– Esta visto que mi idea no sirve.

– La verdad es que a mi no acababa de gustarme -observo Jameson.

Jack volvio a mirar atentamente la pared escarpada. Alli arriba habia acumuladas tal vez unas dos mil toneladas de nieve. Pero ahora no parecia que hubiese otra alternativa.

– Muy bien, dispara.

A Jameson no hubo que pedirselo dos veces. El jefe de la manada se le acercaba muy decidido. Apunto el rifle justo a la cabeza del lobo y disparo. En la cima del rinon el disparo sono como un obus.

El lobo dio un espantoso aullido de terror, pego un salto hacia atras y se alejo corriendo; los demas huyeron en desbandada por delante de el. Jack volvio a clavar los ojos en la pared escarpada y luego miro a los lobos.

– Otra vez -dijo.

Jameson cargo otro casquete y volvio a disparar para que la manada de lobos huyera mas de prisa. Dio la sensacion de que el disparo rebotaba en la pared escarpada, como si buscara provocar un desprendimiento. Pero esta vez los lobos corrian y corrian, mas aterrados aun que antes.

– Gracias a Dios -exclamo Mac-. Por un momento he pensado que me iba a convertir en el desayuno de uno de esos perros malvados.

– Los muy bastardos puede que hayan olfateado el rastro del leopardo desde una distancia de cien kilometros -comento Jameson.

– Se muy bien como deben sentirse -dijo Swift-. Esta vez no he dudado ni por un momento de que ibamos a tener suerte.

– Esta vez hemos tenido mucha suerte -repuso Jameson, que cargo otro casquete y escudrino el rinon con la mirada.

Pero los lobos se habian ido.

– Me referia al yeti.

– Ya -dijo Jameson-. Pero ahora eres una cazadora. Tendras que aprender a armarte de paciencia si quieres que esta expedicion se salde con exito, ?sabes?

Jack echo una ojeada al reloj y despues al felino anestesiado.

– Son las cinco, dentro de poco amanecera.

– ?Le apetece a alguien una taza de te? -pregunto Mac-. Despues de todos los nervios que he pasado, un te me sentaria de maravilla.

– Voy a esperar aqui un rato -dijo Jameson-. Vigilare al leopardo hasta que recobre el conocimiento. Quiero asegurarme de que esta en perfectas condiciones, por si a los hermanos de Mowgli se les ocurre volver por aqui.

Jack se desperezo.

– Voy a acostarme. No podemos hacer gran cosa hasta que vengan los sherpas con uno de los trajes espaciales de Boyd.

Cuando los sherpas, con Ang Tsering a la cabeza, llegaron al campamento I procedentes del CBA, era ya media manana. Con bastante diferencia de tiempo, aparecieron Byron Cody y Jutta Henze. Habian efectuado la ascension sin incidentes aunque con un viento helado, que estuvo levantando nieve constantemente; al final, a Byron Cody se le congelo la punta de la nariz, y los pies le dolian como si tambien se le hubieran congelado. En cuanto se hubo quitado la pequena mochila, Jutta Henze lo acompano a la tienda que seguia intacta, le tapo la nariz con vendas para, por lo menos, mantenerla caliente, y le dio unos antibioticos. Despues le puso una inyeccion de dextran de bajo peso molecular.

El paciente de Jutta salio de la tienda bostezando exageradamente; ninguno de los gorilas que habia observado a lo largo de su vida habia abierto jamas la boca de aquel modo.

– Tenias que haberte quedado en la cama -le dijo Jack.

– Lo siento. Anoche apenas dormi.

– Yo creia que tenias intencion de ir a ver a los chinos -comento Jameson.

– Tsering tiene razon, lo mas seguro es que sean desertores. Ademas, no queria perderme nada de lo que sucediera aqui arriba.

– Lo que vas a perder, me parece, es la punta de la nariz -observo Jutta-. Si no veo mejoria en el dia de hoy, tendras que bajar al campamento base y ser tratado con oxigeno y un anticoagulante.

– ?Donde esta Hurke? -le pregunto Jack a Jutta-. Yo contaba con el.

