descartar tambien el testimonio de sir John Hunt, que en 1937 vio no una sino dos series de extranas huellas cerca del glaciar Zemu? Dijo que era imposible que las pisadas fueran de un oso y no supo que explicacion dar a lo que vio. Mas tarde afirmo que creia en la existencia de un antropoide superior indigena, desconocido por la ciencia.
Jack miro al techo como si estuviera deseando que Swift acabara de una vez por todas.
– Muy bien -dijo Swift-. Pero hay decenas de testimonios que han visto al animal. Montgomery McGovern en 1924, el coronel Howard-Bury en 1924, Henry Elwes en 1921, el comandante L. A. Waddell en 1899, W. Rockhill en 1884 y el teniente George White en 1838. La leyenda, Jack, se remonta a 1820, y empieza con el Diario de una excursion a traves de una parte de la cordillera nevada de las montanas del Himalaya de J. B. Frazer. No puedes tacharlos a todos de locos, mentirosos, hippies o ilusos. Existen testimonios que han visto yetis y huellas de yetis en zonas tan alejadas unas de otras como el Nepal, el Tibet, Sikkim, Garwhal, el Karakoram, la zona del Alto Sahween y Bhutan.
Jack gruno sin dar su brazo a torcer y apoyo la frente en el cristal frio de la ventana. Fuera, el sol ardiente se abria paso entre las nubes y un buitre surcaba lentamente el cielo azul como un avion de pasajeros lleno de almas humanas.
– Tu lo has visto, Jack -insistio ella-. Sabes que lo has visto. ?Que sacas con negarlo?
– No se lo que vi -repuso el, irritado-. Como he dicho, es probable que se debiera a los efectos de la altura. La falta de oxigeno provoca incontables trastornos fisicos: edema pulmonar, insomnio, perdida de apetito, perdida de peso y retencion de liquidos. La retencion de liquidos, por ejemplo, produce una hinchazon del cerebro, que, al hacer presion en el craneo, te provoca alucinaciones. Por si esto no fuera suficiente, tambien eres propenso a padecer conjuntivitis, a causa de un exceso de luz ultravioleta. Sientes como si tuvieras arena en los ojos y despues te duelen tanto que ya no puedes abrirlos del todo.
Swift asintio.
– Por supuesto -dijo Swift pacientemente-. Es comprensible que se desee contar con una prueba mejor que la vision defectuosa de unos ojos danados. -Se interrumpio-. Por eso mande un fax al Museo de Historia Natural de Londres y me enviaron por Federal Express unas fotografias de un molde de yeso que hizo un zoologo ruso, Vladimir Tschernezky, a partir de las fotos de Shipton.
Movio el raton de bola del Toshiba con el pulgar y selecciono una imagen del molde que ella habia escaneado en el disco compacto.
– El pie es mas del doble de ancho que el pie de un gorila -comento-. Pero mide mas o menos igual de largo. Y mira el tamano del dedo gordo.
Jack seguia mirando por la ventana.
– Es excepcionalmente grueso. Yo no soy alpinista pero diria que este pie es perfecto para agarrarse a las rocas verticales.
Jack no pudo evitar echar un vistazo a la pantalla y su sentido critico de experto le hizo apretar los labios.
– Si, podria ser.
– Ademas, el tamano del talon parece indicar que se trata de un ser mas grueso y mas pesado que un gorila.
Al ver que habia despertado por fin el interes de Jack, Swift selecciono un dibujo en el que se comparaban unas pisadas.
– La de la izquierda es la huella de un gorila -explico-. La del medio la encontro Shipton a una altitud de tan solo cinco mil quinientos metros. Algunas de las huellas llegaban hasta una grieta de un glaciar… un salto de entre cuatro metros y medio y seis metros. Y no habia ninguna senal de garras. La diferencia es bien visible.
– ?Y la de la derecha? -pregunto Jack.
