Al darse cuenta de que estaba a punto de caer en lo morboso, Jutta esbozo una sonrisa resplandeciente.

– Espero que tengas razon, Miles. Seria fantastico capturar ese animal, ?verdad?

– Si. Seria como descubrir un dinosaurio vivo.

– Seria muchisimo mas interesante. No estamos emparentados con ningun animal de sangre fria. Al menos, no somos parientes cercanos de ellos. -Hizo una mueca con pilleria-. Salvo Jon Boyd, tal vez. El no es nada optimista respecto a nuestras posibilidades de capturar un yeti.

– Si, me encantaria capturar un yeti, aunque solo fuera para ver la cara de Boyd cuando lo sacaramos de la red.

– O mejor aun, cuando lo metieramos a el en una red junto con un yeti.

Jameson entorno los ojos.

– Como me gustaria -murmuro.

– No tendria mas remedio que aceptarlo.

Pero Jameson estaba cavilando otra cosa.

Dejo lo que estaba haciendo y subio por la escalera hasta lo alto de la pared de hielo.

– ?Adonde vas?

– A echar un vistazo a la grieta. Se me acaba de ocurrir una idea. ?Van a traer los chicos el resto del material esta tarde?

– Si. ?Que clase de idea?

– Digamos que es mi Magic Johnson.

La grieta estaba ahora completamente a oscuras. Jack andaba con mucho tiento por la cornisa, sin mas luz que la del casco; el techo, abovedado, era de hielo compacto y tenia conos minusculos, como los altavoces de un estudio de grabacion o de una sala de conciertos, o como cristales de sal o de azucar aumentados centenares de veces. Jack decidio que la vista de un yeti debia de ser mucho mas aguda que la de los seres humanos, una observacion que le transmitio a Byron Cody por radio.

– Lo que dices es muy interesante, Jack -comento el zoologo especializado en primates-. El resto de los grandes simios, sin excepcion, son criaturas diurnas. Si el yeti fuera un animal nocturno, se trataria de un caso excepcional. Por otro lado, al no haber grandes predadores que representen para el una amenaza por la noche, debe de haber evolucionado para poder beneficiarse de esta ventaja. Tal vez hasta para convertirse el mismo en una especie de predador.

– Vaya, que tranquilidad me da saberlo ahora que estoy caminando en la oscuridad -ironizo Jack-. Aunque eso podria explicar por que los hombres han visto tan pocos yetis.

– Hay otra posibilidad -senalo Swift-. Y es que los yetis se hayan convertido en animales nocturnos justamente para rehuir el contacto con el hombre. Si las historias que cuentan los sherpas son ciertas, el hombre puede haber sido el principal enemigo del yeti.

Al escuchar la teoria de Swift, Jack recordo un siniestro trofeo que habia visto una vez cuando participo en la expedicion que escalo el Himalaya.

– En Pangboche hay un pequeno templo budista -explico-, en las estribaciones del Everest. Por unas pocas rupias el lama te ensena algo que, segun se afirma, es el cuero cabelludo de un yeti. Y tambien en Khungjung, que esta en la misma zona, a una distancia de trescientos metros. Pero si las cosas no se desarrollan como…

De pronto se encontro con que la cornisa formaba una cuesta muy empinada, que giraba bruscamente hacia la derecha. Tan empinada, en efecto, que era imposible subir por ella sin la ayuda de puntos de agarre tallados con el piolet y quiza de unos cuantos tornillos. A un lado, la pared era completamente lisa, mientras que en el otro estaba el precipicio que desaparecia en la oscuridad. Con el piolet golpeo el suelo de la cornisa y la hoja de molibdeno cromado reboto contra el hielo duro como una roca. La pared no resulto menos compacta. Intento clavar un tornillo y despues una clavija, pero no lo consiguio.

– Parece que voy a tener que escalar un poco -dijo-. Solo que no tengo ni idea de como voy a poder hacerlo. Nunca habia visto un hielo tan duro como este.

Se puso el piolet debajo del cinturon, metio el martillo y los tornillos en la bolsa y paso la mano por la pared. Por fin encontro algo: entre el suelo que subia empinado y la pared habia un espacio de unos cinco centimetros, suficientes para emplear la misma tecnica de escalada, que no admitia ningun error por minimo que fuera, que utilizo para escalar el edificio de la National Geographic. Llamada bavaresa, esta tecnica implica desplazar el centro de gravedad del cuerpo hacia atras agarrandose con las puntas de los dedos a las rendijas ocultas de la pared y despues ascender sobre las puntas de los crampones.

