Jack fue el primero en salir, e ilumino con su linterna la cima del rinon buscando algun rastro del animal. Cerca del corredor, un cuerpo seguia corriendo; su respiracion era fuerte, agitada y estentorea.
– Vuelve a bajar hacia el corredor de hielo -grito Jack-. Corre hacia la montana.
Swift sintio una punzada de dolor. Si salta por la grieta cuando la droga haga su maximo efecto, penso, se va a matar.
Mac, con la camara en la mano, estaba ahora junto a Jack. Disparo varias fotografias y el rinon quedo iluminado por los destellos de las luces del flash, que eran como relampagos. Swift y Jameson se unieron a ellos y entre todos recogieron el material necesario para emprender la persecucion de la criatura. Jameson cogio el rifle Zuluarms por si acaso era necesario efectuar un segundo disparo desde mas lejos.
A cuarenta y cinco metros de alli, la criatura volvio a soltar bramidos, y es que el hidrocloruro de ketamina del dardo empezaba a hacer efecto. A Jameson aquellos bramidos le eran muy familiares, como la voz de un viejo amigo.
– No es ningun antropoide -dijo primero para si y despues lo repitio en voz mas alta dirigiendose a los demas.
Sus ojos avezados repararon en el cansado colear de un rabo largo y musculoso cuando la criatura avanzaba a trompicones por el corredor en direccion a la pared rocosa.
– ?Para! -le chillo-. Santo cielo, es un felino. Un felino enorme.
Con las patas extendidas y la cabeza gacha, el felino les planto cara a sus perseguidores grunendo con rabia. De casi dos metros de largo, con una cola gruesa y larga que semejaba una bufanda de piel, aquel felino de extraordinarias dimensiones tenia un pelaje de color gris palido con unas manchas oscuras como rosetones.
– Hay que ir con muchisimo cuidado -les previno Jameson-. Puede que aun le queden fuerzas para atacar.
– ?Que es? -pregunto Swift mientras avanzaban los cuatro, despacio, hacia el felino, que sucumbia rapidamente al narcotico-. ?Es un leon de montana?
El felino doblo las patas como si aceptara con resignacion su destino.
– Es uno de los animales menos comunes del mundo -dijo Jameson-. Panthera uncia. Un leopardo de las nieves. Pensaba que nunca en mi vida veria un leopardo de las nieves al natural. Por lo general no traspasan la frontera del Tibet. Hay gente que cree que algunos de los grandes lamas se convierten en esta clase de felinos, que viven en las nieves para poder desplazarse por las montanas o para huir de sus enemigos.
El leopardo de las nieves gruno como si expresara su conformidad con lo que acababa de decir Jameson, y se tumbo de lado. Un movimiento lento de la cola y un hondo suspiro le bastaron a Jameson para saber que podian acercarse sin peligro.
– A lo mejor es el lama que huye de los comunistas chinos -observo Mac.
– Fijaos en el tamano de las patas -comento Jameson, pues sus conocimientos especializados de veterinario le habian arrancado una sonrisa de admiracion por aquel animal.
– Es una belleza, si senor -convino Mac, que le hizo una fotografia.
– Es un macho -explico Jameson-. Debe de pesar mas de cuarenta y cinco kilos.
La jeringa se le habia quedado clavada profundamente; le atraveso el abundante pelaje palido hasta alcanzar la masa muscular, justo debajo de su hombro izquierdo. Jameson se arrodillo junto al animal y con suavidad le extrajo el dardo. Tenia los ojos abiertos y las pupilas verticales completamente fijas. Apenas respiraba.
– ?Se pondra bien? -pregunto Swift, angustiada-. Los ojos… parece que se este muriendo.
– Es el efecto de la ketamina -explico Jameson-. Los parpados se quedan abiertos.
El leopardo trago saliva ruidosamente.
– Creo que se recuperara sin problemas. Dentro de media hora, mas o menos, seguramente intentara levantarse. De todas maneras, me parece que me quedare aqui y lo vigilare, por si acaso. No me gustaria que la muerte de uno de los felinos mas escasos del mundo pesara sobre mi conciencia el resto de mi vida. Vosotros podeis volver al campamento. Suerte que hemos montado las dos tiendas, ?eh?
