– Si tiene una piel gruesa y mucha grasa, porque para sobrevivir en estas montanas hace falta tener mucha grasa, sentira como si le hubieran hecho una pequena herida -explico Jameson-. Para un animal de este tamano el impacto del dardo habra sido como una picada de pulga.

– Un momento. Voy a acercarme para verlo mejor.

– Jack, no -protesto Swift.

Dio unos pasos y fruncio el entrecejo.

– Creo que no pasara nada. Me parece que sea lo que sea lleva mucho tiempo muerto.

Estaba lo bastante cerca como para tocarlo si alargaba el brazo. Jack enfundo la pistola y empezo a sacudirle el hielo y la nieve que le cubrian el cuerpo. La cabeza cayo lentamente hacia atras. El pelo que se veia entre la nieve, que formaba como un mosaico, era rubio. La boca, ligeramente abierta, dejaba al descubierto unos dientes mellados y manchados de nicotina. Y los ojos abiertos, en un rostro que parecia casi vivo. Ojos azules. Que le miraban fijamente. Como si fuera…

Jack lanzo un grito de espanto y echo a andar hacia la pared de hielo.

– ?Que ocurre, Jack? -dijo una voz dentro de su casco-. Jack, ?estas bien?

Mareado y temblando de la impresion, Jack se dejo caer en la cornisa de hielo y respiro hondo y agitadamente el aire caliente que circulaba dentro del casco. Si hubiera podido tocarse la cara, se habria enjugado el sudor frio que de repente le cubrio la frente. Era como si le hubieran dado un punetazo en el estomago. Y ahora se habia disparado el mecanismo del recuerdo y volvia a revivirlo todo. Los ultimos segundos antes del alud que le arrastro montana abajo y mato a su amigo y companero de cordada. Aqui estaba, colgado al reves sobre la cornisa, incrustado en la nieve y el hielo compactos que le habian arrojado alli meses atras.

Como un guante extraviado.

Jack se puso en pie, aturdido, y sacudio un poco la nieve que cubria el rostro sin vida de su amigo. Aunque no parecia un rostro sin vida. No tenia ni un rasguno, ni una magulladura, nada. Mas bien parecia que estuviera posando, muy quieto, para que le hicieran una fotografia. Como si solo necesitara frotarse las manos para volver a la vida. Como si en cualquier momento fuera a arrancarse los numerosos carambanos de hielo adheridos a la barba y romper a hablar.

Al fin contesto a las voces que le llamaban insistentemente dentro del casco.

– Didier -suspiro.

Sentado en la tienda a prueba de tormentas que habian montado en el corredor de hielo, en lo alto del glaciar, Byron Cody se encogio de hombros.

– ?Quien es Didier? -pregunto.

– Didier Lauren -dijo Swift-. Le mato un alud la ultima vez que Jack y el subieron aqui. El mismo alud que arrastro a Jack hasta la cueva donde hallo a Esau debio de arrojar a Didier al interior de la grieta.

– Senor -exclamo Jameson-. Que manera mas terrible y solitaria de morir.

– Tu tambien le conocias, ?verdad, Mac? -pregunto Swift.

Mac emitio un grunido afirmativo y quemo el extremo del cigarrillo sin ningun entusiasmo y con mucha amargura.

– No es el primer amigo mio que se ha matado en estas montanas. Y seguramente no sera el ultimo.

– Llevar tanto tiempo sepultado bajo la nieve -comento Cody.

– Yo tambien conocia a Didier -dijo Jutta-. Era un buen alpinista. Pobre Jack, haberlo encontrado en estas circunstancias.

– ?Jack? -dijo Swift-. ?Estas bien?

– No te lo vas a creer -dijo Jack enfurecido-. Le han robado el reloj y la sortija.

– Quiza los perdio cuando fue arrastrado por el alud -apunto ella.

– Era el reloj que le dieron los patrocinadores, Rolex Oyster Explorer. Fuimos los dos a Londres para recogerlos antes de venir aqui. Y la sortija casi le apretaba. Ademas, llevaba guantes.

Byron Cody se quedo pensativo un momento, y recordo la extrema curiosidad que los gorilas de las montanas mostraban por objetos extranos. Cogio la radio y dijo:

– Jack, soy Byron. Aunque no es mas que una idea, se me acaba de ocurrir que un gorila con el que trabaje me robaba con mucha frecuencia las llaves del coche y las gafas. O cualquier objeto brillante. Podria ser que uno de los yetis hubiera cogido el reloj de Didier.

– Asi que ahora ya sabe a que hora tiene que venir para verme cagado de miedo, ?eh?

– Jack, soy Miles. Mira, olvida lo del reloj un momento. Te has quedado sin el unico dardo hipodermico que tenias. Quiero que lo extraigas del cuerpo de tu amigo y que le eches un vistazo.

– Muy bien, pero ?para que?

– Cuando la jeringa alcanza el objetivo, la presion contra la aguja hace que un peso minusculo situado en la parte posterior de la carga presione a su vez un pequeno resorte. La punta afilada del peso atraviesa un precinto provocando que el embolo salga disparado hacia adelante y descargue la anestesia. Es muy posible que no haya ocurrido nada de todo esto porque el cuerpo de Didier debe de estar congelado y rigido, y que la ketamina siga en la jeringa. ?Lo entiendes?

Jack extrajo la jeringa Cap-Chur del hombro de su amigo y la examino detenidamente a la luz amarilla. Con los guantes y el casco, poca cosa podia decir del estado del dardo, aparte de que parecia intacto. Y asi se lo comunico a Miles Jameson por radio.

– De todos modos, coge el dardo y cargalo otra vez en la pistola -le dijo Jameson-. Podria ser mejor que nada.

– Quiza deberias volver -opino Swift.

Jack consulto la unidad de control del traje. Llevaba mas o menos una hora en el interior de la grieta. Le quedaban todavia muchas mas, diez por lo menos, antes de quedarse sin energia.

– Negativo. Voy a seguir explorando. En el traje queda todavia muchisima gasolina. Y ademas estoy perfectamente. El objetivo de esta caminata espacial no era capturar a un yeti sino intentar localizar su madriguera, o como se llame el refugio de los grandes simios.

– Se llama guarida -dijo Cody.

Jack cogio el piolet y se puso en marcha en silencio prometiendole a Didier que, pasara lo que pasara, no lo dejaria alli.

– Decidles a los chicos que monten la camilla. Cuando vuelva, me lo llevare de aqui.

Hustler. Me temo que la cuestion china ya no tiene ninguna importancia. Esta manana he ido alli para controlarles y me he encontrado con que un alud habia sepultado su campamento. Uf. No hay supervivientes. Pero quiza sea mejor asi. A pesar de lo que dijiste, aquellas pendientes me daban mala espina. Entretanto he caminado de un extremo a otro del santuario, pero sin ningun exito. Castorp.

Movidos por el afan de hacer algo util, Miles Jameson y Jutta Henze salieron de la tienda y montaron una camilla de rescate Bell. Construida con un tubo cuadrado de acero reforzado y equipada con una almohada para reclinar la cabeza, correas para atar el pecho y las piernas y esquies de plastico, el cometido de aquella camilla era, llegado el caso, transportar un yeti anestesiado hasta el CBA en un helicoptero que vendria desde Pokhara.

– Pensaba que la precisabamos para transportar un yeti -observo Jutta-, y no un cadaver.

– No te preocupes que ya capturaremos uno -le dijo Jameson.

– Me parece que eres muy optimista.

– Para cazar animales salvajes, mi querida Jutta, hay que serlo. Pero yo creia que tambien habia que ser optimista para ser alpinista. -Senalo con un movimiento de cabeza la implacable cara sur del Annapurna y explico-: Quiero decir que hay que ser muy optimista para pensar que se puede escalar eso.

Jutta sacudio la cabeza.

– No, yo soy pesimista. En un lugar como este, el optimismo puede facilmente llevarte a la tumba. Mi marido era optimista, como tu dices. Exagero, se exigio a si mismo mas de lo que podia. Pero no se puede hacer nada para cambiar a este tipo de personas. Jack es igual. Sabe que tiene mucha suerte de estar vivo despues de lo que le ocurrio la ultima vez, pero no puede cambiar. Ni quiere.

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