Eche una ojeada a lo que, con demasiado optimismo, habia llamado pruebas. Las notas y los sobres estaban escritos a maquina en papel de buena calidad sin ningun rasgo distintivo y habian sido enviados desde diversos distritos en todo el oeste de Berlin -W.35,W. 40, E. 50- y todos los sellos conmemoraban el quinto aniversario de la llegada al poder de los nazis. Eso me dijo algo. El aniversario habia tenido lugar el 30 de enero, asi que quien chantajeaba a Frau Lange no debia de comprar sellos muy a menudo.

Las cartas de Reinhart Lange estaban escritas en ese papel tan caro que solo los enamorados se molestan en comprar; esa clase que cuesta tanto que tiene que tomarse en serio. La letra era pulcra y cuidadosa, incluso esmerada, que era mas de lo que se podia decir del contenido. Quizas un empleado de una casa de banos otomana no habria encontrado nada censurable en ellas, pero en la Ale mania nazi las cartas de amor de Reinhart Lange bastaban para otorgar a su descarado autor un viaje a un KZ con el pecho lleno de triangulos de color rosa.

– Este doctor Lanz Kindermann -dije, leyendo el nombre en el sobre con perfume a lima-, ?que sabe de el exactamente?

– En una epoca, Reinhart se convencio de que debia seguir un tratamiento contra la homosexualidad. Primero probo varios preparados endocrinos, pero no le hicieron efecto. Parecia que la psicoterapia ofrecia mas posibilidades de exito. Creo que varios miembros de alto rango del partido y chicos de las Juventudes Hitlerianas se habian sometido al mismo tratamiento. Kindermann es psicoterapeuta y Reinhart lo conocio cuando ingreso en su clinica de Wannsee en busca de tratamiento. En lugar de recibirlo, empezo una relacion intima con Kindermann, que tambien es homosexual.

– Perdone mi ignorancia, pero ?que es exactamente la psicoterapia? Pensaba que era algo que ya no estaba permitido.

Frau Lange sacudio la cabeza.

– No estoy segura del todo. Pero creo que se hace hincapie en tratar los trastornos mentales como parte de la salud fisica en su conjunto. No me pregunte en que difiere de ese Freud, salvo que el es judio y Kindermann es aleman y su clinica es exclusivamente para alemanes. Alemanes ricos, con problemas de drogas y alcohol, de esa clase que se siente atraida por las facetas mas excentricas de la medicina; la quiropractica y todo eso. O esos otros que solo buscan un caro descanso. Entre los pacientes de Kindermann se cuenta incluso Rudolf Hess, el lugarteniente del Fuhrer.

– ?Conoce personalmente al doctor Kindermann?

– Solo lo he visto una vez. No me gusto. Es un austriaco arrogante.

– ?No lo son todos? -murmure-. ?Cree que seria capaz de hacer un poco de chantaje? Despues de todo, las cartas iban dirigidas a el. Si no es Kindermann, tiene que ser alguien que lo conozca perfectamente o, por lo menos, alguien que haya tenido la oportunidad de robarle las cartas.

– Confieso que no habia sospechado de Kindermann por la simple razon de que las cartas los implican a los dos. -Se quedo pensativa un momento-. Ya se que suena estupido, pero nunca habia pensado en como las cartas habrian llegado a caer en manos de otra persona. Pero ahora que usted lo menciona, supongo que las debieron de robar; a Kindermann, diria yo.

Asenti y dije:

– De acuerdo. Ahora dejeme que le haga una pregunta bastante mas dificil.

– Ya se lo que va a decir, Herr Gunther -dijo con un enorme suspiro-. Me va a preguntar si he pensado en la posibilidad de que mi propio hijo sea el culpable.

Me miro con ojo critico y anadio:

– No me he equivocado con usted, ?verdad? Es justo la clase de pregunta cinica que esperaba que me hiciera. Ahora se que puedo confiar en usted.

– Para un detective ser cinico es tan necesario como para un jardinero tener mano con las plantas, Frau Lange. A veces ese cinismo me mete en lios, pero casi siempre me impide subestimar a las personas. Asi que espero que me perdone si le digo que esta podria ser la mejor de las razones para no involucrarlo a el en la investigacion, y que usted ya habia pensado en ello.

