Era mas grande que la de un gorila, y mas fuerte, y sus dedos eran mas largos; advirtio que en el extremo de uno de ellos llevaba el anillo de oro de Didier Lauren.

Paso media hora. Entonces el sirdar comunico por radio que el y Jack habian llegado a la cuerda. Jutta Henze descendio inmediatamente a la grieta con un saco para el herido y con la camilla Bell. Puesto que el helicoptero ya regresaba del rinon, no tenia tiempo de examinar a Jack exhaustivamente, pero saltaba a la vista que padecia los efectos de la hipotermia.

– Te llevaremos a la concha del CBA en seguida -dijo subiendo la cremallera del saco en el que se metio Jack-. Tendrias que estar contento. Tenemos en nuestras manos lo que hemos venido a buscar. Hemos capturado un yeti.

Jack sonrio debilmente.

– Son buenas noticias. Espero que sea mas amable que aquel con el que me he tropezado hace unas horas.

– De momento es muy docil -dijo atandole a la camilla con una cinta de nailon evitando hacer presion sobre las heridas.

– Estupendo -dijo Jack-. Porque hoy no estoy para mas luchas.

Esta vez el Allouette solto un cable. Jutta emprendio la tarea, con mucha experiencia, de atarse ella misma y a su paciente al cable.

Unos minutos mas tarde, ella y Jack volaban en direccion al campamento I.

Miles Jameson, que estaba solo en la cima del rinon con el yeti anestesiado, le extrajo el dardo del hombro y empezo a examinarlo antes de inyectarle mas droga. La criatura, de casi dos metros de largo, semejaba una enorme alfombra de piel desplegada encima de la nieve. Saco el estetoscopio de la bolsa de instrumentos y material medicos que llevaba en la mochila y ausculto el inmenso torso del yeti buscando el latido del corazon. Satisfecho con lo que oyo, se quito el estetoscopio y se inclino sobre la cabeza de la criatura. Parecia respirar regularmente, pero Jameson quiso observarlo con el laringoscopio para cerciorarse de que durante el proceso de inmovilizacion no habia regurgitado nada que luego pudiera aspirar. Los animales que habia tratado en los zoos eran raros, y muy caros, y habia aprendido a no hacer algo que pudiera poner sus vidas en peligro. Pero ningun animal era tan unico como el que estaba examinando en aquel momento.

Los reflejos de deglucion del yeti no estaban aparentemente afectados. Pero ahora el sol brillaba con estridencia y, como el yeti tenia los parpados abiertos, corria el peligro de padecer una ulceracion de la cornea debido a la exposicion prolongada de los ojos al reflejo de la luz en la nieve, por lo que Jameson le aplico un unguento oftalmico en los sacos conjuntivales. Cuando termino, el yeti empezo a sufrir convulsiones y Jameson le inyecto rapidamente 0,25 miligramos de diazepam por via endovenosa antes de volver a administrarle otra dosis de ketamina.

Oyo el ruido lejano, como de segadora de cesped, del helicoptero que volvia y se puso en pie, ansioso. El yeti volvio a padecer convulsiones. No era exactamente un ataque, pero de todas formas Jameson se quedo intranquilo, pues el diazepam tenia que haber disminuido la respuesta del animal a los estimulos convulsivos. Solto en voz alta una maldicion. Ese era el problema de administrar medicamentos a animales que no habia visto nunca. Eso iba contra las practicas veterinarias. De repente le dio un vuelco el corazon y se arrodillo porque vio que, debajo del yeti, la nieve estaba manchada de sangre.

El Allouette eclipso el sol un breve instante al descender en espiral al rinon como una semilla de sicomoro. La puerta de una de las tiendas se abrio y se agito violentamente; parecia un telegrafo optico furioso que transmitiese mensajes sin sentido en medio de una tempestad de viento y de nieve. O tal vez no tan desprovistos de sentido; tal vez era una imagen certera de la angustia de Jameson.

Cuando el piloto le hizo una senal, echo a correr hacia el helicoptero para llamar a Jutta, que estaba sentada en el suelo metalico junto a la camilla en la que estaba tendido Jack.

– Tienes que venir y echarle un vistazo -le grito para que pudiera oirle a pesar del ruido de los rotores-. Ha pasado algo que no me gusta…

– ?Que sucede?

– Yo diria que tenemos en nuestras manos a una hembra prenada -dijo Jameson-. Y peor todavia: esta a punto de dar a luz. El hidrocloruro de ketamina no tiene, en principio, que atravesar la placenta. Que yo sepa, nunca ha provocado un aborto en hembras prenadas. Pero claro, yo jamas se lo habia inyectado a ninguna hembra de yeti.

Jutta bajo de un salto del helicoptero y corrio en direccion al animal mientras se quitaba los guantes vigorosamente. Al ver la sangre, se arrodillo junto a la criatura y presiono con las manos desnudas su abdomen.

– Puede que sea el primer parto -dijo-. Eso explicaria por que no lo advertiste antes. Pero tienes razon, tiene el vientre mas tirante que un tambor. Y si el parto es prematuro y da a luz aqui, morira, eso seguro.

– Entonces no hay tiempo que perder -repuso el recogiendo la red y asegurando las cuatro puntas a un mosqueton-. Tenemos que trasladarla al CBA ahora mismo.

De regreso al CBA, Jameson y Jutta hablaron por radio con Byron Cody, que seguia en el campamento II.

– ?Que puedes decirnos sobre el parto de los primates? -le pregunto Jameson.

– Estas de guasa.

– Ojala lo estuviera. Tememos que pierda la cria.

– Senor. Bueno, en el caso de hembras de gorila con experiencia, por lo general no dura mas de una noche. De algun modo saben cuando llega el momento y se alejan para hacer una guarida. Solo lo he visto una vez y fue en cautividad. Pero cuando ocurre, puedes estar seguro de que es rapido. Para serte sincero, no es muy distinto de los embarazos y partos de los seres humanos. Lo normal es que dure cuarenta semanas a partir del primer dia del ultimo periodo menstrual.

– Espero que sea asi -dijo Jutta.

– Me gustaria estar con vosotros -comento Cody.

– El problema es que en cuanto bajemos la yeti del helicoptero al CBA, Jutta cree que hay que trasladar a Jack al hospital americano de Khat. Esta fastidiado.

Jack, que estaba metido dentro del saco, consciente todavia y mucho mas descansado, dijo:

– Ni hablar, yo no voy a Khat. ?Ahora que tenemos este animal! ?Me he jugado la vida por encontrarlo y quereis llevarme a Khat ahora que se esta poniendo todo tan interesante? Ni hablar.

– Tienes que ir a un hospital, Jack -protesto Jutta-, a un sitio que tenga las instalaciones y medios adecuados. Podria ser que tuvieras lesiones internas.

– Me arriesgare -insistio Jack-. Si la yeti esta a punto de dar a luz, no podeis prescindir de Cody. Tiene que estar presente en el CBA porque es el especialista en primates. Ademas, estoy mejor de lo que parece y dentro de unos dias estare estupendamente. Y si no, ya lo veras.

Jutta intercambio una mirada con Miles Jameson.

– Supongo que, llegado el caso, siempre podremos pedir el helicoptero para que venga a recogerte.

– No se hable mas, pues -dijo Jack, y cerro los ojos.

– ?Has oido? -le pregunto Jameson a Cody-. Me parece que al final va a ir a buscarte el helicoptero.

– ?Increible! -exclamo Boyd al ver lo que habia en la red que colgaba del helicoptero.

Junto con Lincoln Warner y los sherpas que seguian en el CBA, Boyd ayudo a descolgar la red del esqui y se puso en cuclillas al lado de la bestia mientras el helicoptero aterrizaba a unos metros de alli. Miro al animal drogado un momento y acaricio su pelaje espeso retorciendo sus pelos rojizos y grasientos con sus dedos. Al tacto su pelaje grasiento recordaba la lanolina del vellon de una oveja.

Jutta y Jameson saltaron del helicoptero y bajaron la camilla en la que estaba tendido Jack. En cuanto se alejaron lo suficiente, el helicoptero despego con rumbo al glaciar para recoger al resto del equipo.

Boyd ayudo a Jameson a llevar a Jack a la concha.

– Si alguien quiere decir «ya te lo dije», que lo diga -solto Boyd.

– Ya te lo dije -dijo Jack en voz ronca y apagada.

– Buen chico, Jack. ?Como te encuentras?

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