gobierno nepales no sospeche la verdad, nuestra expedicion sera una expedicion que rastreara fosiles y se desplazara por el Santuario. Pero en realidad iremos al Machhapuchhare y buscaremos al abominable hombre de las nieves.
Jack asintio con la cabeza.
– Al carajo -exclamo-. Que se vaya al carajo el abominable hombre de las nieves. Es una patrana, es un personaje de comic. Esto, esto es ciencia. Nosotros vamos a buscar a Esau.
OCHO
Nada es tan costoso como los inicios.
Friedrich Nietzsche
La visita guiada al Pentagono es gratis y empieza cada media hora los dias laborables entre las nueve y media de la manana y las tres y media de la tarde, excepto los festivos. Se permite el acceso al edificio incluso a los extranjeros, siempre que presenten el pasaporte. En el pasillo llamado del Comandante en Jefe se puede admirar un modelo de un Stealth SR-71, un avion que, tecnicamente al menos, sigue siendo un secreto. Era justamente este deseo de los militares de abrir su cuartel general al publico y alardear de sus juguetes la causa de la aversion que el sentia por el Pentagono y el personal del Departamento de Defensa. O bien se tienen secretos o bien no se tienen. Cada vez que tenia que acudir alli a una reunion, esperaba siempre a que se abriese la puerta y que el guia uniformado entrase andando de espaldas (cosa que hacen siempre los guias para no perder de vista al rebano de sus visitantes), seguido de un grupo de pueblerinos con los ojos abiertos y cara de bobos, masticando todavia los perritos calientes comprados en el puesto que hay en el centro del patio del Pentagono.
Perrins, de casi cincuenta anos, parecia mas bien un disenador de ropa cara que el subdirector de Inteligencia, vestia un traje elegante y lucia una barba negra, dura y perfectamente recortada. Estaba sentado apartado de la mesa de la sala de juntas como si asistiera a una reunion del Comite de Reconocimiento Aereo en calidad de observador.
Habia muchos expertos uniformados, que decian todos lo mismo. La operacion Belerofonte, los vuelos de reconocimiento de los U-2 por el subcontinente indio habian sido un fracaso y no habian aportado nada. Uno de los expertos, un general de las Fuerzas Aereas de Estados Unidos, no dejaba de repetir, machacon, una retahila de excusas.
– A causa de la necesidad de economizar nuestros recursos, y a fin de obtener fotografias de calidad optima en los vuelos de reconocimiento, decidimos que no saldria ninguna mision si la prediccion del tiempo en aquella zona era que estaria cubierta en mas del veinticinco por ciento. Por desgracia, el tiempo ha jugado en nuestra contra. Las fotografias tomadas en muchos de los vuelos no son aprovechables. No obstante, hemos podido obtener un mosaico moderadamente completo de la region, aunque sin resultado alguno.
»Senores, junto a los informes encontraran ustedes una breve lista de las predicciones meteorologicas de la zona. Como pueden ver, estamos en pleno invierno y a pesar de la evidente gravedad de la situacion, que requiere una accion inmediata, no puedo recomendar que se reanuden los vuelos de reconocimiento de los U-2 hasta, como minimo, finales de febrero.
Cuando el general de las fuerzas aereas se sento por fin, Reichhardt dejo escapar un suspiro, se quito las gafas de cristales ahumados, se paso la mano por la calva como si acabaran de cortarle el pelo y le dio las gracias.
– Esperaba que esta reunion aportara datos que nos pudieran ser utiles -dijo hablando con calma-. Debo confesar que estoy un poco decepcionado por la falta de avances. Sin embargo, me imagino que todos sabiamos que, hicieramos lo que hicieramos, la responsabilidad ultima de esta operacion Belerofonte iba a corresponderle a la CIA.
Perrins sonrio y se acerco mas a la mesa.
– Belerofonte -dijo moviendo la cabeza-. Tal y como me indicaste, Bill, me informe sobre el mito y, puesto que la CIA va a asumir de todas maneras la responsabilidad de esta situacion, creo que seria mejor que cambiasemos el nombre en clave. ?Sabias que se llama carta de Belerofonte a los documentos que son peligrosos o bien perjudiciales para el que los entrega? Eso viene del hecho de que Belerofonte cayo de Pegaso cuando le pico un tabano al caballo. Ya te informaremos del nombre que nos de el ordenador.
