Speedlite y un cable de diez metros para disparar a distancia. Cargo luego la camara con un carrete de Fuji Reala de treinta fotografias y empezo a disparar; apuro otro carrete, tambien de treinta fotografias, porque la seguridad era primordial.

Despues de haber tomado y anotado concienzudamente las medidas basicas y de haber hecho las fotografias, que serian un testimonio fiel de la apariencia del craneo, se dispuso a seguir con el segundo paso del plan de trabajo, a cuya preparacion habia dedicado casi la noche entera.

Swift pinto el craneo con Bedacryl, una especie de cola que se emplea normalmente para endurecer los fosiles fragiles antes de trasladarlos del suelo donde han sido hallados. Aquel craneo era la pieza mas resistente que habia manejado, pero Swift preferia extremar las precauciones y pecar de precavida. Hasta los huesos mas solidos podian romperse si se caian de una mesa o de un banco de trabajo.

Mientras esperaba a que la cola se secara, se dispuso a calentar yeso con el objeto de realizar un molde de escayola. Mas tarde ya haria moldes de resina y estereograficos mas perfeccionados; en aquel momento lo unico que queria era una copia que pudiera manejar y transportar por la universidad sin correr ningun tipo de riesgo. En cuanto tuvo el molde hecho, Swift guardo el craneo original y el hueso maxilar en su caja fuerte del laboratorio. Habia planeado llevarlo luego a las camaras acorazadas de la universidad, donde se almacenaban otros especimenes de valor.

Swift habia dedicado asimismo un tiempo a meditar sobre los pasos que deberia dar para establecer y defender la propiedad intelectual sobre el especimen. Si, tal como ella sospechaba, se demostraba que el craneo era un hallazgo importante, era esencial mantener una absoluta confidencialidad sobre su trabajo de investigacion hasta que este estuviera maduro para ser publicado. Pero era tambien evidente que no podia trabajar sola y aislada de todos porque, si queria someterlo a un examen exhaustivo, necesitaria la ayuda de sus colegas de la universidad.

Este era su principal motivo de preocupacion.

En el mundo de la paleoantropologia abundan las disputas y los litigios; muchas veces el hallazgo de un nuevo fosil sirve para que alguien edifique su reputacion a costa de otros y en detrimento de ellos. Al carecer de un metodo empirico solido y al ser los paleoantropologos profesionales que carecen frecuentemente de objetividad, la paleoantropologia es una ciencia endeble, basada mas en la teoria que en los datos empiricos. Y teorias las hay a granel. A veces a Swift le daba la impresion de que la avidez insaciable que el publico muestra por la divulgacion cientifica popular traia como consecuencia el que cada semana apareciera una nueva teoria sobre los origenes del hombre. Pero los fosiles eran muy dificiles de conseguir y por lo general se aceptaba que los paleoantropologos mas famosos basaran en ellos su reputacion. La gente recuerda a Dart, a Johanson, a Leakey, porque sus hallazgos son tangibles. Casi nadie, en cambio, recuerda a teoricos como Le Gros Clark o Clark Howell, que partieron de teorias y en ellas basaron sus trabajos.

A veces se hace que unos fosiles encajen en una determinada teoria en lugar de proceder al reves, y no es infrecuente que la gente compre fosiles que proceden de un competidor con el proposito expreso de demoler una teoria que contradice la propia. El robo es menos frecuente pero en modo alguno desconocido. Y el mundo de la paleoantropologia en su totalidad no se ha recuperado del descubrimiento que revelo en 1955 que el craneo de Piltdown hallado en 1912 en una cantera del sur de Inglaterra era un fraude.

En 1912 Charles Dawson, un arqueologo aficionado, hallo un craneo simiesco en una pedrera cerca del pueblo de Piltdown en la region de Sussex. Su hallazgo parecia los restos de un ser que habia vivido en epocas muy remotas y, por otro lado, todo se ajustaba, de forma harto oportuna, a la teoria dominante entonces segun la cual el antepasado del hombre estaba dotado de capacidades intelectuales considerables. Pero en realidad el hombre de Piltdown era una mera combinacion de un craneo humano y una mandibula de orangutan.

La unica certeza absoluta con la que cuenta esta ciencia escindida y plagada de incertidumbres es que todo hallazgo de importancia tiene muchas probabilidades de convertirse en un nuevo motivo que desatara disputas y enconadas rivalidades.

No es de extranar, pues, que la primera persona a la que Swift telefoneara para hablarle de su hallazgo fuera un abogado.

Harztmark, Fry y Palmer eran los abogados de su madre; trabajaban en Londres, donde administraban un consorcio establecido a nombre de Swift, que le reportaba a esta unos sustanciosos ingresos anuales que recibia a traves de su oficina de San Francisco. Swift solo habia visto una vez a Gil McLellan, el socio que administraba su dinero, pero en las excepcionales ocasiones en las que necesitaba asesoramiento legal era a el a quien acudia.

– Stella -le saludo McLellan en cuanto la secretaria le hubo pasado la llamada-. Es un poco temprano para alguien que vive en Berkeley, teniendo en cuenta que en Berkeley no son ni siquiera las nueve de la manana. No tenia ni idea de que la antropologia exigia un horario de trabajo tan estricto.

Su risa ronca sono como si estuviera tosiendo.

Esto es una de las cosas irritantes de los abogados: se creen los unicos que saben lo que es estar en el despacho desde buena manana y los unicos que saben lo que es trabajar duro.

– Escuchame, Gil -le dijo Swift yendo directa al grano, antes de que a el le diera tiempo de invitarla a cenar, como solia hacer casi siempre-. Necesito que me ayudes.

– Para eso estoy.

– Deseo que me redactes un contrato de confidencialidad. Ya sabes, algo asi como: el abajo firmante se compromete a no mencionar ni de palabra ni por escrito tal objeto, ni a reclamar ningun derecho de propiedad sobre el, sin mi autorizacion escrita; y si se demuestra que alguien ha utilizado sin mi consentimiento, expreso o tacito, esta informacion que yo le he facilitado directa o indirectamente, sera culpable de haber violado mis derechos, por lo que debera ser procesado por un tribunal de justicia.

– ?Estas segura de que necesitas mi ayuda, Stella? Me parece que lo dominas perfectamente. ?Sabes?, quiza deberias haber estudiado derecho en lugar de paleoantropologia.

– ?Lo haras?

– Por supuesto. Pero ?puedo hacerte un par de preguntas? En primer lugar, ?de que se trata exactamente?

– De un fosil. Un fosil importante. -Se quedo callada un momento-. Mejor sera llamarlo craneo para evitar confusiones.

– Mi segunda pregunta se refiere al grado de la confidencialidad -senalo Gil-. Ninguna informacion puede ser confidencial si es de dominio publico, ?de acuerdo?

– Nadie sabe nada del fosil salvo yo misma y la persona que lo hallo. No se puede hablar de dominio publico.

– Muy bien, pues. Voy a redactar un borrador del contrato y te lo mando por fax dentro de media hora. Hasta que tengas el contrato definitivo impreso en papel de carta legal, el que te mande te servira igual. No sabes como se acojonan todos cuando lo ven.

– Gil, eres un sol.

– Dame el numero del fax, asi me ahorro tener que buscarlo. Llamame si tienes alguna duda. Bueno, llamame de todas maneras. En lugar de cobrarte, dejare que me invites a almorzar.

En cuanto el cartero le entrego en mano el contrato legal definitivo del cual Gil McLellan habia redactado el borrador, Swift fue a ver a Byron Cody.

La Facultad de Zoologia de la universidad era una de las que se hallaban en el edificio de Geociencias, una construccion arquitectonica que, por su falsa columnata, recordaba vagamente el ideal helenico. Pero por su estructura de fortaleza, con torreones rectangulares y un patio central, el edificio recordaba mas bien a la sede principal de un banco o de una institucion del gobierno federal.

Swift no encontro al zoologo especializado en primates de fama internacional en el despacho en el que solia trabajar sino en otro. Era una habitacion solida y acogedora, casi tan ancha como el propio edificio, que almacenaba una coleccion de libros inmaculados y encuadernados en piel que tenian aspecto de no haber sido apenas leidos.

– Estoy redecorando mi nuevo despacho -le explico Cody despues de haberla besado en las mejillas-. Tengo entendido que es de un botanico que esta ahora en la Amazonia.

Swift se sento y rechazo la invitacion a tomar un cafe de la maquina que habia en el horrible vestibulo.

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