abandonar su vida errante. Al principio se reunia con su antiguo condiscipulo de Yale en la Burbuja y despues en el despacho de Perrins, que se hallaba en la septima planta, donde estaban todas las oficinas de los directivos de la CIA. Con vistas al rio, las fotografias del viejo equipo de los Orioles colgadas en las paredes y montones de hojas impresas en ordenadores sobre el suelo enmoquetado, el despacho era solo un poquitin menos destartalado que el resto del edificio.

Los dos hombres intercambiaron palabras intrascendentes mientras Brindley abria un maletin de piel ingles y extraia un ejemplar de la famosa revista en cuya portada figuraban los familiares margenes amarillos. En la del ejemplar que cogio Brindley se apreciaba una fotografia borrosa de una gondola.

– ?Te interesa Venecia? -pregunto Brindley, que arrojo la revista encima del escritorio.

– Desde el punto de vista profesional, no -sonrio Perrins.

– Pues a mi no me gusta nada. No se, me parece una ciudad claustrofobica. Exhala podredumbre, da la sensacion de contener agentes infecciosos.

– ?Que dijo Henry James de Venecia? Es del todo imposible decir algo original sobre la ciudad. -Al sentir que Brindley habia comprendido su comentario malicioso, sonrio sadicamente-. Pero no desfallezcas, tal vez algun dia se te ocurra algo nunca dicho.

– Cabron. No tengo ni idea de lo que le gusta leer a la gente. Me imagino que mayormente cosas sobre parques nacionales.

– Bueno, Dunham, hay que reconocer que normalmente tu si sabes que te gusta leer. Y es por eso por lo que estas aqui, ?verdad?

Brindley hizo un gesto afirmativo con la cabeza con los ojos clavados en la revista.

– «Entre bastidores.» En la pagina seis o siete. Es una seccion nueva, una idea del editor. Historias divertidas, a veces inverosimiles, de los miembros del equipo de la revista, y tambien de colaboradores, sobre experiencias que han vivido mientras trabajaban. Para serte franco, me parece una gilipollez.

Perrins paso las paginas.

– Tragedia en el Himalaya del «trepador de rocas» -dijo de pronto Brindley, echando una ojeada a una fotografia que mostraba a dos alpinistas, y empezo a leer en voz alta la breve resena que habia escrita debajo.

– «Jack Furness, el 'trepador de rocas' mas grande de Norteamerica, abandono su proyecto de escalar los catorce picos mas altos del Himalaya y regreso a California, donde vive, despues de la tragica muerte de su companero de cordada, el alpinista canadiense Didier Lauren. Lauren y Furness formaban un equipo de escaladores de fama internacional cuyas primeras ascensiones en ensemble ligeras, sin parangon en la historia del alpinismo, fueron una fuente de inspiracion para toda una generacion de escaladores de estilo clasico norteamericanos. Furness y Lauren, que habian obtenido dos subvenciones de investigacion de la NGS, escalaban la vertiente suroeste del Annapurna cuando les sobrevino la catastrofe.»

Perrins lanzo un suspiro y alzo la vista.

– ?A que viene esto, Dunham?

– Sigue leyendo -insistio Brindley.

Perrins leyo el resto del articulo en silencio. Cuando termino, asintio con la cabeza.

– Podria ser -admitio.

– Se encuentra aqui, en Washington. Se aloja en el Jefferson.

– ?En el Jefferson, dices? -Perrins parecia impresionado-. Yo hubiera dicho que un tipo acostumbrado a estar tanto tiempo al aire libre como el estaria mas a gusto en un Howard Johnson.

Brindley nego rotundamente con la cabeza.

– Furness es una celebridad.

– Sera por eso que nunca he oido hablar de el.

– Se escriben libros sobre el. Los directores de cine lo llaman. Hizo de doble de Stallone en una pelicula, se encargo de todas las escenas peligrosas. Ha ganado muchisimo dinero. Estudio en la Universidad de Oxford con una beca Rodhes.

– Eso, Dunham, no significa nada de nada. Tambien a Clinton le concedieron una beca Rodhes.