Los labios apretados de Perrins esbozaron una sonrisa, pues le causaba placer mortificar a Reichhardt. El director de la NRO ponia cara de haber descubierto que llevaba pegada una cosa muy desagradable en la suela de los zapatos.
– Desde luego, hemos estudiado diversas acciones que llevara a cabo el personal de campo -prosiguio Perrins-. Teniendo en cuenta el ruido de fondo constante en aquella zona, siempre hemos creido que, sea cual sea la accion que vayamos a emprender, esta debera realizarse de forma encubierta. Pueden estar tranquilos, en cuanto hayamos tomado una determinacion sobre la linea de accion que vamos a seguir, la ejecutaremos sin vacilaciones. No me cabe ninguna duda de que encontraremos lo que buscamos.
Reichhardt, consciente de que era Perrins quien tenia ahora la sarten por el mango, asintio. Su departamento habia fracasado. No tenia mas remedio que tragarse la mierda que Perrins le ofrecia. Pero aun asi sabia, a aquellas alturas, que el optimismo de la CIA solo podia abordarse con pesimismo. Tal vez tuviera la posibilidad de meter un pie dentro de la Agencia, para que sus puertas no llegaran a cerrarsele.
– Esperemos que asi sea -dijo-. A ver. La proxima reunion de la COMOR esta programada para manana. Espero que puedas exponernos las lineas de accion en las que has pensado.
– Bill, ?que te parece si te llamo -le pregunto Perrins- en cuanto tengamos el menu a punto y pueda leertelo?
– Si -respondio Reichhardt con la cara descompuesta; veia con claridad que Perrins estaba disfrutando de lo lindo-. No dejes de hacerlo.
– No lo haria ni borracho -se dijo Perrins una vez en el coche, de camino hacia Langley.
El cuartel general de la CIA no tenia nada que ver con el del Pentagono. Era un edificio sin complicaciones, moderno, blanco y de siete pisos que se hallaba en un entorno idilico, entre arboles y amplias extensiones de cesped. Lo que atrae a los turistas a Langley es el placer de navegar por el Potomac, alguna extrana manifestacion ante la CIA en el paseo George Washington y tal vez la Burbuja.
La Burbuja es un auditorio en forma de cupula, que solo en apariencia es un edificio aislado, porque, en realidad, esta conectado al cuartel general a traves de un tunel subterraneo. Aqui se permite a las personas que no tienen autorizacion formal para acceder a informacion secreta ponerse en contacto con el personal de la Agencia. El jefe de Perrins habia jurado su cargo en la Burbuja ante un juez del Tribunal Supremo. En los anos setenta, la television entro en la Agencia por primera vez y justamente fue en la Burbuja donde se grabaron los documentales que se emitieron en los programas «60 Minutes» y «Good Morning America».
Solamente se permite el acceso a este pasillo secreto y la entrada al corazon del cuartel general de la CIA a un corto numero de periodistas. Perrins iba a reunirse con uno de los privilegiados que se contaba entre ellos.
Brindley, que habia sido corresponsal en el extranjero de varios periodicos y diversas cadenas de television antes de incorporarse al National Geographic, siempre habia gozado de una estrecha relacion con la CIA. Al principio era una relacion informal y se reducia a conversaciones esporadicas sobre temas de interes mutuo. Pero con el tiempo se habian estrechado los vinculos y Brindley acepto recabar informacion para la Agencia y facilitarle personal especializado.
Como periodista, Brindley habia sido siempre un hombre de accion, el tipico reportero que se marcha sin pensarlo a lugares remotos e inaccesibles, y que arriesga a menudo la vida. Era de los que se unia a las expediciones que iban a escalar montanas jamas escaladas o a adentrarse en selvas impenetrables. Cuando se incorporo al National Geographic, lo hizo en calidad de editor jefe de la seccion de expediciones.
Brindley era un cuarenton en plena forma fisica, aunque padecia un glaucoma cronico que le habia obligado a
