unos nuevos especimenes de neandertales que hallaron el ano pasado en Israel. ?Sabias que en Israel vivian neandertales hace tan solo cincuenta mil anos?

– ?Y si resulta que este especimen es mas antiguo?

– Si tiene mas de mil anos, nos veremos obligados a utilizar la roca. Pero, por lo que me has dicho, creo que su utilidad sera muy limitada. Nunca he sido partidario de utilizar muestras de roca con el fin de datar muestras oseas a menos que hayan sido halladas en el mismo estrato geologico.

– Haz lo que creas que es mejor, Ray.

– Por supuesto, pero sera largo.

– ?Mucho?

– Te llamare en cuanto tenga algo.

– Pero hazlo en seguida, ?de acuerdo?

Sacher encendio otro pitillo.

– Sabe Dios cuanto tiempo hemos tenido ya que esperar. Esperar un poquito mas no cambia nada las cosas.

Swift enarco las cejas.

– Es la tercera vez que mencionas a Dios, Ray. ?Que tiene que ver Dios con todo esto?

Sacher se encogio de hombros con una expresion vagamente avergonzada en el rostro.

– Le he dado vueltas, nada mas.

– Ray. -Swift estaba tan sorprendida que fue a abrir la boca y tuvo que cerrarla-. Eres ateo.

El se paso su mano regordeta por el pelo tupido. Swift no recordaba que lo tuviera tan cano. Su colega movio las cejas, insinuante.

– No iras a tomartelo a la ligera, ?verdad? -le pregunto ella con el entrecejo fruncido.

– Es sabido que las personas a quienes se les amputa un miembro experimentan un fenomeno denominado fantasmagoria: sienten dolor en el brazo o la pierna amputados; incluso hay mujeres a quienes les sigue doliendo el seno despues de haber sido extirpado. Se puede sentir la presencia de este miembro inexistente, especialmente la mano o el pie en su parte mas extrema, muchos anos despues de que haya sido amputado. Puede incluso llegar a escocer.

»?Swift? Es asi. Supongo que tras un largo periodo de ateismo, empiezo a tener la misma sensacion respecto a Dios. Y grosso modo he llegado a la conclusion de que esta es la mejor prueba de su existencia, nunca hallare ninguna mas convincente. La experiencia religiosa es en realidad el unico modo de verificar este escozor, esta comezon, aunque dudo mucho que exista una religion con la que mi heterodoxia se sienta comoda. ?Comprendes lo que te estoy diciendo?

Swift se levanto, le dio un beso en la mejilla y se dirigio hacia la puerta del laboratorio.

– ?Eh! ?Swift! -exclamo el riendose azorado-. ?No puedes aceptar la religion?

Swift dio media vuelta.

– Mira, Ray, para mi el ateismo es como plantarle cara a la mafia. Cuanto mas numeroso sea nuestro bando, mas seguros estaremos.

Imito con los dedos una pistola con la que apunto a su colega.

– Eres lista -dijo el riendose.

– Llamame en cuanto tengas algo.

– Te llamare de todas maneras.

CINCO

Oh, la mente, la mente tiene montes, precipicios cortados a pico, de espanto, por nadie sondados.

Gerard Manley Hopkins

Jack Furness, desde su casa situada en las afueras de Danville, intento llamar a Swift unas cuantas veces; primero a su casa, donde lo unico que oyo fue el mensaje del buzon de voz, y despues al laboratorio de la universidad en el que trabajaba, sin lograr tampoco hablar con Swift. Durante dos o tres dias dejo varios mensajes, pero Swift no le devolvio las llamadas; Jack decidio entonces quitarsela de la cabeza y preparar a fondo las reuniones que tenia pendientes con la National Geographic Society y la White Fang, la casa de equipos deportivos, que habian patrocinado conjuntamente su expedicion al Himalaya.

