copas de los arboles y de los rododendros gigantes, y, aunque estaba oscureciendo con rapidez, pudo distinguir que el bosque ocultaba una profunda depresion y que el valle era, casi con toda seguridad, el crater de un volcan extinguido. Eso explicaria la fertilidad del suelo. Y tambien por que el bosque estaba tan extraordinariamente protegido.

– Hola, Swift, soy Jack. ?Me oyes? Cambio.

Se incorporo, volvio a sentir nauseas y dejo caer la cabeza entre las rodillas. Noto una punzada de dolor en el costado izquierdo al intentar respirar hondo y se dijo que tenia al menos una costilla rota o fisurada. Esto, junto con la herida del hombro izquierdo, hacia que la unica posicion comoda que podia adoptar era la de mantener el brazo izquierdo pegado al costado. Y asi, con la capacidad de movimiento limitada, levanto la cabeza y dio unos golpecitos suaves en el casco con la esperanza de poder restablecer la comunicacion, que habia perdido cuando arremetieron contra el. Noto el conducto del agua que le apretaba la mejilla; giro la cabeza y bebio un buen chorro de agua fresca.

– ?Me oye alguien? Cambio.

Nada. Intento imaginar los pensamientos de sus companeros. ?Creerian que se habia muerto? ?Intentarian rescatarle? Era urgente restablecer la comunicacion por radio con ellos. En cuanto pudiese andar, subiria la pendiente y se adentraria en la grieta, donde estaria relativamente a salvo, se quitaria el traje y revisaria todas las conexiones. Oyo el trino de un pajaro y el ruido del viento que agitaba los arbustos, por lo que supo que el microfono externo funcionaba.

Al principio unicamente vio el frondoso follaje, pero luego, aqui y alla, entre las gruesas y correosas hojas perennes del tamano de un guante de beisbol, distinguio manchas de otro color. Un color marron rojizo oscuro.

Eran manchas de color que se movian.

Clavo los ojos en ellas, fascinado y aterrorizado a la par.

Que curioso; ellos le devolvieron la mirada atenta.

Habia unos quince o veinte. Estaban sentados en la pendiente, un poco mas abajo, a menos de quince metros de distancia; comian hojas de rododendro y un hongo que era de un tamano gigantesco y que crecia en abundancia en la corteza de un arbol.

– Joder -exclamo Jack.

Se comportaban como simios y, sin embargo, habia tambien algo mas. Sus frentes eran de simio pero la similitud terminaba alli, pues los yetis apenas tenian pelo en el rostro, que era color carne, como el de los jovenes chimpances; la nariz no era grande pero si muy bien definida. Las bocas eran tambien diferentes: mas pequenas que las de un gorila y, al mismo tiempo, mas articuladas. La mayoria eructaban, visiblemente satisfechos, o grunian como cerdos, o emitian unos sonidos asperos que parecian risas. Pero de vez en cuando, uno de ellos se inclinaba hacia otro, sin dejar de mirar fijamente a Jack, y de su boca salia una serie mas complicada de vocalizaciones, que sonaban como eructos, y que parecian exigir una destreza labial considerable: eran sonidos que recordaban la forma de hablar, gutural y entrecortada, de una persona a la que le han extraido la laringe. Jack sintio que le ardian las orejas. Quiza se lo imagino, pero daba toda la impresion de que los yetis estuvieran hablando de el.

– ?Swift? ?Cody? Me gustaria que vierais esto. Es fantastico.

La admiracion mezclada con temor ante lo que presenciaba no le cego, pues Jack era muy consciente de la gravedad de la situacion. La posibilidad de que los yetis le mataran existia, y al cabo de unas pocas horas se iba a quedar sin energia y sin calefaccion. La temperatura en el exterior descendia con la llegada del crepusculo, y el aire, por encima de las copas de los arboles, se iba cargando de nieve; probablemente se moriria congelado. Tenia que irse de alli como fuera.

Con extrema cautela, Jack hundio los talones en la tierra blanda y volcanica de color negro y subio medio metro por la cuesta, arrastrandose.

Su movimiento provoco diversidad de reacciones en el grupo de yetis.

Algunos estiraron el cuello para verle mejor; otros, en cambio, parlotearon entre ellos y se levantaron. Una hembra que sostenia a un recien nacido en brazos se volvio para protegerlo. El que estaba mas cerca de el, un macho adulto, facilmente reconocible por su enorme talla y su torso blanquirrojizo, miro a Jack intensamente un momento y luego emitio un bramido ensordecedor.

