Swift le sonaba como el ruido que hacen las lechuzas muy grandes.
– Si es un grito de ayuda -comento Cody-, puede que otro animal lo oiga y acuda a investigar que ocurre. Lo que quiero decir es que Jack y el sirdar se pueden encontrar con que les siguen por la cornisa.
Swift nego con la cabeza.
– No lo creo -afirmo-. Piensalo bien, Byron. Esto es solo una entrada. Un yeti puede saltar dentro de la grieta, pero se requiere la habilidad de una pulga para saltar afuera. Tiene que haber otra salida del bosque alpino, que seguramente debe de estar al otro lado de la cresta de la montana. O bien otra grieta u otro tunel que no hemos visto.
Mac, que seguia controlando los pasos del sirdar, se adelanto y le pregunto cuanto les quedaba para llegar.
– Hemos dejado atras el cadaver del pobre Didier -informo Hurke-. Tal vez queda una hora o algo asi de camino. Probablemente mas. Jack va muy despacio. Cambio.
– Les queda por lo menos una hora -le grito Mac a Jameson, que habia llegado al final de la escalera. Se dirigio a uno de los sherpas y anadio-: Nyima, prepara unas cuantas bengalas. Cuando llegue el helicoptero, necesitaremos enviarle senales.
– ?Uu-uuu-uuuu-uuuuu!
Jameson le hizo una senal con el pulgar a Mac. Despues, descolgandose el rifle, se acerco al borde de la grieta. Se arrodillo y apunto el canon del arma y el haz de la linterna hacia abajo, hacia la negrura. Las cuerdas que mantenian fija la trampa se movieron violentamente cuando el haz de luz ilumino al animal cautivo de abundante pelaje rojizo, que solto una serie casi interminable de aullidos. Jameson sintio un escalofrio de emocion al distinguir la parte blanca del globo de un ojo visiblemente aterrorizado.
Levanto el rifle hasta la altura del hombro y apuntando al cuerpo crispado del yeti intento buscar una masa muscular en la que poder disparar, utilizando el ojo como punto de referencia. Vio con claridad el cuello del yeti, pero en el las posibilidades de que la droga se absorbiera eran escasas; bajo el canon y, apretando el gatillo, disparo el dardo justo en lo que esperaba que fuese el hombro de la criatura. Despues de disparar, estuvo enfocando el dardo un momento con la Maglite, que estaba bajo el canon del arma, para cerciorarse de que el yeti no intentaba arrancarselo.
Poco a poco, los gritos fueron apagandose hasta que la criatura callo al fin. Jameson se levanto y volvio a subir la escalera con una sonrisa de oreja a oreja.
– Tenemos a uno vivo.
Se oyeron varios vitores. Incluso los sherpas, al principio nerviosos al oir los extranos ruidos del yeti, parecian contentos.
Que no le haya ocurrido nada grave a Jack y el triunfo de la expedicion sera total, penso Swift.
Jameson echo una ojeada al reloj y despues observo el cielo. El, Mac y un par de sherpas, desde el otro lado de la grieta, miraban a Swift, Tsering y los demas.
– Sera mejor que enciendas la bengala ahora -le dijo a Tsering-. Esperemos que el helicoptero llegue pronto. No me gustaria darle mas droga al yeti hasta que pueda echarle un vistazo.
– Si, sahib.
La bengala que encendio Tsering era amarilla, el color que indicaba una posicion de rescate. El humo subio hacia el cielo crepuscular como el de un sacrificio hecho desde la cumbre de una montana.
Los sherpas fueron los primeros en oirlo, pues sus oidos, aguzados, estaban mucho menos afectados por la altitud que los de los europeos y norteamericanos. Un ruido corto y explosivo a lo lejos. Al cabo de unos minutos un Allouette de fabricacion francesa aparecio como un garabato que ensuciara el blanco horizonte, un punto negro que iba convirtiendose en una mancha. Disenado especialmente para llevar a termino tareas de rescate a grandes altitudes, el helicoptero de la Corporacion Real de Lineas Aereas del Nepal llego procedente del sur, volando al limite de su techo de cinco mil metros. El piloto, un joven nepales llamado Bishnu, que se habia puesto ya en contacto por radio con los integrantes del equipo, dio la contrasena de la expedicion y les pregunto si el humo amarillo era de ellos.
