Swift escudrino atentamente la pantalla mientras Joanna intentaba ampliar al maximo aquel posible centro del lenguaje en la organizacion del cerebro de aquel hominido desconocido.

– Estoy de acuerdo, aqui puede haber un detalle de absoluta importancia -convino con cautela.

Joanna altero el angulo de ampliacion de manera que aparecio en pantalla un contorno del lobulo que se veia con toda claridad.

– Si, miralo. Aqui esta -dijo.

– Esto no significa, desde luego, que este hominido hablara -afirmo Swift-, pero tal vez esta criatura poseia una notable habilidad para producir sonidos vocalicos. Tal vez poseia unas dotes de imitacion muy perfeccionadas.

– Anda, Swift -la corto Joanna-. ?A que viene esta subita cautela? Nadie ha hallado jamas un area de Broca en ningun cerebro fosilizado.

Swift asintio.

– Pero no tenemos otra cosa mas que rasgos superficiales. No podemos afirmar con certeza donde se hallan escondidas las habilidades linguisticas basicas en la organizacion cerebral de los hominidos.

Joanna se volvio con cara de fatiga.

– En neurologia no se puede afirmar nada con certeza, ni siquiera de los humanos. Cuanto mas se, menos se. Anda, Swift, reconocelo, tal vez hemos descubierto algo trascendental: vestigios de una habilidad linguistica que indicarian los albores de la evolucion humana. ?No te parece que seria un descubrimiento absolutamente extraordinario?

Swift sonreia, pero al mismo tiempo era muy consciente de que no podia elaborar ninguna teoria sobre el puesto que debio de ocupar aquel especimen en la historia de la evolucion hasta que Stewart Ray Sacher le diera los resultados de las pruebas geocronologicas que iba a llevar a cabo. Apenas se atrevia a pensar en llevar hasta sus ultimas consecuencias lo que los indicios que acababa de descubrir parecian apuntar. Y antes de construir la teoria que ya estaba tomando cuerpo y que empezaba a obsesionarla como un espectro silencioso, tendria que ser capaz de afirmar, desde el mas puro escepticismo pero sin sombra de duda, la realidad de unos hechos.

Cuando Swift queria desterrar de su cabeza algo que la inquietaba, se sentaba al piano de cola y, con una dificultad considerable, ponia todo su empeno en interpretar una de las piezas del Clave bien temperado de Bach, que habia aprendido a tocar ella sola. El primer preludio en do mayor con sus arpegios era el que mas le gustaba; lo tocaba bien hasta que aparecia una fuga, que parecia retomar el tema principal con una voz distinta, mas segura. Se pregunto si llegaria un momento en su trabajo en que la incertidumbre dejaria paso a una resolucion como aquella que se expresaba en aquel preludio. En cuanto la analogia hubo tomado cuerpo en su mente, la fuga se desvanecio bajo sus dedos como se desvanecen los copos de nieve cuando los tocan unos dedos humanos.

Se levanto del taburete, cogio una cajetilla de Malrboro Light, encendio un pitillo con mucha calma y lo sostuvo como si fuera un globo deshinchado entre sus labios, que estaban despellejados despues de tanto morderselos. Arrojo la cerilla a una papelera que habia debajo del piano sin advertir que no habia encestado y que habia caido sobre el parquet encerado.

Swift salio afuera a fumar. El cielo de Berkeley estaba, hecho insolito, tan negro que no le cupo mas remedio que pensar en su propia insignificancia. Las estrellas, que parecian fijas, eran en realidad luz en movimiento que viajaba desde un punto del pasado en el que los primeros hombres se desplazaban sobre la tierra. O tal vez de un tiempo mas remoto aun. Swift sintio un escalofrio, porque pensar que en aquel orden de cosas su persona era absolutamente irrelevante era en efecto estremecedor. Todas aquellas generaciones de antepasados, de precursores que la habian precedido y que habian permanecido en el olvido tanto tiempo, eran reconocibles a duras penas. Al alzar la vista y contemplar la terrible grandeza del techo de aquella inmensa basilica, deseo casi que la Iglesia catolica hubiera tenido mas exito en su intento de aplastar la gran revolucion astronomica y que hubiera quemado a Copernico, a Galileo y a Kepler junto con Tycho Brache.

Sono el telefono. Tiro el cigarrillo al suelo, lo apago con el pie y entro. Le basto percibir la agitacion y el entusiasmo en la voz ronca de Stewart Ray Sacher para que le diera un vuelco el corazon. Aun antes de que el le comunicara los resultados de las pruebas geocronologicas, Swift supo que su vida ya nunca volveria a ser igual.

Warren Fitzgerald, director del Laboratorio de Estudios Evolutivos Humanos y decano de la Facultad de Paleoantropologia de Berkeley, se froto con aire pensativo la barbilla mal afeitada. Una sonrisa encendia y apagaba sin cesar el rostro de rasgos correctos, pelo blanco y gafas de montura metalica del anciano profesor, que a Swift le parecia de una sabiduria casi beatifica. Fitzgerald, una de las autoridades mas eminentes del campo de la evolucion humana, era famoso entre el publico no especializado por haber sido el invitado de la serie cientifica «Changes» del PBS, que habia recibido varios premios. Oriundo de Boston, Fitzgerald hablaba con tal abundancia de vocales que a Swift le recordaba siempre a John F. Kennedy.

– Bueno, si tu y Sacher teneis razon, Stella, aunque sea a medias, creo sin lugar a dudas que este hallazgo vendria a cambiar radicalmente nuestra concepcion, en terminos temporales, de la evolucion de los hominidos. Como minimo, el Ramapithecus volveria a cobrar importancia en la investigacion sobre el origen del hombre. Pero comprendo, desde luego, tu cautela, dada la proximidad de nuestros amigos del IHO.

Volver a establecer la posicion filetica del Ramapithecus causara estragos entre los bioquimicos y su investigacion en el campo de la filogenia molecular. No van a ahorrar esfuerzos para desacreditarte en cuanto des a conocer los resultados de tu investigacion. Han tenido que soportar durante anos la acusacion de que la bioquimica no tenia sentido porque se apartaba de lo que apuntaban los fosiles. Y ahora tu vas y dices que los fosiles siempre han tenido razon.

– Me parece que no es exactamente eso lo que yo digo -repuso Swift-. Al menos de momento -anadio muy seria apartandose el pelo rojizo de la cara-. Mira, lo que dicen los bioquimicos es que los datos inmunologicos que explicarian la bifurcacion entre el hombre y los grandes simios de Africa indican que esta se produjo hace cuatro o seis millones de anos. Puesto que los hominidos del genero Ramapithecus se remontan al Mioceno superior, hace, pues, catorce millones de anos, y puesto que el Sivapithecus, tan relacionado con el Ramapithecus, guarda al parecer mas afinidades con el orangutan que con los monos africanos, se ha aceptado comunmente la hipotesis de que el Ramapithecus no es ningun hominido.

»Pero aqui tenemos un fosil que, segun parece, posee las caracteristicas tanto del Ramapithecus como del Paranthropus robustus. Ademas, es un craneo que apunta con toda claridad a unos origenes aparentes considerablemente mas recientes que los de los ramapitecidos hallados hasta ahora.

Swift se puso en pie, entusiasmada, y empezo a andar de un lado a otro por el despacho atiborrado de libros de Fitzgerald mientras su propia teoria iba cobrando cuerpo.

– Muy bien -prosiguio-. Siempre hemos creido que el Ramapithecus vivio hace solo catorce millones de anos. Todo cuanto indica este craneo es que este genero pudo haber sobrevivido hasta fechas mucho mas recientes de lo que habiamos sospechado. Hasta hace solo cincuenta mil anos.

– Esto es lo que me cuesta aceptar, Stella -gruno Fitzgerald-. Esta idea de Sacher. El cadaver del glaciar. Hablar de cincuenta mil anos es pura conjetura. ?Y por que no cien mil? ?O ciento cincuenta mil? Pero incluso en este caso queda un vacio de catorce millones de anos sin explicar. ?De veras crees que alguna clase de ramapitecido pudo haber sobrevivido casi catorce millones de anos?

Swift se encogio de hombros.

– Los dinosaurios sobrevivieron sesenta y cinco millones de anos. Y eso no es nada en comparacion con el celacanto. El celacanto abundaba en los oceanos hace trescientos cincuenta millones de anos. Pensamos que se habian extinguido hace unos sesenta millones de anos hasta el dia en que un pescador encontro un especimen vivo en 1938. ?Por que razon, pues, no iba a poder sobrevivir solo catorce millones de anos un ramapitecido?

– ?Cuantos analisis ha efectuado Sacher, Stella?

– Varios, y todos con diferentes resultados. Sostiene que puede haber muchas razones por las cuales haya mas radiacion natural en los dientes de la que esperabamos. Ha realizado la prueba de datacion con carbono, pero sin que esta aportara nada mas preciso.

– Comprendo. ?Y la muestra de roca que le entregaste?

– Segun Sacher, la muestra de roca demuestra que el entorno en el que se movia el especimen debio de carecer originariamente de carbono-14.

Вы читаете Esau
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату