– ?Lo antes posible? ?Cuanto tiempo nos da?

– Hasta finales de mes.

– ?Hasta finales de mes? -Jack solto una carcajada-. Faltan menos de quince dias para finales de mes, Swift, y organizar una expedicion de estas caracteristicas lleva tiempo. Mucho tiempo. ?Quince dias? Es totalmente imposible tenerlo todo listo en quince dias.

– Venga, anda, Jack. Poder es querer.

Los ojos de Jack revolotearon por la sala y de pronto se quedo mirando fijamente el retrato de Thomas Jefferson. Lanzo un suspiro.

– Como dijo Jefferson, el error es preferible al retraso. ?A que vienen tantas prisas?

Swift se encogio de hombros.

– Los contables solo piensan en el plazo para presentar la declaracion de renta. Incluso nos facilitan mas dinero del que habiamos pedido, Jack. Un millon de dolares. Por no hablar de la cantidad de prendas, aparatos y dispositivos nuevos que quieren que probemos. Ademas, no podemos perder de vista que el periodo de reflexion que han acordado acaba dentro de tres meses. Si pudieramos sacar partido de este acuerdo entre la India y Pakistan, nos seria mucho mas facil convencer a otros cientificos para que vinieran con nosotros.

Llego el camarero con el champan. Swift brindo por las buenas noticias.

– Yo preferiria… -comenzo a decir Boyd, cauteloso-. Si ustedes aceptan que me una a la expedicion, claro. Por supuesto, colaboraria en los gastos. Y llevaria muchisimos aparatos y utensilios nuevos que ya hemos probado en la Antartida. A mi me iria bien que partieramos cuanto antes. Dentro de doce semanas hay una cumbre sobre el control climatico en Londres. No se cual es su opinion sobre los combustibles fosiles, pero mi compania se opone a que la comunidad internacional no tome medidas para reducir las emisiones de gases que son la causa del efecto invernadero. Como minimo hasta que se haya logrado establecer cuanto CO2 puede absorber la atmosfera sin peligro de que se produzca un cambio climatico catastrofico.

– ?Y eso se puede hacer en el Himalaya? -pregunto Swift.

Boyd le explico su interes por recoger muestras de sondaje de los glaciares.

– Es vital obtener unos datos que sean lo mas exactos posible, de lo contrario acabaremos por comprometernos en la consecucion de objetivos innecesarios que con casi toda seguridad tendran un efecto negativo en el crecimiento economico norteamericano.

– ?Y si los datos que obtiene usted no confirman las teorias de su instituto? -pregunto Jack-. ?Que ocurrira entonces?

– Para serle honrado, eso no soy yo quien tiene que decirlo. Yo soy solo un cientifico, Jack. Algun dia los gobiernos tendran que poner fin a las emisiones de CO2. Y cuando lo hagan, saben que va a ser una medida impopular. Impopular es poco. No hay ningun politico que quiera demorar hasta el ultimo momento la adopcion de medidas impopulares.

– Me imagino que funciona asi -intervino Jack-. ?Pero quince dias? ?Tiene usted idea, o tu, Swift, del tiempo que hace ahora alli?

Jack apuro la copa de champan, pensativo, antes de seguir hablando.

– Dejando a un lado los efectos de la altura, tendremos que soportar vientos fortisimos, temperaturas tan bajas que ni siquiera se registran y menos de siete horas de luz al dia. No son precisamente las condiciones ideales para realizar una expedicion cientifica.

Boyd se encogio de hombros.

– Pido disculpas si lo que voy a decir suena como si yo quisiera competir con usted, a ver quien lo ha tenido mas crudo, pero la verdad es que mi viaje a la Antartida no fue lo que se llama una excursion de colegiales que se van a pasar el domingo al campo. Y como ya he dicho, el instituto va a mandar los instrumentos, aparatos y prendas mas modernos. Algunos de los que utilizamos nosotros en el polo fueron elaborados y disenados por la NASA. Son el ultimo grito.

Swift hizo un movimiento afirmativo con la cabeza.

