de aluminio, fue uno de los momentos mas peligrosos de la escalada. En cierto modo, el hecho de que no viera nada bajo sus pies, pues el fondo estaba sumido en la oscuridad, le facilitaba las cosas: la altura y la caida potencial, y por tanto el peligro, eran imposibles de cuantificar. Aunque penso que nunca volveria a ser capaz de caminar por uno de aquellos puentes de escaleras colgantes. Al notar que tocaba la cornisa con el pie, alzo la vista, miro al cielo azul, como el Danubio azul, y vio con claridad lo arriesgado que era cruzar una grieta tan monstruosa como aquella. Por no hablar de saltar por ella a ciegas y dejarse caer sobre la cornisa oculta. Hay que tener fe ciega, habia dicho Mac; y en realidad asi era. Imaginar a los dos yetis saltando desde tamana altura le hizo comprender la capacidad de aquellas criaturas legendarias para no dejarse cazar nunca.
– Ya estoy abajo -dijo-. Soltad un poco de cuerda.
– Muy bien -contesto Swift.
Jack se quedo un momento callado; tiro de la cuerda y abrio el mosqueton del arnes de cintura por el que pasaba el cabo. No tenia ni idea de cuanto tendria que andar y corria el peligro de que la cuerda se enredara o hasta que se congelara y le hiciera tropezar. Era mejor confiar en los crampones y en el piolet.
– Ya estoy desatado.
Se volvio para contemplar la ruta. No cabia ninguna duda sobre que debia hacer. A la izquierda, la cornisa desaparecia bajo unas enormes estalactitas que se adentraban en la oscuridad como si fueran los tubos de un organo. Encendio un momento la luz halogena. A la derecha, la cornisa tenia unas formas tan bien definidas que casi parecia un camino de verdad; hasta donde alcanzaba la luz, a unos veinte o veinticinco metros, era muy recta. Aqui y alla en las capas de hielo y nieve se veian unas franjas de formas y dibujos fantasticos que el creyo que eran cenizas volcanicas.
– A Boyd le entusiasmaria -dijo un poco impresionado por todo lo que le rodeaba-. Jamas habia visto un hielo mas extrano.
Volvio a cambiar de luz y echo a andar.
– Bueno, pues voy para alla. Tengo la impresion de que soy uno de los siete enanitos.
– ?Cual de ellos?
– Atontado, supongo. Hay que estar atontado para hacer lo que hago.
– Tu lo has dicho -intervino Mac.
– Gracias, Reganon. Gracias a Dios que llevo ropa interior con calefaccion. Por el momento estoy estupendamente. Como si estuviera dando un paseo.
La cornisa era recta a lo largo de unos cien metros y despues empezaba a girar hacia la izquierda. Arriba, la abertura de la grieta se estrechaba. Jack comprobo el funcionamiento de la brujula en el panel de control del traje.
– A partir de aqui la ruta va hacia el oeste. Hay una pendiente muy suave que baja. Lo mas extrano, sin embargo, es que el hielo de la pared tiene unas marcas tan finas que parece el pellejo de un animal.
Con los crampones atados a las botas no hubiera podido mantener el paso regular. Anduvo otros doscientos metros apoyandose en el piolet como si fuera un baston; lo cogia por el pico con su mano izquierda enguantada y clavaba el regaton del mango en el hielo, cerca del precipicio. El angulo de la cornisa hacia que el se decantara hacia la pared y tenia que apoyarse en ella casi constantemente con la mano libre para mantener el equilibrio. Al cabo de quinientos o seiscientos metros dejo de verse el cielo por la abertura, que se cerraba y que cada vez estaba mas cerca de su casco. Jack, que conocia bien el Himalaya, supo que la boca de la profunda grieta habia quedado parcialmente tapada por un alud.
– Se acabo la luz del sol. A partir de ahora nos adentramos en la gruta de algun rey de la montana. Esperad un momento -anadio-. ?Que es esto?
Habia algo en la cornisa que estaba inclinado, y al principio creyo que era una estalactita. Redujo el paso mientras pugnaba por ver que era en la oscuridad. De pronto se detuvo en seco. ?Era su propia imaginacion o habia alli una figura de aspecto vagamente humano? Encendio la luz halogena para ver mejor y le parecio distinguir una cabeza y un brazo. Fuera lo que fuera, parecia estar esperandolo.