Jack se quedo inmovil y espero a que se calmaran. Cuando penso que ya no habia peligro, repitio la maniobra. Debajo del follaje habia la oscuridad suficiente como para que la luz que llevaba sobre el casco se encendiera automaticamente. Deslumbrado momentaneamente por la luz de carburo, el macho de cuerpo impresionante se levanto; tenia las piernas arqueadas y muy largas, mucho mas que las de un gorila. Respiro hondo y se inclino hacia Jack rugiendo con mayor ferocidad.

– ?Uraaaag!

Jack jamas habia presenciado parecida exhibicion de poder y de agresion hominoide desplegada con el fin de intimidar; en aquel momento comprendio por que a Hurke se le habia aflojado el vientre.

– Muy bien, te has explicado perfectamente. No te gusta la luz. No pasa nada.

Jack apago la luz rapidamente y se quedo quieto.

Pero ahora que estaba de pie, aquel yeti macho estaba, al parecer, muy decidido a hacer prevalecer su poder sobre Jack y el resto del grupo y, alzando los brazos largos y velludos, volvio a rugir.

– ?Uraaaag!

– Vale, vale, ya te oigo. Tu mandas. Eres el jefe.

Cuando se acerco a Jack, este advirtio que el yeti andaba de una forma que no tenia nada que ver con la forma en que andaban los simios que el habia visto; no caminaba con la parte superior de la mole de su cuerpo, que no se apoyaba en los nudillos de sus manos enormes, sino que andaba derecho, como un hombre, con todo el peso de su cuerpo repartido en las dos piernas y con la cabeza erguida arrostrando el viento frio de la montana. Jack penso que el Jefe debia de pesar por lo menos ciento ochenta kilos y que el pelo que le crecia como un penacho en la cabeza era igual de alto que un casco normando. Era el animal, si es que era un animal, mas magnifico que habia visto jamas.

Jack era consciente de que el Jefe quiza iba a ser tambien lo ultimo que veria en su vida. Presiono la cabeza contra las rodillas para protegerse del fortisimo golpe que estaba seguro que le iba a asestar. En el mejor de los casos, un golpe que volveria a dejarle sin sentido.

Pero el yeti se limito a imponerle su presencia como si fuera un antiguo titan griego decidido a asaltar el cielo; rugio otra vez y volvio a adoptar la postura en la que estaba en un primer momento: sentado sobre sus inmensas posaderas. Jack aprovecho el rato que el Jefe de espalda blanquirrojiza volvia la cabeza para subir un trecho mas por la cuesta.

Volvio la cabeza por el lado bueno y aun asi sintio dolor; solo le faltaban tres metros para llegar al final del bosque, donde se hallaba la entrada a la caverna de hielo. Aunque el hombro y el costado le dolian, las piernas las tenia bien y penso que, si hubiera osado darles la espalda a los yetis, habria podido quiza levantarse y subir a pie la cuesta del crater. Pero volvio a clavar los talones en la tierra y en los arbustos y siguio arrastrandose hacia arriba.

Con la mano toco algo plano que emitia reflejos. No era ninguna piedra, como habia creido en un primer momento, sino un trozo de plastico, una rejilla de varias capas de alguna cosa que semejaba unas celulas fotovoltaicas. Jack se toco el casco para ver si se le habia caido alguna pieza, aunque aquel objeto parecia demasiado grande para haber…

Esta segunda vez le embistieron directamente por la espalda.

Jack lanzo un grito de terror cuando dos manos enormes le cogieron por el casco como si fuera una pelota de baloncesto y le levantaron completamente. Sin que el lo hubiera advertido, desde el inicio de aquella escena debio de haber otro macho grande con el pelo de la espalda blanco agazapado en lo alto del crater, posiblemente el mismo yeti que lo habia atacado la primera vez. Jack se quedo un momento suspendido luchando en vano por liberarse de las manos que lo tenian fuertemente agarrado. De repente, el yeti, sin dejar de rugir, giro bruscamente el casco, como si quisiera romperle el cuello, y por unos segundos absolutamente terrorificos Jack vio de cerca la boca cavernosa del yeti y sus dientes enormes llenos de sarro. Los dientes del craneo que le habia dado a Swift le habian parecido del todo inofensivos, aunque eran sin duda alguna del mismo tamano que aquellos que ahora iban a desgarrarle la garganta.

Un instante despues, Jack cayo al suelo sin el casco, que se quedo en las manos del yeti. Su agresor rugio de

Вы читаете Esau
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату