– Algunas veces.
– ?Has visto una pelicula que se llama La mosca? Basada en el doctor Martin Brundle. El personaje de Jeff Goldblum.
– Si, ya me acuerdo -repuso Harvey-. Pero sigo sin entender la relacion.
– Son zapatos de escalador.
– Zapatos de escalador. Ah, pues me parecen muy comodos.
– Pues a mi no -comento Jack-. Ya no. Te los puedes quedar. Un regalo de Navidad.
– Gracias, senor Furness. ?Pero donde se puede escalar por aqui cerca?
– Puedes intentar escalar el monumento a Washington.
Salio a la calle Dieciseis y, envuelto por el frio glacial, se dirigio hacia el sur; al pasar por delante de una mansion muy recargada que albergaba la embajada rusa, se rio en voz queda para si. El monumento a Washington. Eso si era escalar. Un obelisco de granito de Nueva Inglaterra de ciento cuarenta metros de altura. Lo que le asombraba es que no lo hubiera intentado antes. Hubo un tiempo en que el mero hecho de pensarlo le hubiera incitado ya a la accion.
En la esquina de la calle M giro hacia la derecha y sus pasos le llevaron automaticamente al edificio de la National Geographic. En la penultima planta, la que ocupaba la direccion, habia un par de luces encendidas. Alli se tomaban todas las decisiones, incluso aquellas que no se podia explicar. ?Por que habian cambiado de parecer y en un tiempo tan corto, ademas? ?Tenia algo que ver con el periodo de reflexion de tres meses negociado por el secretario de Estado?
Aquella forma de actuar era del todo incomprensible. Era totalmente inusitada. ?Que razones se ocultaban tras aquella decision precipitada e inaudita? ?Que podia ser, que el no veia? Swift tenia razon, no bastaba con dejarse llevar por una corazonada. Decidio subir alli con la intencion de que le dieran una respuesta a sus preguntas. Jack intento abrir la puerta de entrada al edificio pero estaba cerrada. Entonces se dijo que era absurdo intentarlo; aunque hubiera alguien, le soltarian el rollo que le habian soltado a Swift sobre los contables de la Corporacion Semath y el ano fiscal.
Siguio andando sin dejar de mirar fijamente la parte superior del edificio y las luces encendidas, y al dar la vuelta a la esquina vio que alguien muy negligente habia dejado una ventana abierta en la planta superior, justo en el angulo del edificio. La luz estaba apagada, pero se veian claramente unas cortinas que ondeaban en el aire nocturno como las velas de un barco que hubiera soltado amarras.
Tal vez lo unico que tenia que hacer, para averiguar por que habian cambiado de opinion, era subir, entrar por la ventana abierta y meterse en algun despacho en busca de una prueba. En el despacho de Brad Schaffer, del Comite de Investigacion y de Exploracion, por ejemplo. Encenderia el ordenador. Abriria una carpeta y encontraria el documento que necesitaba. Que facil parecia. Escalar la fachada, entrar y husmear. No ofrecia ninguna dificultad, pues ni siquiera era un edificio muy alto. En Washington estaba prohibido edificar por encima de una determinada altura, que correspondia mas o menos a la altura de la cupula del Capitolio y del monumento a Washington; asi, desde el centro de la ciudad, siempre se podia ver el cielo y el Capitolio. Unos trece pisos. La Piramide del Transamerica que habia escalado para el anuncio aquel de los bonos tan turbios era muchisimo mas alta. En comparacion, el edificio que tenia ahora ante si parecia cosa de ninos.
Jack se apresuro a volver al hotel mientras el corazon le latia alocadamente, de lo agitado que estaba al verse ya en accion. Quien sabe si no tenia que estar agradecido por haber bebido. La valentia que infunde el alcohol le bastaria si no podia contar con nada mas. Puesto que queria volver a escalar paredes rocosas cortadas a pico, escalar ahora aquel edificio era una buena forma, y rapida, de recobrar el animo. O esto o iba a ser una manera muy facil de matarse.
El recepcionista estaba sentado detras del mostrador leyendo el Post.
– Dame aquel par de zapatos, haz el favor -le dijo Jack.
– No faltaba mas, senor Furness.
Jack se quito el abrigo. Vestia un jersey de cachemir de cuello vuelto y vaqueros. Se sento detras del mostrador y se quito los mocasines y los calcetines.
Se ajusto bien los zapatos Brundle y se levanto, flexionando los pies. Que comodo era el nuevo calzado de Chuck. Puso un pie plano sobre el suelo de marmol y apreto con fuerza. La suela apenas se movio.
– No esta mal -murmuro-. No esta nada mal, Chuck. -Echo una mirada por la parte del interior del mostrador-. ?No teneis tiritas?
El recepcionista saco un botiquin y Jack cogio unas tiritas.
– ?Y no tendreis por casualidad talco?
– ?Talco? -El recepcionista se quedo pensativo-. No, senor. Talco no tenemos. Pero en el gimnasio hay resina. Se la ponen cuando hacen ejercicios en las anillas. ?Le sirve?
Jack hizo un movimiento afirmativo con la cabeza.
– Voy a buscarla.
Jack empezo a envolverse los dedos con las tiritas bien fuerte para que los tendones le quedaran lo mas rigidos posible sin cortar la circulacion. Habia desechado la idea de ponerse guantes. Hacia muchisimo frio pero temia que le impidiesen agarrarse con la suficiente precision y acoplarse perfectamente a la estructura de la superficie del edificio. Lo unico que esperaba era poder llegar arriba antes de que se le entumecieran los dedos.
Llego el recepcionista con una bolsita de resina y se la entrego.
Jack dio media vuelta y se fue hacia la puerta de salida andando agilmente.
– No va a escalar el Obelisco, ?verdad, senor?
– Esta noche no -contesto Jack, y salio precipitadamente a la calle.
En su interior, la voz de la sensatez, aunque no muy audible, insistia en hacerle ver la locura de lo que se proponia emprender. Aunque lograra llegar hasta la ventana abierta, ?que iba a conseguir con ello? ?Donde encontrar lo que buscaba? A aquellas alturas, la expedicion nocturna habia dejado de ser un simple robo perpetrado por un inocente aficionado. Un peso anadido, y decisivo, lastraba ahora aquella escalada, que le ofrecia una ultima oportunidad de seguir con exito su carrera.
Con toda la calma de que fue capaz, paso por delante de las oficinas de la National Geographic sin detenerse. Lo ultimo que podian imaginar los vigilantes es que alguien entrara por una ventana del ultimo piso que resultaba estar abierta. Jack siguio andando. Cuando escalo el Transamerica, planeo hacerlo por el angulo del edificio; era una suerte que la ventana que estaba abierta se encontrara justo en el angulo del edificio de las oficinas de la National Geographic.
Jack echo una mirada en torno a el y, al ver que la calle M estaba desierta, dio un salto y se agarro con una mano al saliente de la primera ventana, que tenia una profundidad de unos ocho centimetros. Lo mas dificil era siempre empujarse hacia arriba haciendo toda la traccion con un brazo. Asio con la mano otro punto de apoyo y subio un pie soltando un grunido tan fuerte que temio que alguien lo hubiera oido. Trepo por el saliente, rozando casi con la cara el cristal frio de la ventana, hasta que estuvo a una altura de unos tres metros por encima del suelo. Respirando trabajosamente despues de este primer esfuerzo realizado, fue reptando por la fachada del edificio en direccion a la ventana abierta situada en el angulo.
El edificio era de cristal, de lineas netas y de una brutal simplicidad. Tenia una estructura de acero, que es por donde podria agarrarse y apoyar las manos hasta llegar arriba. Para el escalador que practica la tecnica de la escalada libre clasica, aquel edificio moderno de cristal era el equivalente de una pared rocosa con fisuras de anchura siempre igual. Habia que recurrir a la tecnica de oposicion o bavaresa y ofrecia una dificultad del 5,9, como la Grieta de la Muerte de la Torre Inclinada de Yosemite. O el Sueno del Relampago de Tahoe. Mejor aun. Entre el marco de acero y el cristal habia una grieta de como minimo dos centimetros. Una grieta inmaculada, sin las huellas dejadas por los lisureros, los clavos, los buriles, los empotradores que habian echado a perder muchas de las mejores rutas de Yosemite. Era unicamente cuestion de insertar los dedos de las manos a ambos lados de la estructura y, con los brazos completamente estirados concentrando en ellos el peso del cuerpo para controlar el centro de gravedad de este, ir empujandose hacia arriba con los pies.
La adherencia del nuevo compuesto de goma era excelente y Jack avanzaba con increible seguridad y rapidez. Con los zapatos Brundle subia como una mosca. Es mucho mejor, se dijo, que mi campo de vision sea tan limitado. Asi no le dejo sitio a la imaginacion, que podria jugarme malas pasadas.
Al llegar casi a lo alto del edificio, noto que hacia mucho mas viento. Ahora si podia ver sin dificultad la colina del Capitolio y el monumento a Washington; las luces de aviso de dos aviones que volaban a ambos lados del
