebro del monitor y depositarlo en un tanque de formaldehido, como Frankenstein cuando efectuaba los preparativos para devolverle la vida al cadaver.
– Que maravilla -exclamo Swift-. Se pueden ver casi todos los lobulos.
– Nada de casi -dijo Manareet mientras movia el raton para darle la vuelta a la imagen y hacia clic con el objeto de ampliar una parte concreta, y luego hacia clic otra vez para ampliarla todavia mas.
– Se pueden ver todos y cada uno de los lobulos.
Como si quisiera demostrarlo, coloco el puntero sobre la zona que cubrian los huesos occipitales y dio la orden con el raton varias veces hasta que aparecio en pantalla una imagen clarisima del cortex.
– ?Que me decis de esto? -pregunto lleno de orgullo.
– Es fantastico -contesto Joanna.
Manareet pulso el raton una vez mas y al cabo de unos segundos le entrego a Swift un disco compacto que contenia todas las imagenes y la informacion digital que la TAC habia grabado en el ordenador.
– Un regalo.
– Gracias, Manareet -dijo ella abanicandose con el estuche del disco compacto.
– Por favor.
– Vamos a mi despacho a ver el disco compacto -intervino Joanna-. Utilizaremos el programa de analisis de contornos neurologicos.
Swift recogio el craneo de la camilla del escaner y lo metio en la caja. Al salir de la sala miro a Manareet y le dedico una sonrisa llena de afecto.
– Encantada de haberte conocido.
– El gusto ha sido mio. Espero que algun dia me dejes invitarte a comer. Guisare yo.
– No te lo pierdas -intervino Joanna-. Manareet es famoso en este hospital por los platos a base de bario que prepara. El lo llama curry. Te digo una cosa, una vez probe uno que estaba tan picante que si me hubieran hecho una fotografia del estomago habrian salido los contornos perfectamente dibujados.
Swift solto una carcajada y siguio sonriendo a Manareet.
– No le hagas ningun caso -comento-. A mi me encantaria probar un buen guiso a base de curry.
Joanna introdujo el disco compacto en la bandeja del ordenador, escogio una de las opciones de la lista que aparecio en pantalla y espero a que los datos de realidad virtual seleccionados se cargaran.
– Es encantador, ?verdad? -pregunto.
– Es simpatico.
– Lo debe de estar pasando mal ahora -agrego Joanna- con todo lo que esta sucediendo en el Punjab. Manareet es sikh y tiene familia alli. Aunque si esta preocupado, la verdad es que no lo demuestra.
Swift meneo la cabeza muy seria.
– ?Cree que va a estallar una guerra? -pregunto.
– No habla de ello para nada. Y yo tampoco. Pero lo que dije del curry lo dije muy en serio -dijo Joanna mas animada-. Me parecio magma fundido.
– Cuando estudiaba en la universidad en Inglaterra solia comer toda clase de currys -reconocio Swift-. Algunos eran de lo mas picante.
– Tal vez sea por eso por lo que los ingleses sois tan inhibidos. Tantos anos de imperio en la India os dejaron con el culo estrecho. Con la cantidad de curry picante que llegasteis a comer se os puso cara de estrenimiento.
Swift no trato de desmentir a su colega, que daba por supuesto que ella era inglesa y no australiana. La vida era demasiado breve para perder el tiempo aclarando una y otra vez que habia nacido en Australia. Y con el tiempo que hacia que no ponia los pies en su tierra natal, ademas.
La pantalla del ordenador de Joanna parpadeo y al cabo de un momento reaparecio la imagen en realidad virtual: el cerebro rosa sobre un fondo azul brillante flotaba dentro del monitor como una extrana criatura que habitara el fondo de los mares.
A primera vista, el cerebro no parecia muy distinto del de un ser humano. Estaba dividido verticalmente desde la parte anterior hasta la parte posterior en dos hemisferios, el derecho y el izquierdo, que a su vez estaban divididos en cuatro lobulos, cada uno de los cuales era el responsable de una serie de funciones distintas. Swift penso que aquel cerebro virtual parecia el cerebro prototipico de un hominido.