– Aqui enfrente hay algo.
– Jack -dijo Swift-. Por favor, se muy prudente.
– Estoy desenfundando la pistola, por si acaso.
Con la pistola hipodermica en la mano, se dispuso a dar unos pasos hacia adelante, muy despacio.
– Veo algo que parece una cabeza, y tambien un brazo -explico-. Pero no se mueve nada.
– ?Jack? Soy Miles. Recuerda que si disparas desde una distancia de mas de quince metros puedes no dar en el blanco. Y en la jeringa hay anestesia para abatir un yak.
– Mejor -susurro Jack-. Porque las palabras que se me han ocurrido de forma automatica son escopeta de balines y rinoceronte.
– En cuanto estes lo bastante cerca, Jack, dispara.
– Muy bien. Tiene un aspecto del todo humano. Senor, y que grande es. Debe de tener una estatura de unos dos metros, o dos metros y medio. Sigue sin moverse. Y tampoco hace ningun ruido. Debe de estar a unos veinte metros, o veinticinco. Me estoy acercando mas.
– Jack, soy Byron. Si la descripcion de Hurke es verdadera, el comportamiento del yeti es muy semejante al del gorila, asi que es muy probable que este quieto para despistar y este esperando a atacarte.
Jack, considerablemente asustado, se detuvo.
– ?Que caray has querido decir? ?Tengo tambien que estarme quieto?
– Lo mas seguro es que te este observando, porque has despertado su curiosidad. No te toques el pecho. Creera que te lo golpeas y los grandes gorilas lo consideran una senal de excitacion o de alarma.
– Conque de excitacion o de alarma, ?eh? -En el interior del traje espacial y amplificados en parte por el microfono que habia debajo de su nuez de Adan, los latidos de su corazon hacian el mismo ruido que unos bongos-. No se de donde habras sacado tu eso.
– Sobre todo no hagas ningun movimiento brusco… ninguno.
– Estupendo.
Jack avanzo unos centimetros sosteniendo el arma como si fuera un talisman. Confiaba en no tener que servirse del piolet para defenderse. Aunque hasta que la ketamina hiciera efecto, tendria que defenderse con el piolet o bien quedarse inmovil, tumbado en el suelo, e intentar clavarle las puntas de acero cromado al yeti.
– Lo tengo casi a tiro -dijo apuntando con la pistola lo que el creia que era el hombro del animal. Al menos, si le atacaba ahora, le seria imposible no dar en el blanco.
– Diecinueve metros… Dieciocho… sigue sin moverse y sin hacer ningun ruido… a lo mejor se cree que no lo veo… diecisiete metros…
– Vas demasiado de prisa, Jack -dijo Cody-. Quedate quieto un momento.
Jack se detuvo. Ahora lo distinguia con mayor claridad. Aquella criatura parecia mucho mas humana de aspecto de lo que el se habia figurado. A decir verdad, no se la habia imaginado asi en absoluto. Ciertamente era muy distinta a la que habia visto en el collado norte del Everest.
Y, sin embargo, habia en el algo mas siniestro. La ausencia de cualquier tipo de movimiento le conferia un aspecto mucho mas terrorifico.
– No es ningun simio, no lo parece para nada -dijo-. Sigue sin moverse. Que extrano es esto.
– Jack, soy Miles. Una distancia de diecisiete metros es suficiente para disparar a un blanco que esta quieto. Pero apunta un poco mas arriba.
– Quieto no es la palabra. Tal vez lo que esta es dormido.
– Jack, soy Byron otra vez. Creo que deberias retirarte. No me gusta nada todo eso. Es la conducta defensiva clasica de los gorilas que viven en las montanas. Te esta tendiendo una trampa. Alejate, por favor.
– Creo que voy a acercarme un poquito mas y luego me voy.
– Vete ahora, Jack, ahora -dijo Miles.
A menos de diecisiete metros, Jack disparo. Vio como el dardo se clavaba en el hombro de la criatura, que estaba al descubierto. Pero, para gran sorpresa suya, siguio sin moverse ni lo mas minimo y sin hacer el menor ruido, como si fuera insensible.
– No entiendo que ocurre -les dijo a los de arriba-. Le he disparado, veo el dardo clavado en su hombro, pero sigue sin pasar nada.
– Calculo que tarda varios minutos en hacer…
– No, no. Me refiero a que es como si fuera insensible.