– Pues si es una bestia rara, quiero hacerle fotos. -Mac dio una vuelta alrededor del animal y se arrodillo para conseguir un buen encuadre de la preciosa cabeza del leopardo de las nieves-. Quedate donde estas, Miles. Voy a sacarte a ti tambien.
Jack se volvio para marcharse cuando un ruido de algo que corria por la nieve le hizo detenerse.
– ?Habeis oido? -pregunto.
Jameson se puso en pie y echo una mirada en derredor.
Una sombra fue a esconderse detras de un bloque de hielo.
– ?Otro leopardo?
– Podria ser.
El y Jack iluminaron el rinon con sus Maglites y en un abrir y cerrar de ojos las rocas cubiertas de nieve cobraron vida como por arte de magia. Mac, asustado por lo que veia, solto una exclamacion de terror y se pego a sus companeros. Varios pares de ojos, cada uno de los cuales era como dos lunas verdes que resplandecian en la oscuridad, miraban fijamente el haz potente de una de las linternas.
– Son lobos -dijo Jameson.
Conto ocho. Eran del tamano de un poni pequeno y su reluciente pelaje, moteado de finas manchas de nieve polvo, era del color del granito. El mas grande y el de pelaje mas oscuro de la manada, que era tambien el que estaba mas cerca de ellos, bostezo, hambriento, extendio las patas, bajo la cabeza y se puso a husmear, con el morro pegado al hielo. Jameson advirtio que rastreaba sangre con el olfato y se pregunto si habria habido una caceria. Al mismo tiempo se dijo que la cadena de acontecimientos habria atraido con toda probabilidad a aquellos animales hasta el rinon.
– Deben de ir a la caza del leopardo -dijo.
– ?Como? ?Un lobo zampandose a un leopardo? -pregunto Mac-. Me parece del todo inverosimil.
– Pues que no te lo parezca. Yo he visto a un lobo de un tamano medio arrancar con los dientes los barrotes de una jaula construida para encerrar en ella a perros domesticos rabiosos. Tiene una fuerza increible. En Zimbabwe es muy corriente que una manada de hienas se enfrenten a un leon y lo obliguen a soltar su presa.
– Dejate de rollos, que no estamos para escuchar videos del National Geographic -le atajo Jack-, y dinos que vamos a hacer ahora. Estos cabrones me dan mala espina.
Jameson se descolgo el Zuluarms del hombro y doblo el canon para extraer la jeringa Cap-Chur, pero dejo el casquete de percusion dentro.
– No parece que nos tengan miedo -senalo Swift justo cuando otro lobo asomaba por el bloque de hielo.
– Me imagino que no habran visto a demasiadas personas -comento Jack-. A decir verdad, yo nunca habia visto lobos en esta zona del Himalaya.
– Por Dios, dispara de una vez -le apremio Mac.
– Tu eres el que tiene miedo de los aludes -dijo Jameson con sarcasmo-. Dime, Jack, ?corremos algun peligro?
Jack alzo la vista y echo una ojeada a la pared escarpada. Seguramente estaban lo bastante lejos como para poder salir ilesos si se desprendia un alud provocado por causas naturales. ?Pero que decir de un alud producido por un disparo? Era dificil prever las consecuencias.
– ?Que alternativa tenemos? -pregunto-. ?Nos atacaran?
– Mientras nos mantengamos unidos, lo mas probable es que no nos hagan nada. Pero no podemos quedarnos toda la noche aqui.
– ?Que os parece si nos cogemos de las manos, formando un cuadrado con los brazos extendidos, y volvemos al campamento? Alli tenemos fuego. Los podriamos ahuyentar -apunto Jack.
– ?Y el leopardo? -pregunto Jameson-. No podemos dejarlo aqui para que lo devoren.
– ?Se te ocurre algo mejor?
– No.
– Pues entonces, andando.
Juntaron las manos, con los brazos extendidos, y se pusieron en camino; Jameson andaba de espaldas y cubria la retaguardia. Los lobos los miraron fijamente un momento, y en seguida uno de ellos lanzo un fuerte grunido y fue a morderle la pierna a Jack, que le dio un puntapie y, dando un grito, detuvo a sus companeros.
