– No lo se -contesto ella-. Es solo que no me fio de ti, Boyd. Es la misma sensacion que tengo cuando paso debajo de una escalera.

– ?Eres desconfiada por naturaleza? Cada vez que se te ocurre algo tienes que leerte primero cuales son tus derechos. -Consciente de que todos estaban pendientes de el, Boyd no dejaba de sonreir, como si con su sonrisa quisiera demostrar su inocencia-. La fiebre de vivir en una cabana -anadio-. Eso es lo que pasa, que padecemos la fiebre de vivir en una cabana. Los buscadores de oro la sufrian con mucha frecuencia en el Yukon.

– Anda, Swift, dejale -intervino Jack en defensa de Boyd-. ?Por que te metes tanto con el? ?Que hay de malo en ser previsor? Boyd tiene razon. Si empiezan a lanzar bombas, sera muy util saber si estamos contaminados.

– ?No era Boyd quien decia siempre que aqui arriba estaremos seguros? -replico ella-. ?A que viene ahora querer comprobar los niveles de radiacion?

– Por mi parte -intervino Jutta-, tengo que decir que a mi me gustaria saber si estoy contaminada o no.

– De acuerdo -concluyo Swift-. A mi tambien. -Clavo sus ojos en Boyd-. Dinos cual ha sido el resultado de las mediciones que has efectuado en todos nosotros. Perdon, solo en algunos de nosotros.

Boyd echo una ojeada a la jaula y vio que Rebeca tenia el radiometro en la boca y que lo estaba mordiendo sin demasiada fuerza. Sacudio la cabeza.

– Nada. Quiero decir que eran niveles insignificantes. Los que son de esperar en personas que han estado a grandes altitudes. -Hizo una mueca-. Aqui arriba estamos mucho mas cerca del espacio. Y el espacio es radiactivo.

– ?Hu-huu-huuu-huuuu!

Rebeca decidio que no podia comerselo y arrojo el radiometro de Boyd fuera de la jaula. Fue a caer a los pies de Swift.

Esta se agacho, cogio el aparato, enjugo la saliva de la yeti y se puso en pie con una sonrisa incredula en los labios.

– Vamos a comprobarlo, ?de acuerdo? -Swift miro el radiometro con detenimiento-. Hay unas cuantas huellas de mordiscos, pero no parece que este estropeado. Me parece que se como funciona. Es una especie de contador Geiger sin los emocionantes efectos de sonido de ciencia-ficcion, ?verdad?

Apreto el boton de control y paso el radiometro por su torso y despues por el de Jack.

– Tienes razon, Boyd. Nada de nada, por ahora.

Boyd observo como media los niveles de radiacion en todos ellos. Carecia de sentido perder los nervios por aquello.

Ahora estaba pasando el radiometro por Jutta, Warner y Jameson, sin dejar de negar con la cabeza.

– Me parece, Swift, que lo que has hecho es insultante -dijo Boyd pacientemente.

Ella agito el aparato delante del sirdar, Mac y Jameson.

– Tambien vosotros estais limpios, chicos. -Rapidamente acerco el aparato por el cuerpo de Boyd-. Ahora te toca a ti, Boyd. Nada. Que tranquilidad.

– Os he dicho la verdad -declaro Boyd-. Era solo una medida de precaucion. Una lectura base, como una muestra de control. Solo para comprobar que el aparato funciona correctamente.

Intento quitarselo a Swift con amabilidad de las manos, pero ella ya lo habia metido entre los barrotes de la jaula.

– Espera un momento. No podemos dejarnos a Rebeca, ?verdad?

Esta vez la aguja del radiometro se movio.

– ?Que os parece? Rebeca, segun parece, desprende radiacion ionizante. Aunque no mucha. Solo una pequena cantidad. Pero, por pequena que sea, la desprende. La pregunta es ?por que con ninguno de nosotros se ha movido la aguja? A lo mejor, Boyd, tienes una teoria que pueda explicarlo.

