ire a buscar a mi amigo Jack sahib.
La cara adusta del sirdar tenia una expresion de torva obstinacion tal que nadie oso llevarle la contraria. Jameson intercambio una mirada con Swift, que le hizo un movimiento afirmativo con la cabeza.
– De acuerdo -le dijo Jameson al sirdar-. Vas a ir tu.
– Hajur. Pugna kati samay laagcha?
– Creemos que te llevara, como mucho, unas tres horas. Deberas seguir la cornisa que hay en el interior de la grieta, que es mas o menos recta.
Hurke echo una ojeada a su reloj deportivo Casio y despues afuera. El tiempo habia empeorado en los minutos que llevaban alli el y los sherpas que habian subido desde el rinon. El cielo estaba plomizo y caia nieve, aunque no mucha.
– Para entonces sera de noche. Y quiza viene mal tiempo. En cuanto llego a la grieta, resto de equipo debe bajar a campamento I. No quedarse aqui.
– Tiene razon -dijo Mac-. Mejor sera que vaya a organizar con los chicos los preparativos para marcharnos.
– Mac sahib. Antes de irse. Mero tasbir khichnukos? Laai ke bhaanchha? -Se encogio de hombros como pidiendo disculpas-. ?Podria hacer mi fotografia, por favor?
– Pues claro -dijo Mac, quien cogio la Nikon, que llevaba colgada del cuello, y rapidamente le saco una foto al sirdar.
– Gracias, sahib. Es para mujer e hijo. En caso ocurre algo feo, ?puede encargar que la reciban?
– Desde luego. Pero no digas tonterias. No te va a pasar nada.
– Si, sahib.
– Voy a buscar el traje -dijo Swift, que salio detras de Mac.
Jameson fue a buscar a Ang Tsering.
– ?Donde esta el material que acaban de subir el sirdar y los chicos? -pregunto.
Tsering senalo unos bultos de treinta kilos que aun estaban atados para ser transportados.
– Tenemos que volver a bajar. Lo ha dicho el sirdar.
Jameson examino uno de los bultos y despues otro. Al parecer, encontro lo que buscaba y chasqueo las manos, muy decidido.
– Si, si. Pero antes de irnos hay algo que quiero organizar.
– ?Y que es, sahib?
– Una sorpresa. -Jameson parecia entusiasmado-. No entiendo como no se me ha ocurrido antes. Parece la cosa mas logica del mundo. Pero que se le va a hacer, no se puede ser siempre omnisciente. Dime, Tsering, ?sabes clavar un tornillo en el hielo o un ancla de nieve?
Tsering nego con la cabeza.
– No importa. Te voy a ensenar como se hace.
– ?Esto es un ancla de nieve? ?Es para atar al amigo de Jack, Didier sahib? ?Es esta la sorpresa?
– Santo cielo, no. Es para que la sorpresa no se caiga.
Bryan Perrins le habia pedido a Chaz Mustilli que fuera a su despacho. Mustilli era quien escogia al personal de campo para cada una de las misiones, y era el quien habia recomendado a Castorp para la que deseaban desplegar en el Himalaya. Al igual que Perrins, Mustilli tambien habia llegado a la conclusion de que Castorp habia liquidado a los soldados chinos. Era un hombre corpulento, con la cabeza como la de Kojak, que fumaba en una pipa que tenia pinta de carisima, y a la que daba frecuentes y seguidas chupadas, aunque solo cuando estaba en su despacho. Le entrego el informe y se sento; parecia incomodo, deprimido, incluso.
Perrins, que advirtio la expresion de Mustilli, se temio lo peor. Pero le dejo hablar.
– Hice lo que pediste, Bryan. Investigue los antecedentes de Castorp. Al parecer… hum… no prestamos suficiente atencion a su perfil psicologico mas reciente. Por desgracia, la persona que efectuo el examen cayo enferma al terminarlo y el caso es que, dicho con pocas palabras, cuando recomendamos a Castorp para esta mision no teniamos conocimiento de dicho examen. Este informe acaba de aparecer. Me refiero a que parecia estar perfectamente cualificado. Naturalmente, si hubieramos sabido lo que sabemos ahora, seguramente habriamos recomendado a otro.
Perrins asentia lentamente.
– ?Y cuales son las tardias conclusiones del examen psicologico del hombre que tenemos en el Himalaya? -Rio su propia gracia-. No son nada buenas, ?verdad?
– Hay pruebas de que recientemente presentaba trastornos psicologicos.
– Chaz, eso ya lo puedo adivinar nada mas viendote. Dime algo que no sepa. Dime que dijo el psiquiatra.
– Aparentemente sus pensamientos y sus actos ya no responden a las exigencias de la realidad. Probablemente sufre algun tipo de psicosis.
– Pues no podemos permitirnos el lujo de retirarle. Es la unica carta que podemos jugar. No, la cuestion es como controlarle. -Perrins se levanto y se acerco a la ventana-. Tu has leido los mensajes, Chaz. ?Crees que ha matado a los chinos?
– Si. -Mustilli chupo ruidosamente la pipa vacia como si fuera un inhalador-. Pero esto no le va a impedir, necesariamente, cumplir su mision.
– Me parece que tienes razon, Chaz. No, es solo que me preocupa lo que pueda pasar si cualquiera de esos cientificos desgraciados de mierda que estan ahi se entera de lo que se lleva entre manos nuestro psicopata. No podemos ni imaginar de lo que es capaz este hombre. Le mandare un mensaje por correo electronico. Intentare ponerlo firme.
Al llegar al CBA, despues de pasarse el dia dando vueltas por el glaciar, Boyd solo encontro a un par de sherpas holgazaneando en el refugio rodeado de nieve y en la concha vio a Lincoln Warner, que escribia un mensaje electronico en su ordenador.
– Gracias a Dios que tenemos correo electronico -refunfuno el hombre de piel negra y estatura elevada-. Me parece que de no tenerlo me volveria loco.
– Tu mas que nadie -murmuro Boyd-. ?De quien es?
– ?De quien es que?
– El mensaje.
– Ah, de unos estudiantes -dijo con vaguedad-. De vez en cuando les mando informacion sobre la expedicion a unos alumnos de Washington.
– Que detalle.
Boyd se pregunto que hacia Warner todo el santo dia. Rara vez salia a caminar por el Santuario, salvo los paseos que daba regularmente hacia las tres de la tarde. Al parecer, el resto del tiempo lo pasaba sentado delante de la pantalla. La unica vez que Warner le habia permitido acercarse lo suficiente para ver lo que hacia, resulto que estaba jugando a una especie de juego interactivo con el ordenador.
– Oye, Link, ?donde demonios estan todos? Esto parece una escuela en un dia festivo.
Warner hizo clic con el raton para mandar el mensaje via satelite y se dio la vuelta.
– Estan casi todos en el campamento I. Por lo visto, Jack ha dado con el sitio donde se esconden los yetis.
– Estas de cona.
– Te lo digo en serio.
– Pues ?a que viene esa cara de Bela Lugosi? Esto significa que os vais a hacer famosos, ?no?
– Han perdido todo contacto con el. Se ha oido un ruido como si le agredieran y despues se ha quedado sin radio. Puede que este malherido.
– ?Una agresion? ?Que le ha embestido uno de esos monstruos?
Warner se sobresalto.
– Si, si quieres decirlo asi -respondio; Boyd le recordaba muchisimo a Kent, el personaje del rey Lear, que cometia el error de confundir la mala educacion con la agudeza.
– Que desgracia. ?Podemos hacer algo por el?
– No, al parecer no. El sirdar ha ido a rescatarle. Esperemos que lo consiga.