– Bien -dijo Joanna-. Vamos a ver si podemos calcular el tamano. -Pulso un par de teclas y leyo en voz alta el resultado-. Mil milimetros. Un tamano que, en el caso de los humanos, estaria en el limite, por lo pequeno.
– Pero es mas del doble de grande que el de un gorila.
– Supongo que si relacionas este dato con la denticion podras establecer unas cuantas variables biograficas, ?verdad?
– Ya he hablado con una antropologa dental -le aclaro Swift-. Es una especialista en dientes de fosiles de hominidos.
– ?Te firmo tambien el papelito ese de la confidencialidad?
– Claro. Ella cree que le estaban saliendo los molares terceros cuando murio.
– Sigo sin entender tu paranoia.
– No estoy paranoica, soy precavida, solo eso. Y ahora, dime, si establecemos la hipotesis de que, por su trayectoria de crecimiento, ocupa un lugar entre el hombre y el gorila, eso significaria que el ser al que pertenecio este craneo tenia unos quince anos cuando murio. Asi pues, el primer molar le salio a los cuatro anos o a los cuatro anos y medio, y probablemente la duracion maxima de vida era de unos cincuenta anos.
Swift dio unos golpecitos en la imagen virtual que aparecia en la pantalla con una de las pocas unas que no se habia mordido del todo de pura excitacion desde que Jack le habia regalado el craneo.
– En este cerebro, Joanna, ?crees que puede hablarse de predominio del hemisferio izquierdo?
– En parte -concedio la colega de Swift-. Pero no de forma tan acusada como en los humanos.
Mantuvo pulsado el boton del raton e hizo girar el cerebro para poder verlo desde el lado opuesto.
– Vamos a ver. El lobulo occipital es mas grande que el del hombre -agrego-. Los lobulos temporales y parietales, en cambio, son mas pequenos.
– Este es tambien un rasgo tipico de los simios -afirmo Swift.
Joanna movio el raton y amplio los lobulos frontales del cerebro virtual.
– Esto es muy interesante. Estos grandes bulbos olfativos podrian ser un indicio de que el especimen poseia el sentido del olfato extraordinariamente desarrollado.
– Eso es algo que ignorabamos.
Joanna escudrino la parte inferior del cerebro.
– Eso si podria tener una importancia capital. La posicion de este agujero magno no es propia de los simios -murmuro cada vez mas absorta en el analisis.
El agujero magno es el punto que pone en comunicacion la cavidad craneal con la medular.
– Si, tienes razon -dijo Swift-. Un gorila no tendria el agujero occipital tan adelantado.
– Eso significa que tenia la cabeza mucho mas erguida sobre los hombros.
– Es un indicio de que esta criatura andaba en posicion erecta y no apoyandose en los nudillos como un mono.
– Exacto. Empiezo a comprender por que este tema te tenia tan entusiasmada, Swift.
Joanna hizo girar la imagen del cerebro con el objeto de ver el lado izquierdo con mas detalle.
– Oh, espera un momento.
Sus ojos acostumbrados a esas imagenes habian visto algo. Hizo clic con el raton y amplio un area del cerebro que a primera vista no parecia que pudiera revelar gran cosa. Deslizo el raton hacia adelante y la imagen ampliada avanzo hacia el ojo del espectador.
Joanna senalo una pequena protuberancia que habia justo encima de un pliegue de la arquitectura cerebral que Swift reconocio en seguida; se trataba de la cisura de Silvio.
– Me parece que esto es un area de Broca pequena pero perfectamente identificable -sentencio Joanna.
Los neurologos sostienen comunmente que la habilidad linguistica humana esta relacionada con el area de Broca, aunque sea imposible afirmar con certeza si la facultad del habla esta localizada en esta protuberancia insignificante o bien debajo de ella.
