La perspectiva normal sobre la seguridad nuclear en el subcontinente indio era que un fracaso en la disuasion seria la causa mas probable de un conflicto nuclear entre la India y Pakistan. En consecuencia, esto recibia muchisima mas atencion, en tanto que era un posible desencadenante de la guerra, que lo que los analistas de la estrategia llaman inadvertencia, termino que es una declaracion de una modestia exagerada, tipica y monumental. Pero aun en este caso, segun la voz de la sabiduria convencional, la inadvertencia podia prevenir que la situacion se desbordara. Los errores de mando y control, y de otros factores no racionales, que podrian desencadenar la guerra entre los dos paises, se decia, iban a convertirse en el motivo de que los estadistas racionales se alejaran del abismo de una contienda nuclear total.
Esta forma de ver las cosas era valida durante la guerra fria, cuando los dos principales antagonistas, Estados Unidos y la Union Sovietica, eran enemigos desde hacia solo unas decadas. Pero no servia para nada cuando se queria entender un conflicto, esencialmente religioso, de por lo menos veinte siglos de antiguedad. Ademas, la fe religiosa es, por definicion, irracional. Cuando los presidentes y los primeros ministros escuchan los consejos de los jefes del Estado Mayor, las cosas prometen solucionarse mas eficazmente que cuando aceptan las recomendaciones de sus dioses respectivos.
Aun antes del periodo de reflexion negociado por el secretario de Estado norteamericano, que habia mediado en el conflicto, los gobiernos de la India y de Pakistan habian movilizado todas sus fuerzas tacticas y estrategicas, estaban a punto para actuar en cualquier momento, se habian distribuido codigos de desbloqueo, se habian asignado objetivos y se habian establecido los horarios de futuros lanzamientos, de modo que si el enemigo atacaba, bastaria una contrasena para ordenar un ataque de represalia. Con el objetivo de defenderse de la amenaza de una decapitacion del Estado, dada la vulnerabilidad de las ordenes centralizadas y los sistemas de control, cada bando habia dado su contrasena a los dos comandantes de campo, que podrian hacer uso de los misiles nucleares a discrecion, siempre que fuesen necesarios para repeler un ataque y siempre que el comandante no pudiera recibir ordenes directas del jefe de Estado. Era este dilema de control, esencialmente irresoluble, junto con la intervencion de los rusos y de los chinos, que habian tomado posiciones opuestas en el conflicto del subcontinente indio, lo que habia puesto al mundo en un brete: la amenaza de una destruccion nuclear era real.
Esta nueva crisis habia empezado de forma harto sencilla, con un hecho nada infrecuente en la capital de Pakistan, Islamabad: un corte de energia provocado por un grupo de obreros negligentes. Por si mismo, este hecho no hubiera afectado de forma importante a las comunicaciones de la ciudad; sin embargo, cuando se restablecio el suministro electrico, se hizo de forma tan brusca que provoco una grave sobrecarga en los ordenadores que controlaban la central telefonica de Islamabad y eso trajo como consecuencia una averia en todas las lineas de entrada y de salida que duro varias horas.
Durante este mismo periodo, las garantias de paz llegaron a un punto critico y se rompieron cuando la armada india disparo un misil de practicas sin armar, un SS-N-8 con un alcance de nueve mil kilometros, desde uno de los submarinos nucleares de la clase Charlie I que, a pesar del periodo de reflexion, seguian bloqueando la ciudad de Karachi desde la bahia de Bengala. El misil habia sido lanzado a un objetivo de una zona de practicas que se halla en el Gran Desierto indico. Pero casi inmediatamente despues de ser lanzado, el misil se desvio bruscamente hacia el norte y el oficial de seguridad no pudo destruirlo. Cayo en una fabrica vacia de los alrededores de Karachi, la ciudad mas grande de Pakistan, despues de desviarse centenares de kilometros de su rumbo, y mato a dos hombres. El gobernador regional de Jaipur hizo publico un comunicado en el que decia que un misil habia alcanzado Karachi pero que no habia explotado. El comandante de campo, el general Mohammed Ali Ishaq Khan, a quien le fue imposible que Islamabad le aclarara el incidente, debido a la averia de las lineas telefonicas, creyo que el misil nuclear tambien habia sido lanzado sobre la capital y que la habia aniquilado. Tras un breve titubeo, dio la orden de que se dispusieran los misiles balisticos tierra-tierra M9 para ser lanzados de inmediato. Se procedio a armar y preparar para su uso doce misiles con una combinacion de emplazamientos fijos y lanzamisiles, cada uno de los cuales estaba cargado con un rudimentario dispositivo de veinte kilotones de uranio que era el doble de potente que la bomba que destruyo Hiroshima. Con un radio efectivo de solo seiscientos kilometros, apuntaban a las ciudades indias de Ludhiana, Jodphur, Ajmer, Jaipur, Agra, Amritsar, Ahmadabad, Delhi, Nueva Delhi, Faridabad, Ghaziabad y Moradabad.
Pero antes de dar la orden de lanzamiento de los misiles de Pakistan, el general Khan rezo. Y mientras esperaba una respuesta de las alturas, el mundo se cubria los ojos.
A cientos de kilometros de distancia, en el Himalaya, nadie decia gran cosa. Poco podia decirse en realidad, pues estaban todos muy preocupados.
Lo primero que abrumo a Swift fue el sentimiento de culpa por haber expuesto a sus colegas a semejante peligro, pero estas ideas dejaron paso rapidamente a un sentimiento de rabia; era indignante que en la era de la teoria de los vinculos, de la fusion laser, del espacio-tiempo, de la terapia del genero y la teoria del caos hubiera todavia personas capaces de cometer atrocidades en nombre de las estupidas y tiranicas fabulas de la religion.
Algunos miembros del equipo, sin embargo, dirigieron unas cuantas plegarias al cielo azul del Santuario. Otros bebieron como cosacos, intentando olvidarlo todo. La mayoria pugnaba por olvidar lo que ocurria concentrandose en los trabajos cientificos que se habian propuesto desarrollar en aquel lugar: Boyd cortaba muestras de sondaje, Jutta cuidaba de Jack, Cody, Swift y Jameson observaban a los yetis y Mac les hacia fotografias. Ninguno trabajaba tanto como Lincoln Warner. Pero su dedicacion al trabajo se explicaba solo en parte por su deseo de olvidar que se hallaba en el centro de una zona en la que podia librarse una guerra nuclear. El era, sencillamente, el que estaba mas ocupado.
El biologo nuclear se enfrasco en su trabajo de investigacion de la quimica proteinica de Rebeca. Resguardado en el interior de la concha, sin apenas notar el empeoramiento del tiempo, casi en ningun momento se alejaba del pequeno laboratorio que se habia construido. Completaba separaciones, aislaba ADN, tenia geles, analizaba manchas y pecas, realizaba calibraciones opticas de densidad y recogia datos. Todo le ayudaba a desterrar de su mente el horror de lo que podia ocurrir de un momento a otro. Al mismo tiempo, no se le escapaba la ironia de la situacion. Ahi estaba el, consagrandose a la causa general de descubrir los origenes del hombre, mientras que a menos de ochocientos kilometros de alli el hombre estaba aparentemente decidido a aniquilar su propio futuro.
Agradecia aquel aislamiento en el que trabajaba, ajeno a todo lo que ocurria a su alrededor; el aislamiento, que era tambien, justamente, objeto de sus pesquisas. Purificar plasmido de ADN de alta cualidad hasta un minimo absoluto. Separar ADN de ARN, proteinas celulares y otras impurezas. No cabia ninguna duda: las moleculas eran una forma maravillosa de mantener la cordura. Y la filogenia molecular, nombre que se da a la elaboracion de arboles genealogicos evolutivos a partir de datos bioquimicos, era un santuario tan perfecto como el glaciar en el que estaba montada la concha.
A pesar del hecho de que trabajaba en uno de los lugares mas inaccesibles de la tierra, Warner estaba equipado con el ordenador y los programas informaticos bioquimicos mas recientes. Las tecnicas que empleaba estaban miles de veces mas perfeccionadas que aquellas de las que dispusieron Sarich y Wilson, los dos ninos prodigio de Berkeley especializados en antropologia molecular en los anos sesenta. El trabajo de Warner abarcaba el analisis no solo de secuencias del nucleotido sino tambien de la estructura del ADN del yeti. Tenia mas fe en la idea de que todo el genoma del ADN cambiaba a un ritmo uniforme que en cualquier albumina serica. La hibridacion del ADN era una tecnica que incluia el analisis no solo de una proteina de la sangre, o de un gen, sino de todo el material genetico que contenia informacion de un organismo.
En terminos generales, Warner no podia discutir los resultados de Sarich y Wilson referentes a las diferencias de ADN entre los simios y los seres humanos. El simple hecho de que el chimpance, el gorila y el hombre compartieran el noventa y ocho coma cuatro por ciento de su ADN le tenia aun impresionado. Pero a diferencia de Sarich y Wilson, Warner creia en una divergencia mas lejana entre el hombre y los monos, que se remontaba a unos siete o nueve millones de anos. Y el tenia su propia vision del arbol evolutivo del hombre.
La version aceptada corrientemente, que aparecia en la mayoria de libros de texto, representaba la linea humana como algo separado del ancestro comun del gorila y del chimpance. Las pruebas moleculares, sin embargo, tal y como sostenian Sarich y Wilson, situaban al hombre, al chimpance y al gorila juntos; no habia un ancestro del hombre que no lo fuera tambien del chimpance y del gorila. Lincoln Warner habia argumentado, no obstante, que los humanos poseyeron en el pasado mas de un tipo de ADN y que la especie humana gozaba de un