– Es una huella que se reconstruyo utilizando los restos de un esqueleto de un neandertal hallado en Crimea. Como puedes ver, llama la atencion la anchura de los tres pies, que miden el doble de ancho que de largo. Pero solo las huellas de Shipton muestran un hallux tan desviado, el dedo gordo. Y el segundo dedo es tambien extraordinariamente largo.
»Les pedi a los del laboratorio de visualizacion biomedica que digitalizaran una imagen del craneo que hallaste y que anadieran las pisadas que descubrio Shipton. Utilizando senales craneanas y la profundidad de los tejidos obtenidas a partir de los datos anatomicos de gorilas, pudieron efectuar una reconstruccion completa del fosil del tipo de antropoide que nos interesa.
– Que te interesa a ti -intervino el sin apartar la vista de la pantalla.
Swift sonrio para si y selecciono una breve secuencia animada del disco compacto que ilustraba la reconstruccion de aquel ser desde los pies. La cantidad de pelo que debia de cubrirle el cuerpo era imposible de deducir a partir del fosil y de la pisada y, por tanto, no se reconstruyo. Al contemplarlo con atencion, sin embargo, a Jack le dio un vuelco el corazon, porque la secuencia animada desplegada en la pantalla del ordenador mostro una ilustracion en color y tridimensional de un antropoide bipedo que le parecio reconocer.
– Dios mio -susurro-. ?Como lo has hecho?
– Lo ha hecho un ordenador -contesto ella con toda la tranquilidad del mundo.
Jack giro la cara, como si necesitara recuperar el autodominio perdido.
Swift se quedo callada; esperaba a que el volviera a mirar la pantalla y, cuando lo hizo, giro el raton de bola y selecciono una imagen ampliada del rostro de aquella criatura.
– Lo interesante de esta secuencia -le dijo- es que la forma del craneo concuerda exactamente con la del que tu hallaste en el Santuario del Annapurna.
Arrastro un pequeno icono que habia en un rincon de la pantalla y lo dejo encima de la cabeza de aquel ser virtual. El icono estallo y se convirtio en una de las fotografias en color que Swift habia hecho del craneo en su laboratorio.
Jack, que asentia con la cabeza, admitio que encajaban perfectamente.
– Me alegra que lo veas asi, Jack. Lo valoro mucho.
– No estaria mal, ?sabes? -murmuro-. Quiero decir, volver alli y demostrarles a todos esos cabrones que se equivocan.
– ?Verdad que si?
– Ademas, tengo la sensacion de haber dejado algo mas que a un buen amigo en el Santuario.
– ?Ah, si? ?Y que es?
Jack meneo la cabeza.
– Increible -dijo en voz queda.
– Desde un punto de vista anatomico -prosiguio Swift-, Esau ocupa un puesto aproximadamente intermedio entre un gorila y el fosil del Paranthropus crassidens, conocido tambien con el nombre de Australopithecus afarensis.
Jack seguia sacudiendo la cabeza, maravillado por lo que Swift le habia ensenado.
– Es el ser que vi en el Everest, Swift, es un yeti.
Swift asintio.
– Por fin -exclamo-. Me alegro de que coincidas conmigo.
– ?De veras crees que podriamos encontrarlo? -le pregunto Jack-. El Himalaya es un sitio inmenso. No sera facil.
– No vamos a buscarlo en el Himalaya, Jack, sino en el Santuario. Y mas concretamente en el Machhapuchhare. Aunque tu hallaste el craneo en el Annapurna, los casos mas recientes de gentes que dicen haber visto yetis se han dado todos en el Machhapuchhare.
Jack dio un respingo.
– Hay algo que no te he dicho -confeso-. No halle el craneo en el Annapurna.
Jack le conto que el y Didier estaban escalando ilegalmente el Machhapuchhare cuando sufrieron el accidente.
– Puede que tengas razon -concluyo, pensativo-. Puede que haya una razon nunca revelada que explique por que esta prohibido subir al Machhapuchhare. Puede que los lugarenos sepan algo que nosotros ignoramos. Puede que no le hayan permitido a nadie encontrarlo.
– En este caso haremos lo que yo digo -dijo Swift-. Oficialmente, para conseguir la subvencion y para que el
