Jack estaba junto a la ventana y encendio un cigarrillo. Estuvieron un par de minutos sin decir nada. De repente Swift empezo a leer en voz baja y calmosa.
– «El 20 de mayo habiamos levantado un campamento en el collado norte, a siete mil metros de altitud; gracias a Dios disponiamos de todas las comodidades, porque al dia siguiente se levanto un terrible huracan que hizo bajar el termometro muchos grados bajo cero. Le pregunte a Karma Paul por que el tiempo empeoraba si teniamos el verano encima, y me dijo que guardaba relacion con ciertos festejos religiosos que se celebraban en el monasterio de Thyangboche. Me explico que los demonios de la montana luchaban porque cesaran las ceremonias y que por eso chillaban muy fuerte. Tambien dijo que en cuanto terminaran aquellos servicios religiosos, igualmente cesaria la tempestad.»
– Ya se lo que escribi -murmuro Jack.
– «Pasamos tres noches seguidas en el refugio del collado norte; fueron las tres noches en que el vendaval arrecio. Pero al cuarto dia amaino y yo efectue una expedicion hasta el Lhakpa La, desde donde pude contemplar una vista magnifica de la vertiente norte del Everest y otra, mas inquietante, del monzon que se acercaba. Me puso muy nervioso pensar que no podria concluir la ascension a tiempo, de modo que decidi que al dia siguiente intentaria escalar sin oxigeno. Iba ya a regresar al campamento III cuando me salio al encuentro un pajarito (creo que debia de tratarse de un Lammergeyer de Wollaston, pues no hay ninguna otra ave que vuele tan alto), como si algo que se acercara a mi en direccion contraria lo hubiese espantado. Y fue entonces cuando vi una figura que parecia un mono gigante; estaba frente a mi, a no mas de cincuenta metros. Casi al mismo tiempo, aquel ser extrano me vio y se quedo inmovil. Los dos permanecimos quietos mirandonos como unos tontos. Poca cosa puedo decir, aparte del simple hecho de que aquella criatura era de elevada estatura y muy hirsuta, porque yo la veia a contraluz y el sol me deslumbraba; cuando fui a coger los prismaticos, aquel ser extrano se alejo a gran velocidad avanzando por la nieve, que era de considerable grosor, de un modo que a mi me habria dejado extenuado en pocos segundos. Cuando por fin pude enfocar a aquella criatura de naturaleza desconocida con mi Nikon, era ya una mancha diminuta en el horizonte…»
– Ya se lo que escribi -repitio, esta vez mas alto-. No necesito que nadie me lo recuerde. En cambio, tal vez convenga recordarte a ti que sucedio cuando se publico el libro. Algunos criticos apuntaron que me lo habia inventado todo para introducir un detalle sensacionalista en un libro que consideraron, por lo demas, aburrido. Lo llamaron criptozoologia. Despues, un cretino del Scientific American escribio una historia en la que contaba como muchos otros escaladores antes que yo habian padecido alucinaciones provocadas por el mal de altura. -Jack movio la cabeza con una expresion triste en el rostro-. Dios mio, incluso tuve el privilegio de que se contara un chiste sobre mi en el show de Carson y tambien fui el protagonista de una escena comica en «Saturday Night Live».
– ?Y tu? ?Que piensas tu? ?Crees que fue una alucinacion provocada por el mal de altura?
– Si -contesto sin demasiada conviccion.
– ?Y todos los otros escaladores que tambien lo vieron?
– ?A que te refieres?
Swift volvio a concentrarse en la pantalla del Toshiba y repaso una larga lista de otros testimonios que habia grabado en un disco compacto.
– Hace cinco anos, Hidetaka Atoda vio, segun se dice, en las laderas del Machhapuchhare, en el Santuario del Annapurna, a una criatura de gran estatura que nadie ha identificado. Incluso hizo una fotografia. El Machhapuchhare es una montana sagrada. No se conceden permisos para escalarla.
– Y me lo dices a mi -dijo Jack riendose sarcasticamente.
– Segun parece, fue incapaz de perseguir a aquel ser nunca visto por miedo a perder la licencia para escalar en aquella zona.
– Si. Pero perdio la vida -repuso Jack-. El Sapo era un buen amigo mio. Murio tres semanas despues, cuando escalaba la vertiente suroeste del Annapurna. Igual que Didier. Un alud acabo con el y se llevo su camara. -Jack le sonrio a Swift con agresividad-. Asi que nadie ha visto jamas la famosa fotografia. Y otra cosa, como alpinista, es sabido que el Sapo actuaba con precipitacion. Que yo sepa, nunca se aclimato del todo y siempre corria, desaforado. Probablemente eso es lo que le mato.