– Solo quiero que entiendas que no es ningun memo que apeste a humo de hoguera de campamento.

– De acuerdo, de acuerdo, es Gore Vidal. ?Y que hace en Washington?

– Presentar una solicitud para una subvencion. El y una antropologa llamada Stella Swift quieren volver al Santuario del Annapurna a buscar fosiles.

– Santo cielo. ?Es que no leen los periodicos? En cualquier momento puede estallar la guerra en el Punjab.

– Pero el Punjab esta a tres o cuatro mil kilometros.

– Muy cerca si resulta que estalla una guerra nuclear.

– Por eso mismo deberias ser consciente de lo valiosos que son para ti, Bryan. No hay muchas personas dispuestas a pedir dinero para irse al escenario de una posible contienda armada.

– Entendido: la presencia de una expedicion cientifica en aquella zona seria para nosotros la tapadera ideal.

– Las solicitudes de subvencion se dirigen al Comite de Investigacion y de Exploracion. Esta integrado por unas dieciseis personas. Cada una de ellas escribe una critica de la solicitud y la evalua segun una clasificacion que va de excelente a pobre. Una vez leidas las criticas, se hace un promedio de los resultados de las evaluaciones y se concede o no la subvencion. Sobre el papel, su solicitud no tiene pegas. Cosa que me recuerda…

Brindley cogio el maletin y extrajo un documento encuadernado y grueso como el guion de una pelicula. Lo dejo sobre la mesa, encima de la revista, y volvio a reclinarse en el sillon.

– Te he traido una copia. Yo no formo parte del comite, y este es el problema. Por lo que me han dicho, no han aprobado la solicitud.

– ?Y por que no?

– Andan algo escasos de dinero, y por eso la cantidad destinada a este tipo de investigaciones es ahora muy pequena. Me temo que no hemos tenido mas remedio que apretarnos el cinturon.

Los ojos inteligentes de Perrins repararon en el cinturon de piel carisimo que su interlocutor llevaba ajustado a unos pantalones de un traje Brook Brothers, y sonrio imperceptiblemente. Junto a la hebilla de laton se veia en la piel del cinturon un trozo mas oscuro, claro indicio de que Brindley, de grueso vientre, habia tenido que aflojarselo.

– Ya entiendo -dijo Perrins secamente mientras cogia la pluma estilografica-. ?Y quien esta en el comite? Tal vez podamos conseguir que cambien de decision.

– Brad Schaffer. Es amigo mio. Ya lo conoces. Creo que si le contamos cual es la situacion, nos podra ayudar.

– ?Te refieres a que nos ayudara si le contamos la verdad? ?O te refieres mas bien a que nos ayudara si le contamos lo que nos convenga a nosotros, sin necesidad de poner en peligro la seguridad transmitiendo informacion confidencial?

– Me refiero a que podemos convencerlo contandole lo que sea.

– Tal vez. ?Y los demas?

– En la revista viene una lista de los nombres de todos ellos. Es un «Quien es Quien» internacional. Dicho en pocas palabras, los del Consejo de Administracion se encargan de conseguir dinero, y muchas veces lo ponen de sus propios bolsillos.

Perrins hojeo su ejemplar del National Geographic hasta que encontro una pagina completamente llena de nombres. Eran los nombres de personas relacionadas con la revista o la sociedad. Muchos de ellos figuraban en el Consejo de Administracion y las companias a las que representaban le eran familiares. Uno de los nombres le llamo la atencion.

Joel Beinart, que, entre otros cargos, desempenaba el de presidente de la Corporacion Semath.

– El conglomerado de electronica. Si, ya lo conozco.

– Yo tambien -dijo Perrins-. Fue secretario de Comercio. Trabajamos juntos en muchas ocasiones. Comercio escogia con frecuencia un pais o un area de actividad financiera y luego nos pedian a nosotros que les mandaramos informes sobre los hombres de negocios apropiados. Beinart ha mostrado siempre mucha comprension hacia los objetivos de la Agencia. Tal vez el pueda proporcionarnos una tapadera. Organizar lo que los rusos llaman «una operacion conjunta». Con una inyeccion de dinero del gobierno a traves de la Semath,

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