La vi sonreir ligeramente y anadi:

– Ya ve que no la subestimo, Frau Lange. -Ella asintio-. ?Cree que podria estar escaso de dinero?

– No, como director del consejo de la Edi torial Lange, tiene un salario considerable. Ademas, tiene rentas de un elevado fideicomiso que su padre establecio para el. Tambien es verdad que le gusta jugar, pero peor que eso, a mi modo de ver, es que es el propietario de una cabecera totalmente inutil llamada Urania.

– ?Cabecera?

– Una revista. Sobre astrologia u otra tonteria asi. No ha hecho mas que perder dinero desde el dia que la compro. -Encendio otro cigarrillo y le dio una calada con los labios fruncidos como si fuera a silbar una melodia-. Pero sabe que si alguna vez necesitara dinero, solo tendria que venir a pedirmelo.

Sonrei con aire lastimero.

– Ya se que no tengo un aspecto precisamente encantador, pero ?alguna vez ha pensado en adoptar a alguien como yo?

Se echo a reir al oirme y anadi:

– Me parece que su hijo es un joven muy afortunado.

– Es un malcriado, eso es lo que es. Y ya no es tan joven. -Se quedo mirando fijamente al vacio, en apariencia siguiendo el humo del cigarrillo-. Para una viuda rica como yo, Reinhart es lo que en el mundo de los negocios llamamos un «lider en perdidas». No hay decepcion alguna en la vida que pueda compararse ni de lejos a la desilusion producida por nuestro propio hijo.

– ?De verdad? He oido decir que los hijos son una bendicion cuando nos vamos haciendo mayores.

– ?Sabe una cosa?, para ser un cinico, esta empezando a sonar muy sentimental. Es facil ver que no tiene hijos. Asi que dejeme que le corrija: los hijos son el reflejo de nuestra propia vejez. Son la forma mas rapida de envejecer que conozco. El espejo de nuestro declive. Sobre todo del mio.

El perro bostezo y se bajo de un salto de su falda como si ya hubiera oido eso muchas veces. En el suelo se estiro y corrio hacia la puerta, donde se volvio y miro hacia su ama con aire expectante. Sin inmutarse ante aquella exhibicion de arrogancia canina, Frau Lange se levanto para dejar que el animal saliera de la sala.

– Bueno, ?y ahora que hacemos? -dijo, volviendo a su chaise longue.

– Esperar a que llegue otra nota. Yo me encargare de la proxima entrega de dinero. Pero hasta entonces me parece que seria buena idea si yo ingresara como paciente en la clinica de Kindermann durante unos dias. Me gustaria saber un poco mas sobre el amigo de su hijo.

– Supongo que eso es lo que queria decir al hablar de gastos, ?no?

– Tratare de que sea una estancia corta.

– Procure que sea asi -dijo, adoptando un tono de maestra de escuela-. La Cli nica Kindermann cuesta cien marcos al dia.

– Muy respetable -dije soltando un silbido.

– Y ahora tendra que disculparme, Herr Gunther -dijo-.Tengo que preparar una reunion.

Me guarde el dinero que me habia dado y nos estrechamos la mano, despues de lo cual recogi la carpeta que me habia dado y encamine mis pasos hacia la puerta.

Recorri el polvoriendo pasillo y atravese el vestibulo.

Una voz bramo:

– Quedese donde esta. Tengo que acompanarlo a la puerta. A Frau Lange no le gusta que no les abra la puerta a sus visitas yo misma.

Puse la mano en el pomo de la puerta y me encontre con algo pegajoso.

– Seguro que es debido a ese caracter tan agradable que tiene usted. -Abri la puerta de golpe, irritado, mientras el caldero negro atravesaba anadeando el vestibulo-. No se preocupe -dije examinandome la mano-. Siga con lo que sea que este haciendo en este pozo de polvo.

– Llevo mucho tiempo con Frau Lange -gruno-, y nunca ha tenido ninguna queja de mi.

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