– Yo no pongo ningun inconveniente, senor Boyd. ?Que dices tu, Jack?

Este ultimo miro absorto su copa vacia y asintio, sombrio.

– Por mas piezas que se lleven, nunca se llevan bastantes. Las cosas se tuercen. Ocurre lo imprevisto. En un lugar como el Himalaya todo esto sucede. ?Conque un equipo de la NASA que es lo ultimo de lo ultimo? Puede estar usted seguro de que lo vamos a necesitar. Porque en invierno el Himalaya es un lugar tan frio e inhospito como… como la superficie de Pluton.

Jack tamborileaba con los dedos sobre la mesa.

Cuando Boyd se fue por fin del hotel, el y Swift se sentaron a una mesa del comedor y cenaron esplendidamente. Habria podido disfrutar mas de aquellos platos exquisitos si no le hubiera preocupado tanto el hecho de no hallar una explicacion verosimil al subito cambio de decision del comite. Aquella pregunta sin respuesta le atormentaba insidiosamente como un persistente dolor de muelas.

– Encuentro tu actitud muy perversa -le dijo ella-. Hemos conseguido el dinero e incluso un margen de tiempo.

Jack gruno, estupefacto.

– Me refiero al periodo de reflexion de tres meses. ?Que mas queremos? Nos han regalado un coche envuelto con un lazo de color de rosa y tu vas y quieres revisar los neumaticos.

– Alguien tiene que hacerlo si queremos evitar accidentes.

– No veo por que.

– Las companias no sueltan un millon de dolares asi por las buenas. Hay gato encerrado.

– Pero si ya te lo he dicho, es solo que les ha interesado nuestra propuesta.

– Tu serias capaz de aceptar una subvencion fueran cuales fueran las razones por las que te la concedieran. Si Jimmy Hoffa se presentara con un maletin lleno de billetes, no le harias ni una pregunta. ?Tengo razon o no la tengo?

A Swift le divertia aquella conversacion.

– Puede.

– ?Quien es aqui el perverso, entonces? ?No hay una parte de ti que desee saber la verdad de todo esto? ?Como te puedes lanzar asi, sin ninguna cautela?

– Muy bien, pues. Explicame por que deberia desconfiar. ?Es porque alguien se imagina que el verdadero objetivo de la expedicion es que vamos en busca de un yeti? Si acaso, lo que pienso es que, si realmente lo creyeran asi, esto seria una causa para no darnos un millon de dolares, ?no lo ves tu asi? ?Que indicios tenemos para desconfiar? Por favor, Jack, me gustaria que me contestaras.

– Me huelo que hay gato encerrado. Me lo huelo, pero no puedo explicarlo.

– No pones mucho empeno en ello, que digamos. Soy cientifica. Necesito algo mas que una impresion inexplicable, Jack.

Swift se puso en pie.

– Me voy a la habitacion. ?Vienes?

– No, voy a dar un paseo. Necesito aire fresco para aclararme las ideas.

– Me parece muy bien. Siempre que bebes vino, te vuelves paranoico.

En el vestibulo se despidieron secamente. Cuando Jack iba a salir, el recepcionista le llamo.

– Senor Furness, ha llegado un paquete para usted, senor.

– ?Un paquete? ?Para mi? No espero ningun paquete.

– En la etiqueta viene su nombre, senor.

– Gracias, Harvey.

Desconcertado, Jack se aproximo al mostrador y examino el paquete; en seguida reconocio las senas de la White Fang, su patrocinador. En el interior habia una nota de Chuck Farrell y varios pares de unos pies de gato adherentes de un material nuevo, todos del numero que calzaba Jack. El recepcionista le observaba atentamente. Jack saco un par de pies de gato que se ajustaban con Velero y que eran de colores vivos y estaban adornados con motivos de los indios navajos; se parecian mas a unos mocasines que a un calzado para escalar.

El conserje leyo el nombre que figuraba en la caja de los zapatos.

– Zapatos Brundle -dijo-. ?Que son los zapatos Brundle?

– ?Vas mucho al cine, Harvey?

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