– No sabria decirlo. Mira, me acabo de acordar de que tenia este aparatito. -Boyd tenia una expresion como si pidiera disculpas-. Os he dicho la verdad. Mi intencion era comprobar que no tuvieramos radiacion. Solo que no queria alarmaros. La gente se pone histerica. Lo siento, tenia que haberos explicado lo que hacia.

– Es una pena, ?sabes?, que este aparato no pueda detectar las mentiras con la misma facilidad que capta las ionizaciones -dijo Swift-. Si lo pusieramos cerca de tu boca, la aguja se dispararia tanto que la escala de medicion del aparato se quedaria corta.

– Swift -protesto Jameson.

– El tiene razon, ?sabes? -dijo Boyd con la sonrisa y el color desvaneciendose de su rostro-. Te estas pasando. Tendrias que oirte a ti misma.

– ?Me dejais ver la cosa esta? -pregunto Cody.

Swift le dio el radiometro.

– Adelante, Byron. Comprueba la radiacion de Rebeca.

Cody paso el radiometro por la esfera luminosa de su reloj. La aguja se movio un poco cuando se acerco a la jaula.

– A lo mejor es que Rebeca ha estado mas tiempo al aire libre que nosotros -apunto Jameson a modo de explicacion-. Me parece que el granito es ligeramente radiactivo.

– El geologo aqui es Boyd -dijo Swift-. Seria conveniente preguntarselo a el.

– Parece una hipotesis razonable -convino Boyd.

Rebeca, que estaba sentada, fijo sus ojos en Cody y, cuando el le acerco el aparato, cambio de postura.

– ?Eh! No pasa nada, no pasa nada -le dijo para tranquilizarla.

– Es curioso, ?sabeis? -dijo Swift-. Estoy pensando en el craneo de una cueva que hay en la pared escarpada que me trajo Jack a Berkeley. -Se encogio de hombros-. El profesor Stewart Ray Sacher hizo toda clase de analisis en el laboratorio y no presentaba ni el mas minimo sintoma de radiactividad.

Cody, al tiempo que hacia movimientos carinosos con la cabeza y le hablaba suavemente a Rebeca, metio el brazo entre los barrotes y puso el radiometro en funcionamiento. Ella le hizo tambien movimientos con la cabeza como si le contestara.

– No pasa nada, no pasa nada.

– A lo mejor algun campo de tectita -dijo Warner-. O un pequeno deposito de uranio.

– Tambien esta es una hipotesis razonable -dijo Boyd.

– Pues entonces, ?por que mientes?

Boyd sacudio la cabeza, exasperado.

– ?Por que dices que miento? Por el amor de Dios, ?que te ocurre, Swifty? -Se dio un punetazo en la palma de la mano-. Mal de altura, debe de ser eso. Quiza deberias tomar algo.

– ?Mal de altura? -Swift hizo una mueca-. A lo mejor por eso ahora estoy viendo a Rebeca. ?No era esta tu primera teoria sobre la existencia del yeti, Boyd? Cuando llegamos, es lo que dijiste. Y deja de llamarme Swifty.

Cody, que estaba junto a la jaula, fruncio las cejas al ver una expresion interrogativa en la cara tranquila de Rebeca. La aguja del radiometro se movio a mucha mas velocidad que cuando habia puesto el aparato junto al reloj.

– No cabe duda -dijo-. Esta contaminada.

Rebeca dio un brinco, contenta, y fruncio los labios.

– … eres tonta del culo -murmuro Boyd.

– No te preocupes, Rebeca. No pasa nada.

– Oh-oh-oh.

El primer sonido era absolutamente simiesco, medio ladrido, medio risotada. Pero el segundo cogio a todos por sorpresa. Hasta a Boyd.

– Na-na-na.

Cody sintio que se le erizaban los pelos de la cabeza y de la cara.

– Cono -susurro Mac.

Jutta se puso en pie. Warner tambien.

– ?Na-da! ?Na-da! ?Na-da!

– Habla -murmuro Swift-. Rebeca puede hablar.

– ?Na-da! ?Na-da!

– Nada -repitio Cody, encantado-. No pasa nada. ?Nada!

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