– Cansado.

– ?Fue este el tipo que te molio a palos?

– Es su hermana pequena. Y va a dar a luz.

– No jodas.

Lincoln Warner entro detras de ellos y, siguiendo las instrucciones de Jutta, junto dos mesas.

– ?Que es esto? ?Una sala de partos? -pregunto Boyd.

– Eso parece -contesto Warner.

Jameson y Boyd, despues de instalar a Jack en una cama de campana, fueron a recoger al yeti con la camilla vacia y lo metieron en la concha. En cuanto lo tuvo tendido en las mesas, Jameson le ausculto el abdomen con el estetoscopio buscando un segundo latido de corazon.

– Nunca he asistido a ningun parto -reconocio Boyd.

– Yo tampoco -dijo Jack.

– Todo el mundo ha asistido por lo menos una vez en la vida a un parto -senalo Jutta causticamente.

Swift se encargo de introducir un tubo por la traquea del animal y a continuacion lo conecto a un cilindro de oxigeno.

– Eh, Boyd -dijo Jack-. ?Me enciendes un pitillo?

– Pues claro. -Boyd encendio dos cigarrillos y puso uno entre los labios de Jack-. Aqui tienes. Jo, esto igual que «MASH».

Jutta lanzo una mirada enfurecida a su alrededor.

– Aqui no se fuma -grito.

– Lo siento -dijo Boyd apagando el cigarrillo y encogiendose de hombros como si pidiera excusas-. Lo habia olvidado.

– Si quieres ayudar en algo, Jon, ayuda a Jack a desnudarse. Quiero examinarle las heridas en cuanto termine aqui. Y dale algo caliente de beber con whisky.

– Esta hecho.

– El latido -dijo Jameson quitandose el estetoscopio-. Ya lo he oido.

– Estupendo -comento Jutta, que presiono el abdomen del yeti con sus manos-. Muy bien, vamos a ver si podemos controlar las contracciones. ?Estas listo?

Jameson asintio y levanto el brazo clavando los ojos en su reloj Breitling.

– Contraccion -anuncio Jutta.

– De acuerdo -repuso Jameson pulsando uno de los botones del reloj-. Esta muy dilatada.

Jutta miro entre las piernas del animal.

– Tiene una hemorragia -manifesto-. Si fuera un bebe humano, probablemente me plantearia practicarle una episiotomia.

– Ignoramos absolutamente si es un parto prematuro o no. En cualquier caso, si lleva menos de treinta y dos semanas encinta, el feto no sobrevivira, asi que poco importa si se lesiona el craneo o no. Ademas, nadie piensa en llevarse unos forceps cuando se va de viaje al Himalaya.

– Pensaba que tal vez podriamos improvisar algo -apunto Jutta-. Los cocineros tienen unas cucharas muy largas.

– Si, quiza puedan servirnos. -Jameson echo una ojeada por la concha y el y Warner cruzaron una mirada.

Warner lo capto todo en seguida.

– Voy a ver que encuentro -dijo saliendo precipitadamente de la tienda.

Hubo un largo silencio, que Jutta rompio para anunciar una segunda contraccion.

– Cuatro minutos -dijo Jameson.

– Creo que todavia tenemos un poco de tiempo -dijo ella-. Voy a echarle un vistazo a Jack.

Jutta se lavo las manos y se puso unos guantes de polietileno. Boyd, que estaba dandole una bebida caliente a Jack, se levanto para dejar que Jutta se sentara y le examinara.

Jutta, como medico de montaneros, habia visto muchas contusiones y sabia que los deportistas en plena forma fisica y en la flor de la edad se magullan con menos facilidad que los demas. Pero Jack tenia el cuerpo entero del color negro y azul de una mosca; Jutta no habia visto jamas a ningun hombre tan magullado. Le hizo escupir en un panuelo de papel para examinar si en su esputo aparecian sintomas de una hemorragia interna, pero al no detectar ninguno, le examino con detenimiento las costillas pasando los dedos por ellas.

– Tienes suerte -dijo-. Seguramente no las tienes fracturadas, solo hay esguinces. Preferiria, por supuesto, que te hicieran una radiografia, pero a primera vista no parece que haya ninguna lesion interna. Tendremos que vendarte; afortunadamente las lesiones de las costillas no suelen infectarse. -Concentrandose en la mordedura del hombro, anadio-: La herida del hombro ya es otra cosa. Voy a limpiartela y vendartela ahora mismo. Y habra que ponerte una inyeccion antitetanica.

– Contraccion -anuncio Jameson.

Cuando Jutta le hubo vendado las costillas a Jack, Boyd la ayudo a darle la vuelta para que pudiera ponerle la inyeccion en la nalga. Despues, mientras le curaba la herida de la mordedura, le interrogo sobre las lesiones provocadas por el frio con el fin de distinguir si padecia una congelacion o bien otras dos afecciones menos graves, como son el principio de congelacion y el entumecimiento. Concluyo que era demasiado pronto para decidir con certeza la naturaleza de su afeccion y le dio antibioticos con objeto de prevenir cualquier infeccion, subio la cremallera del saco para accidentados que mantenia el calor, y le coloco una mascara de oxigeno en la nariz y en la boca.

– ?Servira para algo?

Lincoln Warner volvio a la concha blandiendo dos cucharas de mango larguisimo que le entrego a Jutta, quien puso el puno en la pala de una de las cucharas y asintio con la cabeza.

– Yo diria que son mas o menos del mismo tamano que la cabeza de la cria. ?Que opinas, Miles?

Jameson cogio una de las cucharas y se encogio de hombros.

– Supongo que si. Tu eres el medico.

– Si, y por eso vas a ser tu quien va a asistir a la parturienta.

– ?Yo?

– Tu eres el veterinario. Seras tu el experto en yetis, no yo.

– Si tu lo dices, sera asi.

– Yo te ayudare.

En el exterior de la concha un lejano retumbar anuncio la vuelta del Allouette en el que viajaban los restantes miembros de la expedicion procedentes del campamento II.

– Sigo pensando que deberias subir al helicoptero, Jack.

Jack nego con la cabeza.

– Ya me encuentro mejor -dijo.

VEINTITRES

Los antepasados son excepcionales, los descendientes son corrientes.

Richard Dawkins

El helicoptero dejo a los cinco pasajeros: Swift, Cody, Mac, Hurke Gurung y Ang Tsering. En el Allouette no habia espacio para el resto de los sherpas, que bajaron a pie desde el corredor de hielo del Machhapuchhare, donde habian montado el campamento II. En cuanto los pasajeros se hubieron alejado lo suficiente del helicoptero, las aspas del rotor empezaron a girar a gran velocidad azotando el aire hipnoticamente. El Allouette en seguida enfilo la cola hacia arriba, como si fuera una gran libelula, y en el momento en que Swift y los demas llegaron a la concha, era solo un lejano zumbido en el horizonte.

Mac fue el primero en entrar en la concha por la compuerta hermetica. El escoces de talla menuda, que iba

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