– Hurke queria subir, desde luego, pero yo no le he dejado. Ha tenido un shock muy fuerte. No puede quitarse de la cabeza lo que ha ocurrido. Y si es incapaz de centrarse en lo que hace y esta con la cabeza en otra parte, no puede subir hasta aqui.

Jack, consciente de que era inutil discutir con la alemana, asintio. En su tono de voz se detectaba tanto sentido comun, tanta sensatez, que le parecio muy natural aceptar su decision de que fuera Ang Tsering quien encabezara el grupo de los sherpas que se traslado al campamento I.

– Vendra esta tarde. Pero solo si esta en condiciones.

– Has hecho bien, Jutta. Tienes toda la razon del mundo. A esta altitud, el mas ligero error te cuesta casi siempre la vida.

Vio que Ang Tsering estaba bebiendose con avidez su sexta o septima taza de te tibetano y charlando con Mac. Los sherpas siempre bebian grandes cantidades de te, sabedores de que la fatiga extrema que le acomete a uno en la alta montana es con mas frecuencia debida a la avidez con que el cuerpo reclama los liquidos perdidos. El te tibetano se hervia con sal y mantequilla y tenia un sabor al que habia que habituarse, pero Jack no lo habia conseguido nunca. Que a Mac, por lo visto, le gustara aquella bebida casi tanto como al sherpa era del todo incomprensible.

– Delicioso -dijo el escoces haciendo una mueca y lamiendose los labios con avidez.

– En cuanto te parezca que los chicos estan listos, vamos a bajar por el corredor -le dijo Jack a Tsering.

El sirdar ayudante asintio lentamente y cogio un cigarrillo de Mac.

– ?Ha habido problemas con ellos esta manana?

– Naturalmente -contesto Tsering encendiendo el pitillo con el mechero de Mac-. La perdida de tantos amigos intimos les confirma sus expectativas de que ir a la caza de un yeti es exactamente lo mismo que buscarse problemas. Han quemado incienso antes de marcharse del CBA. Y hemos tenido que pararnos varias veces en el camino porque querian rezar plegarias. Sin duda, le suplicaban a los dioses buena salud para poder gastarse el dinero extra que Boyd sahib les ha dado a todos para que no abandonen la expedicion.

– Conque eso ha hecho, ?eh? -Jack hizo un movimiento con la cabeza como diciendo «ya, ya».

Boyd habia sido un critico acerrimo de la mision que habian planeado llevar a cabo, pero no se podia negar que era un hombre muy capaz. Por no hablar de su facilidad en rascarse el bolsillo para atajar cualquier problema que surgiera entre los porteadores. Alli arriba, si los porteadores se iban, podia darse la expedicion por terminada.

– Eran billetes nuevos, ademas -anadio Tsering-. Los chicos prefieren los billetes nuevos, por supuesto, y Boyd lo sabe. Si tengo que decir la verdad, con la cantidad de dolares de que dispone, se diria que Boyd los fabrica el mismo. Menos mal que somos gente honrada. Yo, en su lugar, tendria mucho miedo de que intentaran robarme.

– Yo no me preocuparia por Boyd -le dijo Jack-. El sabe cuidar de si mismo.

Jack se desnudo detras de la tienda rota y se dio un bano rapido, frotandose el cuerpo con nieve; despues de secarse energicamente, se puso la ropa interior especial. Luego Mac y Jameson le ayudaron a meterse en el traje espacial de una sola pieza por una abertura de acceso, que quedo a la vista cuando abrieron la mochila que estaba precintada con un material impermeabilizado y que contaba con un sistema que la hacia apta para sobrevivir en la Antartida. Despues de ajustar el largo de las mangas y de los pantalones a la talla de Jack, encajaron las bayonetas metalicas de las dos mangueras de aire acondicionado en sus receptaculos, situados en la parte anterior del traje. Luego hubo que encajar los conductos conectados a la ropa interior, que se mantenia caliente con agua; el agua, que se calentaba en la mochila, circulaba a traves de una diminuta red de tubos microscopicos fijada en la tela. Jameson y Mac empalmaron cada conducto en el lugar que le correspondia segun las sencillas instrucciones que venian con el traje.

Вы читаете Esau
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату