Castorp desanduvo lo andado y desde un lugar seguro, y sin titubear, hizo detonar las cargas con un mando a distancia. La nieve amortiguo el ruido de las explosiones, que no sonaron mas fuerte que una palmada. Al principio la nieve apenas se movio y se pregunto si no habria calculado mal. Pero poco a poco, toda la pendiente, transformada en una enorme losa de nieve y hielo, empezo a desplazarse, como la pasta de avena cocida con leche cuando se vierte en una fuente. Rapidamente aumento de velocidad y de volumen hasta que se convirtio en una ola ensordecedora, una nube de toneladas de restos frios cada vez mas hinchada, como un gran edificio que se derrumba despues de hacer estallar los cimientos.

Cuando todo quedo en quietud y el polvo que flotaba en el aire se hubo disipado, el valle, bajo la luz de la luna, parecia, de tan placido, una estampa de Navidad, y era como si los chinos no hubieran existido jamas. El hombre que los habia hecho desaparecer dio la vuelta y se puso en marcha; de camino al CBA iba cantando:

Aquella noche la luna resplandecia en el cielo,

aunque hacia un frio riguroso y gelido,

cuando aparecio un pobre hombre,

que recogia lena para calentarse durante el invierno.

DIECISIETE

De todas las cosas admirables, ninguna lo es tanto como el hombre.

Sofocles

Hacia un frio cortante. Swift se desperto y vio que Jack le tapaba la boca con su mano enguantada. Estaba todo muy oscuro y apenas le veia la cara, solo notaba su aliento calido, que olia todavia a whisky, cuando le susurro:

– Tenemos compania.

Swift se incorporo bruscamente y por poco le dio un coscorron a Mac o a Jameson, no sabia a cual de los dos; conteniendo la respiracion, escucho con mucha atencion.

Habia cesado de nevar. Hasta el viento habia amainado. Fuera de la tienda la fuerte helada nocturna del Himalaya habia provocado que la nieve se congelara. Oyo que esta crujia bajo las pisadas del visitante que se paseaba por el campamento I.

– ?Sera alguien del CBA? -susurro, esperanzada.

– Esta demasiado lejos y es demasiado peligroso -dijo Jack-. Seria suicida intentar subir hasta aqui de noche.

– ?Seran, entonces, los chinos aquellos?

– Lo tendrian igual de crudo. Estan demasiado lejos. No, no es ninguna persona.

Jameson habia encontrado la pistola e intentaba cargarla con una jeringa. Los pasos se oian ahora mas cerca de la tienda.

– Coge el rifle -le dijo Jack-. Aun esta cargado.

– Demasiado potente. ?Podeis tu y Mac ocuparos de sostener las linternas? Si no acierto a la primera, se acabo. Tengo que dar en el blanco…

Jameson se quedo callado para escuchar un ruido de un ser que husmeaba fuerte el aire de la noche fria en el exterior de la tienda.

– Huele el estofado -susurro Swift-. Huele el estofado de ternera.

– Conque gourmet, ?eh? -comento Jameson-. Esto habla en favor de el. -Metio la jeringa en el canon de la pistola y cerro la recamara-. Listos.

Se oyo como daban un golpe en la pared de la tienda, que se combo cuando un cuerpo inmenso se apoyo en ella. A Swift dejo de latirle el corazon en el momento en que le llego un fuerte hedor a animal.

La criatura volvio a golpear la pared, solo que esta vez el ruido fue acompanado de un estruendo de latas que caian y entrechocaban. Habia encontrado lo que andaba buscando: los restos del estofado de ternera.

Con el frio que tenia, Swift hubiera jurado que era imposible tiritar de miedo, pero se le habia puesto la carne de gallina, como si su piel hubiera sido la primera en reconocer algo que sus oidos y su cabeza tardarian en comprender. Alli fuera habia un animal enorme de verdad.

– Sera mejor que salga yo primero -dijo Mac, que trago saliva ruidosamente aunque no se movio.

Aquel ruido fuerte de algo que rasgaba la lona le dejo paralizado. Era el ruido inconfundible de unas garras. La criatura estaba desgarrando la pared trasera de la tienda, la que estaba detras de Swift, con unas garras mas afiladas que una navaja. Ella evoco la descripcion de los yetis que habia hecho el sirdar, pero no recordaba que hubiera mencionado para nada que tuvieran garras afiladas. ?Era posible que unos antropoides superiores pudieran tener unas largas y afiladas? A juzgar por lo que habia comentado Hurke Gurung, eran tan agresivos que no les faltaba nada para atacar con eficacia.

– Me parece que no es preciso que salgas -le dijo en voz queda a Mac-. Sea lo que sea, esta a punto de entrar.

– Esta a punto de entrar -repitio Jack-. Santo cielo, lo que dice Swift es verdad.

El ruido que hacia el animal al desgarrar la lona de color naranja de la tienda Stormhaven en varias tiras se oia ahora mas fuerte. Swift atisbo algo por una de las aberturas de la lona rota y con toda la serenidad de que fue capaz dijo:

– Mejor dejarle que haga un agujero grande, Miles. No querras disparar a la tienda, ?verdad?

– Preparaos para encender las linternas -les ordeno Jameson.

La luz de la luna penetro en la tienda y con ella una rafaga de aire helado, y a Swift le llego a la nariz aquel olor pestilente, solo que ahora era mas penetrante.

– Espera -dijo entre dientes, porque le castaneteaban de frio y de miedo.

Tenia la sensacion de que el corazon habia dejado de bombearle sangre al cerebro, y se puso tensa esperando que sucediera lo inevitable: que la criatura entrara.

Resono por toda la tienda un grunido grave y despues otro, y luego se oyo como rompia con furia la pared de nailon en la que aparecio un agujero tan grande que Swift pudo salir por el a cuatro patas. Y tan grande, tambien, como para que entrara a cuatro patas un animal. Por un momento no vio nada, salvo la nieve del suelo. A la luz de la luna algo se movio, despacio primero y despues cada vez mas de prisa. Se oyo un grunido mas fuerte, y aquella silueta negra adquirio formas y volumenes mas visibles: algo parecido a una cabeza se metio entre los colgajos de nailon que habia alrededor del agujero de la tienda. De pronto, un ojo amarillo y casi luminoso miro a Swift a los ojos.

– Ahora -dijo-, ahora. -Y se arrojo de bruces al suelo de la tienda para no recibir ella el disparo.

Un segundo antes de que Jameson apretase el gatillo, la tienda quedo iluminada por la luz de las linternas. Se oyo un breve ruido, una tos, semejante al ruido de una ballesta al dispararse, cuando el cilindro de dioxido de carbono que habia en la pistola descargo su reserva quimica. Despues hubo un bramido fortisimo, absolutamente inhumano, cuando la criatura se echo hacia atras, deslumbrada por la luz de las linternas, seguido de un bramido de dolor cuando el dardo la alcanzo. A continuacion oyeron un cuerpo que corria con ligereza por la capa de nieve helada.

Se precipitaron todos en busca de un lugar por el que salir.

– ?Le has dado? -pregunto Jack.

– Creo que si.

– Eso espero -dijo Swift. Mac se reia casi histericamente.

– Que dientes. Que dientes, jo, que dientes. Yo no he visto nada mas que sus dientes. Dios mio, todavia tiemblo. ?Donde caray esta mi camara?

– No es tan grande como yo creia -dijo Jameson.

– Eso lo dices porque no estabas a su lado -le contesto Swift.

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