Boyd asintio juiciosamente.

– Es muy bueno. Si hay alguien que pueda salvarle la vida a Jack, ese es el sirdar.

Se quito el anorak y lo dejo caer al suelo.

– Todo indica que estaba equivocado, ?verdad? ?Tu que crees que es el… yeti? ?Una especie de simio grande? ?Eh?

– Si, yo diria que eso es lo mas probable.

Boyd se sirvio un cafe de un termo que habia sobre la mesa y se sento frente a Warner cogiendo la taza humeante con ambas manos para calentarselas.

– Si senor, tu y algunos de estos cientificos vais a ser famosos.

Warner se froto la barbilla lampina, pensativo. Se habia afeitado la barba y echaba a faltar el consuelo tactil que le reportaba. Acariciarse la barba le ayudaba a relajarse. Era como ser uno mismo su propio perro.

– Si es que sobrevivimos.

– ?Que quieres decir?

– Acabo de oir la «Voice of America» por la radio hace un rato. Por lo visto, cabe la posibilidad de que el periodo de reflexion entre la India y Pakistan no dure el tiempo previsto. Varios paises musulmanes han afirmado que declararan la guerra a la India si ataca Pakistan. Un acto de solidaridad religioso, segun ellos. Ya han enviado tropas y armamento. Empiezo a pensar que puede que lo tengamos crudo para salir de aqui.

– ?Ah! ?Solo es eso? -Boyd no parecia, ni por la expresion ni por la voz, nada impresionado.

– Parece que no creas que la posibilidad de que estalle una guerra sea real, Jon.

– Todavia no ha estallado, ?no? Mira, si estalla la guerra, no sera porque hayan desplegado tropas y armamento -dijo Boyd-. Sera porque habra fallado la disuasion; ocurrira si uno de ellos cree que puede atacar impunemente, ?no?

– Tal vez. Pero ?que repercusion tendra exactamente en nosotros semejante accion? Eso es lo que me gustaria saber. La frontera india no esta muy lejos de aqui.

Boyd apuro la taza de cafe y encendio un cigarrillo.

– Ya empieza a ponerte nervioso, ?eh? -dijo-. La proximidad, quiero decir.

– No me importa reconocerlo.

– Quiza sabes algo que yo no se. Escuchas tanto la radio… Seguramente estas muchisimo mejor informado de la situacion que yo. Pero para serte franco, Link, yo no dejaria que esto me amargara.

– ?Ah, no? Incluso en el caso de que no pasara de ser una contienda nuclear de poca envergadura, lo mas probable es que tuviera repercusiones en el sistema climatico de todo el planeta.

– No es mi especialidad -se excuso Boyd-. Las constantes emisiones de combustibles que se producen en nuestro pais tienen muchas mas posibilidades de echar todo a perder que las cuatro bombas nucleares que se lancen aqui.

– Pero Delhi, que es donde hicimos escala para ir a Khat, esta a solo seiscientos cincuenta kilometros. Si bombardean Delhi…

– Si bombardean Delhi, tendremos que buscar otro camino para regresar a casa, no hay vuelta de hoja. Seguramente tendriamos que ir via Calcuta. Es imposible que los misiles nucleares que lance Pakistan lleguen a Calcuta. Esta demasiado lejos -rio Boyd-. Claro que si estamos en Delhi cuando haya un ataque nuclear, sera distinto. Eso si seria tener mala suerte. -Seguia riendose mientras iba recreandose en dicha posibilidad-. Sobre todo si ocurriera que tambien tuvierais pruebas de que el abominable hombre de las nieves existe.

– Me parece recordar que dijiste que, en el caso de que hubiera una guerra nuclear, las consecuencias serian imprevisibles.

– Yo solo… -Boyd esbozo una sonrisa llena de pesadumbre-. Yo, ?sabes?, solo hacia de abogado del diablo. ?Cual es mi sincera opinion? Es lo que dijo Swift. La situacion internacional a nosotros nos supone una gran ventaja. El mundo entero esta cagado de miedo por lo que esta ocurriendo en el subcontinente indio. Tenemos toda esta zona para nosotros solos. ?Que mas puede pedir un equipo de cientificos?

– Dejando a un lado la presencia de los chinos cerca del CBM.

– Ha sucedido algo extrano, se han esfumado. He estado antes alli arriba y no habia ni rastro de ellos. Me imagino que Ang Tsering dio en el clavo. Debian de ser desertores. Seguramente se largaron a toda prisa en cuanto Cody y Jutta se fueron de alli. En mi opinion, esos dos tienen mucha suerte de seguir vivos.

Boyd se sirvio otro cafe y se rio al ver la expresion lugubre de Warner.

– ?Eh! Animate, anda. Cuando viniste aqui, ya sabias donde te metias, ?no?

– Me parece que no me lo tome demasiado en serio.

– Esa Swift -rio Boyd-. Cuando quiere, sabe convencer muy facilmente, si senor.

– Eso es lo que paso, mas o menos.

– Me lo figure. Esta de buen ver. Si se empenara, seria capaz de convencerme de lo que le diera la gana. Y si ademas de convencer con palabras me sedujera fisicamente, entonces… -Boyd sacudio la cabeza luchando por desterrar de su mente la imagen de lo que el sabia que era capaz de hacer por poseer a Swift.

Warner le devolvio una sonrisa forzada. A el, que en general se sentia mas a gusto con las mujeres que con los hombres, aquel tipo de conversaciones, las clasicas que mantienen estos ultimos en los vestuarios, le azoraban.

– Jo, para poder pasar una noche con ella, seria capaz de escalar la vertiente suroeste -dijo Boyd.

A su interlocutor se le pusieron los musculos faciales tensos de furia, pero se las apano para seguir sonriendo. Boyd tenia la capacidad de enojarle, a sabiendas ademas. Preguntandose si seria asi con todo el mundo, Warner se volvio y clavo los ojos en el techo de la concha; en esta posicion, como si no soportara mirar a Boyd, dijo:

– Es muy atractiva, ?verdad?

– ?Quieres un consejo? Quitatelo de la cabeza. Deja de escuchar la radio y atormentarte, porque te cagas de miedo. Y reza porque capturen uno de esos hombres-simio.

– Muy bien. Asi lo hare.

– ?Que te parece si nos calentamos unos platos de esos preparados, abrimos una botella de whisky y cenamos como Dios manda? Tengo tanta hambre que me comeria un caballo.

VEINTE

Hay mundos demoniacos cubiertos por ciegas tinieblas.

Los Upanisad

Jack Furness, tumbado en el suelo del bosque de rododendros, iba recobrando poco a poco el conocimiento. Estaba muy cansado y lo unico que queria era dormir. Cambio de posicion y sintio un dolor tan intenso en el hombro izquierdo, donde le habian mordido, que le falto poco para volver a desmayarse. Le dolia todo el cuerpo, desde la cabeza hasta los dedos de los pies, como si uno de esos luchadores que salen por la television le hubiera arrojado al suelo. Arrojado, apaleado, pisoteado, retorcido, aplastado y medio estrangulado. El pulso le martilleaba en la cabeza causandole tantisimo dolor que le provoco nauseas. Dentro del traje climatizado, con todo, la temperatura era todavia agradable. Lo bastante agradable como para desear volver a dejarse vencer por el sueno y olvidar el padecimiento atroz. Olvidar a la criatura extraordinaria que le habia causado aquel padecimiento.

Intento apoyarse en un codo, abrio los ojos, gimio y se dio la vuelta, hasta quedarse de espaldas, muy lentamente, por si a aquel hombre salvaje que vivia en aquel bosque del Himalaya se le ocurria pensar que el seguia representando una amenaza y decidia volver a agredirle, si es que estaba todavia por alli. Jack echo una mirada a su alrededor, haciendo un esfuerzo por orientarse y preguntandose que debian de estar pensando los del campamento II. Debian de haber oido la embestida desde el corredor de hielo.

– Hola, campamento II, soy Jack, ?me ois? Cambio.

Estaba tumbado en una pendiente suave de arbustos bajos y espinosos. Por encima de el se alzaban las

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