– Si -le contesto Jameson-. Cambio.
– ?Que desean que haga? Cambio.
– ?Tiene esquies?
– Si, tengo esquies, pero no veo ningun sitio en el que aterrizar. Ningun lugar apto para el aterrizaje. ?Desean que les bajemos un cable? Cambio.
– Negativo. Lo que deseo es que baje todo lo que pueda por encima de la grieta. Ataremos un animal a los esquies. Es una red de carga muy grande, de modo que no creo que vaya a haber ningun problema. Despues quiero que lo ice siguiendo mis instrucciones, porque tengo que verlo de cerca antes de marcharnos al campamento. En el Machhapuchhare hay un creston de roca, al sur de aqui, una especie de rinon. Tal vez lo ha visto. Cambio.
– Si, lo he visto.
– Puede aterrizar alli y esperar a que saquemos de la grieta a un hombre que esta herido. Despues, una vez le hayamos recogido, los transportaremos, a el y al animal, al campamento base del Annapurna. Yo ire tambien; yo, la medica de la expedicion y quienquiera que quepa. Cambio.
– De acuerdo, usted manda y usted paga. Cambio.
Dado que la CRLAN nunca enviaba misiones sin una garantia escrita de pago y dado que este papeleo podia tardar varios dias en tramitarse, el despacho de Katmandu en el momento de iniciarse la expedicion habia dejado una fianza de veinticinco mil dolares para cubrir los transportes y los rescates aereos. Cada vuelo desde Pokhara costaba como minimo mil dolares.
El Allouette dio unas cuantas vueltas descendiendo con rapidez y empezo a bajar hacia la grieta; el disco plateado de las aspas del rotor de anchura extra, que parecia casi compacto, refulgia a la luz del sol, que salia como una aureola gigantesca. Las tiendas del corredor empezaron a moverse por el viento y la nieve empezo a alzarse debajo del carburador de aspiracion invertida de refuerzo. Siguiendo las ordenes expertas de Jameson, el Allouette descendio hacia la grieta dejandose caer y parando alternativamente hasta que estuvo a tres metros de la misma. Entretanto, Mac, Tsering y los sherpas habian cogido la red e izaban a la criatura capturada. Jameson cogio una parte de la red de carga, se quedo un momento quieto con la radio en la mano dandole instrucciones al piloto para que bajara unos cuantos centimetros y despues colgo la red de uno de los esquies del helicoptero. Volvio a repetir la maniobra y luego subio el sobre los esquies para guiar al piloto hasta el otro margen de la grieta, donde el y Tsering colgaron el resto de la red del otro esqui.
El helicoptero volvio poco a poco a tomar altura y entonces pudo verse al yeti por encima del borde de la grieta, con su pelaje rojizo y abundante que se agitaba al viento que entraba por los intersticios de la red. Solo cuando Jameson hubo comprobado que la criatura no habia hecho ningun agujero por el que podria caer del helicoptero, se cogio a la mano del copiloto y subio a la cabina.
El interior del Allouette revelo que el helicoptero era antiguo; parecia un autobus muy viejo, en el que habia solo un asiento, el del piloto, y el suelo era de tableros de acero sin recubrimiento. En cuanto Jameson subio a el, el copiloto le grito:
– Bhitra.
El piloto contesto levantando el pulgar y volvio a concentrarse en el reducido campo de vision que le permitia la burbuja de perspex en la que estaba sentado y que estaba rota por tantos sitios que a Jameson le parecio casi opaca. El helicoptero empezo a subir, mas de prisa ahora, y Jameson lanzo una mirada, intranquilo, por la puerta abierta para vigilar al yeti cuando se alejaban de la grieta en direccion al corredor de hielo.
– ?Es lo que yo creo que es? -pregunto el copiloto.
– Si -contesto Jameson.
– Hajur? Hudaina…
– Chha, hernuhos.
El copiloto volvio a mirar por la puerta abierta.
– Aoho -dijo con los ojos como dos naranjas de perplejidad y riendose despues sin parar.
– Ke bhayo? -pregunto Jameson.
– Senor, el yeti -dijo el copiloto entre risas- esta casado.
Jameson fruncio el entrecejo y miro afuera. Por uno de los agujeros de la red asomaba una mano extrana.