– De acuerdo -concedio Swift con paciencia-. ?Y Chris Bonington?
– ?Que quieres que te diga de Chris Bonington?
– El tambien lo vio en el transcurso de una expedicion que montaron en 1970 con el objeto de escalar el Annapurna. Segun dijo el, se hallaba casi a la misma altura de la entrada del Santuario, un poco mas arriba, cerca de la cueva Hinko, a unos tres mil seiscientos metros. Eso esta muy cerca del Machhapuchhare, ?verdad?
– Tal vez -admitio Jack.
– Y es mas, Chris Bonington estaba totalmente aclimatado.
– Es un buen alpinista -reconocio Jack-. El mejor.
– En su libro, La vertiente sur del Annapurna, explica que vio un mono o una criatura simiesca que corria a gran velocidad por la nieve a refugiarse en unos penascos. Dice que era un animal muy vigoroso, que dejaba huellas perfectamente visibles, pero que mas tarde los sherpas fingieron no haberlas visto. Bonington estaba convencido de que habia visto al yeti.
Swift sonrio, casi como si pidiera disculpas.
– Al fin lo he dicho, ?eh? El yeti.
– Te felicito. Has ganado un muneco de peluche.
– Greg Topham vio al yeti en 1982, cuando escalaba el Annapurna III.
– Topham. -Jack resoplo, mofandose de ella-. Un hippy memo y drogata.
– Afirmo que habia visto un animal parecido a un oso caminando por la cresta en direccion sur, hacia el Machhapuchhare.
– Es probable que fuera un oso. Oye, ?a que viene esta obsesion por el Machhapuchhare?
– Pues a que tres personas han visto el mismo ser extrano en el Machhapuchhare o en los alrededores. Una montana, ademas, a la que los escaladores y los turistas tienen prohibido ir.
– El Machhapuchhare no tiene nada de magico, si es eso lo que insinuas -afirmo Jack, incomodo.
– Yo no he dicho que lo tuviera. Y tienes razon, se han visto yetis por todo el Himalaya.
Echo una ojeada al ordenador.
– No me referia a eso.
– En 1955, Tony Streather informo, antes que Bonington, de que durante una expedicion que iba a efectuar la ascension del Kangchenjunga habia oido unos silbidos muy fuertes. El mismo ruido que habia oido dos anos antes Wilfred Noyce en la expedicion de sir John Hunt que se organizo para escalar el Everest. Los sherpas dijeron que el silbido era el de un yeti. -Alzo la vista de la pantalla del Toshiba-. ?Te acuerdas de que el invierno pasado ayude a Byron Cody a escribir un libro sobre gorilas?
Jack se encogio de hombros.
– Lo que mas me interesa de lo que cuenta este tal Noyce es que el grito de alarma de un gorila es un chillido largo y agudo que suena como un silbido desgarrador y que, ademas, el espectrografo lo registra asi.
– Que mundo tan cerrado. -Jack meneo la cabeza-. Podia haber sido cualquier cosa. Un aguila. Un lemur… ?Has terminado?
– Si ni tan siquiera he empezado, Jack. En 1951 sir Eric Shipton fotografio e hizo moldes de una serie de pisadas que el y otros vieron en la nieve del glaciar Menlung, cerca del Everest, a una altitud de unos cinco mil quinientos metros. Shipton y el sherpa Tenzing, que con posterioridad coronaria el Everest con sir Edmund Hillary, siguieron el rastro de las huellas hasta que les perdieron la pista. Tenzing habia visto un yeti en 1949. Lo describio como un ser de una estatura muy superior a la del hombre, muy hirsuto, de pelo rojizo, pero con la cara lisa como un caramelo.
– ?Como un caramelo o como un camelo? -se rio Jack-. Y huellas. -Resoplo-. Las huellas pueden ser el resultado de la accion de cualquier fenomeno atmosferico. Lo lei en algun lado. Una corriente de aire calido que penetra en la atmosfera fria provoca que pequenas bolsas de humedad se conviertan en agua que, al caer, forma unas depresiones en la nieve que no se distinguen de unas pisadas.
– ?Unas pisadas dispuestas regularmente? ?Separadas siempre un metro una de otra? -Ahora era Swift quien tenia razones para mofarse-. Tu explicacion es mucho mas fantastica de la que yo propongo. Pero aun si desechas las afirmaciones de Shipton y de Tenzing por falsas, cosa que no creo que puedas hacer, ?vas a