– A los peludos esos hay que reconocerles una cosa -dijo con un grunido mientras intentaba escalar haciendo una serie de movimientos fluidos y continuos entre un punto de apoyo y el siguiente-. Y es que su tecnica para escalar las montanas es perfecta. Desde luego, bajar por esta suave pendiente… va a ser… mucho mas divertido que subir por ella.

Llego arriba jadeando por el tremendo esfuerzo y sus ojos vieron algo extraordinario.

Estaba en la entrada de una enorme caverna cuyas paredes heladas eran altisimas y reflejaban debilmente la luz de un lejano disco de cielo azul. A unos cien metros, al otro lado de una pista de asalto hecha de bloques de hielo de tamano corriente y quiebras diminutas, vio la salida de la caverna, un enorme portal de hielo que, erosionado por el viento, era de una forma parecida a un ocho y media dieciocho metros de alto. Se alzaba alli un extrano y gigantesco grupo de pinaculos blancos, que resplandecian a la luz de media tarde y que rodeaban un espacio mas reducido y exclusivo, como si fuera un santuario, que no era de hielo blanco sino de color verde y de nieve.

– Acabo de descubrir algo -les anuncio a los demas-. Debo de haber salido por el otro lado del Santuario, por la parte occidental del Machhapuchhare.

Salto de un bloque a otro y finalmente piso un suelo lleno de morrenas (los aluviones arrastrados y depositados por el glaciar), en el cual habian trazado ya un sendero muy deficiente. Con la sensacion de estar a punto de descubrir algo importante, echo a andar rapidamente hacia aquella salida de la caverna de forma fabulosa que parecia sacada de un libro de leyendas.

– Hay un pequeno valle de no mas de un kilometro y medio cuadrado oculto tras un circulo reducido de picos. Es un lugar increiblemente bien protegido. Y al parecer hay vegetacion. Si. Es fantastico. Cuanto me gustaria que pudierais verlo. Yo jamas habia visto nada parecido.

Cruzo la salida en forma de ocho y se encontro en el limite de un bosque frondoso de pinos y de rododendros gigantes. Habia oido decir que en los paises mas remotos que limitan con la frontera del Nepal, como Sikkim y Zanskar, existen bosques de gran altura, pero ignoraba que tambien los hubiera en aquella zona montanosa. En muchas ocasiones Jack creia que lo sabia todo sobre el Himalaya, pero esta vez no era una de ellas. Maravillado por lo que veia, intento describirlo por radio a sus companeros.

– Hay abetos blancos del Himalaya, abedules, enebros y arbustos de coniferas que nunca habia visto. Y los rododendros son absolutamente increibles. He visto algunos que median diez metros de altura, pero estos deben de medir quince. Y son muy frondosos. Esto parece mas una selva tropical que un paisaje alpino.

Miro el cielo y, al hacerlo, el plastico fotocromico del casco fue oscureciendose con la luz del sol; entonces vio una enorme ave rapaz, que le parecio que era un buitre del Himalaya que sobrevolaba el valle desde muy alto en busca de alimento.

Oyo un ruido de algo que correteaba cerca de donde el estaba. Era una liebre pequena, casi mansa.

– Hay tambien vida animal. Acabo de ver un conejo. Si el yeti tiene un habitat natural, estoy seguro de que es este. Swift, lo hemos encontrado.

– Jack, soy Byron. Odio ser aguafiestas, pero tengo que advertirte una vez mas de que debes extremar las precauciones. Si este habitat es tan parecido a una selva tropical como dices, es de suponer que hay bastantes probabilidades de que el yeti se comporte como cualquier gorila de montana. Abrirte paso entre una vegetacion alta y frondosa con el traje espacial que llevas podria ser muy peligroso. Sobre todo si los yetis estan con sus crias. Y tambien si han aprendido a tratar al hombre como a un enemigo, porque entonces cabe esperar que defiendan su habitat con muchisima agresividad. Jack, bajo ningun concepto debes intentar encontrar una guarida. Los gorilas de las montanas colocan comunmente centinelas, que vigilan y protegen al resto del grupo. Lo mas probable es que ya te hayan avistado, pero no reaccionaran a no ser que consideren que eres una amenaza para ellos.

– Lo que tu digas, Byron, tu eres el experto. Pero me parece un pecado volver ahora, despues de haber

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