No es que le importara mucho su silencio. Conocia a Swift demasiado bien para tomarselo a mal. En cierto modo casi se alegraba de que no hubiera llamado, porque asi podria dedicarse por entero a cumplir con sus obligaciones: redactar los informes, hacer una valoracion de la expedicion y revelar los multiples carretes de fotografias que habia realizado durante su estancia de seis meses en el Nepal.

Habia otra razon por la cual se alegraba de que ella no diera senales de vida, y es que eso daba a entender, en efecto, que estaba muy ocupada y que el fosil era tal vez un hallazgo importante.

?Y si de verdad lo fuera? ?Que ocurriria entonces?

A medida que pasaba el tiempo, iba creciendo en el la sospecha de que habia actuado muy a la ligera al regalarle el fosil. Se habia dejado llevar por los impulsos. No es que quisiera que se lo devolviera, ni mucho menos. Mas bien lo que le preocupaba era la cuestion de la legalidad de su accion, porque lo que menos deseaba era verse metido en enredos legales con sus patrocinadores. Para empezar, no estaba muy seguro de que el fosil perteneciera a aquel que lo hubiera hallado, o sea el, y por tanto era razonable sospechar que no estaba en condiciones de poder regalarlo y que esto podria acarrearle problemas. De modo que decidio telefonear a su abogado, quien lo tranquilizo al asegurarle que, si bien cabia la posibilidad de que el gobierno nepales desaprobara el hecho de que hubieran sacado del pais un objeto sin los permisos correspondientes, en el contrato que Jack habia firmado con sus patrocinadores no se hacia mencion alguna a los derechos de propiedad sobre hallazgos cientificos o arqueologicos que pudieran producirse en el transcurso de la expedicion.

Jack le dijo a su abogado que habia pagado en dolares americanos el papeleo concerniente al permiso de exportacion que la burocracia nepales le habia obligado a cumplimentar. Pero, al mismo tiempo, se dijo a si mismo que lo mejor seria no mencionarles para nada el fosil a los representantes de la National Geographic Society, al menos hasta que Swift supiera, aunque fuera someramente, que clase de fosil era aquel.

Si, esperaria lo que hiciera falta a que Swift le dijera algo.

Al llegar al aeropuerto de Washington, como solo llevaba una bolsa, no vio ninguna razon para coger un taxi. Media hora despues de haber subido a un metro de la linea azul que lo llevo a Metro Center, donde hizo transbordo y cogio un tren de la linea roja hasta Dupont Circle, ya estaba en la recepcion del hotel Jefferson, que esta en la calle Dieciseis; la sede principal de la National Geographic Society quedaba a la vuelta de la esquina.

El Jefferson, situado en un cruce de denso trafico, era un hotel pequeno pero elegante en el que solian alojarse politicos y altos cargos de la administracion publica. El interior guardaba un parecido con el de una casa de principios del siglo pasado y las habitaciones estaban decoradas con muebles antiguos. Jack iba con frecuencia a aquel hotel acogedor y, aunque la National Geographic Society no hubiera accedido a pagar la factura, habria escogido de todas formas alojarse en el.

Era demasiado tarde para salir a tomar una copa, de modo que tuvo que contentarse con lo que le ofrecia el minibar. Se sento frente al televisor y se bebio varias botellitas de whisky en miniatura apurandolas como si no contuvieran otra cosa que un jarabe inofensivo. Esas botellitas de los minibares parecian tan poco reales, de hecho se parecian tanto a los juguetes hechos para las casitas de munecas, que Jack era incapaz de pensar que contuvieran alcohol de verdad, y en cierto modo era como si diera por descontado que el efecto del alcohol iba a ser siempre tan minusculo como el tamano de la botella. Pero no fue este el caso, y a la manana siguiente se desperto con una resaca mayuscula.

Jack se encontro con Chuck Farrell, el director de patrocinio de White Fang, para desayunar, pero la verdad era que no tenia ningun apetito.

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