te envenenaras tu mismo. ?Sabes cual era? Un tio venia y te torturaba hasta la muerte. Lo hacia de la siguiente manera: te ataba y te daba alguna clase de droga para que se te relajara el culo. Amilnitrato, o su equivalente antiguo, lo mas probable. Lo mismo que hacen esos gays del S &M. Esos tipos se hacen todo tipo de porquerias unos a otros, cosas que yo no puedo ni imaginar. Cuando el torturador pensaba que ya estabas preparado, te metia todo el brazo por el ojete, al estilo de Robert Mapplethorpe, y seguia para arriba hasta que te agarraba el corazon. Cuando lo hacia -y esa era la parte mas exquisita de la tortura- iba estrujandolo lentamente con la mano, como si fuera una jodida esponja o algo asi. ?Puedes imaginartelo? Para que hablemos de que nos duele el pecho. Joder. Los verdaderos expertos podian hacerlo durar un rato, como los amantes experimentados. Y eso, eso era la alternativa al veneno, no te engano. Un polvo de puno fatal. No es de extranar que el viejo Socrates decidiera hacer mutis por si mismo, ?eh?

– Hijoputa.

– Exacto. Otro escritor… vas a oirme hablar de un monton de figuras literarias, si te quedas un rato conmigo, Moose: los ultimos cinco anos no he hecho mas que leer. Y hacer ejercicio. Pero eso ya lo debes saber, ?no? Siento haber tenido que darte tan fuerte. Pero eres un tio muy grande, Moose. A lo que ibamos, este otro escritor, se llamaba Samuel Johnson, decia que la perspectiva de que te cuelguen ayuda a la gente a concentrarse de una forma extraordinaria. Y yo sospecho que lo mismo pasa con la tortura.

– Que te fodan… mi ojo… dide nada… cabron…

Dave tiro de los pies de Willy.

– Moose, Moose, deberias cuidarte mejor esos pies. Tienes el peor caso de pie de atleta que he visto. ?Te secas bien entre los dedos? Tendrias que hacerlo, ?sabes? El tuyo es ya un caso cronico, me parece. Jodidamente dificil de erradicar. La mayoria de esas preparaciones antihongos no funcionan ?sabes? Pero tengo un remedio infalible para liquidar a ese diminuto microbio que causa esta dolencia quiropodica tan poco comprendida. En realidad es un secreto, aunque no me importa compartirlo con alguien como tu, Moose.

Dave volvio la cabeza.

– Pero antes de hacerlo, ?hay algun secreto que tu quieras compartir conmigo? ?Una especie de quid pro quo? Tal vez, por ejemplo, quien te envio a verme, con toda esa artilleria, y por que. Hablame, Moose. Y no me cuentes que ibas buscando a tu Velma o creere que quieres pasarte de listo conmigo.

– … miedda es Velma?

– ?No eres aficionado a Chandler? ?Que lastima! Te gustaria. Es un tio duro. Como los huevos cocidos, y un poco como esos pies tuyos. Asi que, ?que me dices?

Willy Barizon tosio con dificultad.

– Mire senor, se ha equivocado de tio. Yo no se nada. Nadie me ha enviado. Mi ojo. Ha habido un error.

– Moose, estas insultando mi inteligencia. Y a mi inteligencia eso no le gusta. Se ofende por casi cualquier cosa. Pero sobre todo se ofende si alguien piensa que no existe. Que yo soy tan estupido como tu.

Dave empezo a meter las cerillas del hotel entre los dedos malolientes y pegajosos de Willy Barizon como si se estuviera preparando para pintarle las unas.

– ?Puaj! Recuerdame que me lave las manos cuando acabe.

– ?Que estas haciendo?

– Es lo que te estaba contando, Moose. El remedio infalible para librarte del pie de atleta. La cuestion es, tio, que hay que quemar. Es como cauterizar una herida. El calor extremo mata la infeccion. Esto son libritos de cerillas, Moose. ?Alguna vez has visto arder todo un librito de cerillas? Es como una jodida bengala, tio.

– ?Socorro! -chillo Moose y empezo a retorcerse, desesperado.

Pero Dave tenia preparada una toalla y la metio en la boca con forma de chuleta de Willy Barizon.

– Moose, Moose. Cierra esa jodida boca, ?eh? Vamos a tener un problema al estilo de Yossarian si no tenemos cuidado. Catch 22. ?Te acuerdas? Me refiero a que, ?como vas a contestar a mis preguntas si tengo que meterte una toalla en esa boca tuya que parece dibujada por Picasso? Pero tampoco es que pueda dejarte que eches la casa abajo con tus chillidos. ?Comprendes mi dilema? Mira, te dire que vamos a hacer. Parte de tu problema es tu falta de imaginacion, tu incapacidad para visualizar lo rabiosamente que queman esas pequenas cerillas. Por eso, eres incapaz de formarte una idea de lo doloroso que sera para ti. Asi que voy a hacerte una pequena demostracion, una demostracion lo mas amable posible. Y luego te sacare la toalla de ese buzon tuyo. A riesgo de ser redundante, te recomiendo que empieces a hablar en ese mismo momento o yo empezare a freir beicon aqui abajo. Asi que vamos con la leccion practica.

Dave coloco un cenicero delante de la cara de Willy Barizon. Luego le saco uno de los libritos de cerillas de entre los dedos de los pies, lo abrio y lo encendio con el encendedor de plata que habia comprado aquella misma tarde en la tienda de Porsche. La tapa del librito ardio con desgana durante un momento y luego se apago. Dave le dio al encendedor y volvio a encenderlo. Esta vez prendio bien y al segundo las cerillas estallaron en medio de una espectacular nube de humo azul, con olor acre.

– ?Guau! -dijo Dave riendo entre dientes-. La jodida llama olimpica. ?Huy! Eso tiene aspecto de doler. ?Que me dices, Willy? ?Te parece que dolera?

Willy cabeceo asintiendo como un loco.

– ?Listo para tener aquella charla que deciamos?

Willy siguio asintiendo.

– Buen chico.

Dave saco la toalla de la boca de Willy.

– Bueno, ?quien te envio?

– Fue Tony Nudelli.

Eso cogio a Dave por sorpresa.

– ?Tony? ?Por que? ?Que cono tiene contra mi?

– Queria que te recordara que mantuvieras la boca cerrada sobre lo que sea que tu ya sabes.

Dave fruncio el ceno mientras trataba de encontrar sentido a la informacion.

– Me he pasado los ultimos cinco anos en la trena con la boca cerrada -sacudio la cabeza-. No tiene sentido.

– Te juro que es la verdad.

– ?Y como ibas a recordarmelo exactamente? Quiero decir, ?ibas a dejarme caer una palabrita al oido, o se suponia que iba a sentir esa necesidad de silencio en alguna parte no esencial de mi cuerpo?

– Solo tenia que pegarte una paliza, eso es todo. Puede que romperte unos cuantos dedos. Nada grave.

– He tenido novias que podrian estar en desacuerdo con eso, Willy.

– Te juro por Dios que es la verdad.

– Calla un momento mientras pienso.

Dave penso en silencio durante un minuto mientras sopesaba lo que Willy acababa de decirle. Era posible que Tony Nudelli estuviera lo bastante preocupado por lo que Dave sabia de el como para enviarle al maton sobre el que ahora estaba sentado. Solo que Tony solia arreglar las cosas de un modo bastante mas definitivo que unos cuantos dedos rotos o un labio partido. Eso Dave lo habia visto personalmente. Pero mientras lo pensaba, se le ocurrio que quizas habia una manera de sacar partido a la situacion. Una manera de demostrarle a Tony su lealtad. Un preludio util para lo que vendria a continuacion.

– No -dijo lentamente-. No me trago esa historia, Willy.

– Oye, tienes que creerme…

– ?Por que querria Tony hacerme papilla?

– Yo no dije eso, dije hacerte dano, no papilla.

– Despues de cinco anos, lo que esta claro es que Tony sabe que no me voy a ir de la lengua con nadie.

– Mira, yo solo soy un mandado. Ya lo sabes. No soy el psicoanalista de Tony. No se lo que tiene en la cabeza. Le debo un favor. Ya sabes que asi es como funciona. El me dice que haga algo, yo lo hago y no busco ninguna

Вы читаете Plan Quinquenal
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату