mismo que antes, por culpa de toda esa mierda de minorias que se nos ha metido en casa -porque ya no podemos decir esto y no podemos decir eso otro- y por todos esos politicos que utilizan el idioma para no decir nada de nada. Te dare un ejemplo, Jimmy. Un tipo le dice a una chica: «?Me dejaras follar contigo?» Bueno, si ella dice: «Quizas», sabes que hay una posibilidad real. Pero si le dijeras a un politico: «?Construira mas escuelas y mas hospitales si llega al poder con nuestros votos?» y el dice: «Quizas», entonces sabes sin ninguna duda que no va a hacerlo. Para el, quizas es igual a nunca. ?Entiendes lo que te estoy diciendo?

Figaro no estaba seguro de entenderlo. Habia veces en que pensaba que Tony Nudelli era uno de los clientes mas listos que tenia, y otras en que creia que era mas tonto que la television diurna. Esa larga disertacion lo habia dejado en la duda de que habia querido demostrar Nudelli. Pero de cualquier modo, cabeceo y dijo:

– Si, claro.

Decidio tratar de desviar la conversacion de la idea que, mucho se temia, Nudelli seguia teniendo en su suspicaz cabeza.

– ?Quieres que hable con Delano, Tony? ?Que le recalque que es absolutamente necesario que siga con la boca cerrada? Va a pasar por el despacho manana para hablar de algunas cosas. Puedo dejarselo claro entonces, si quieres.

– Willy Barizon -dijo Nudelli, sacudiendo la cabeza.

– ?Que pasa con el?

– Es medio hermano de Tommy Rizzoli. El tipo que sacaste del negocio del hielo.

Figaro sonrio incomodo.

– Tony, le aconseje que vendiera el negocio para evitar una condena de carcel, eso es todo.

– Es lo mismo. Como sea, voy a hacer que Willy vaya a hablar con Delano.

– ?Para darle una paliza?

Nudelli parecio dolido.

– Tendrias que comer un poco de pastel. Es el mejor que hay.

Figaro se llevo el tenedor a la boca. Tenia que admitir que era bueno.

– Odio oir a mi abogado diciendo una cosa asi -dijo Nudelli con frialdad-. Pero no, no voy a hacer que le den una paliza. Solo quiero que le recuerden, de un modo contundente, que todavia tiene que temerme.

Se lamio los labios y luego se seco la boca con la servilleta.

– Me parece que me gustaria tomar algo dulce con el postre. Una copa de moscatel, tal vez. ?Te gusta el moscatel?

Figaro nego con la cabeza.

– ?Y ahora donde se ha metido ese mamon? -gruno, buscando al camarero con la mirada.

Fijo los ojos en Figaro de nuevo.

– Ademas, quiero saber algo mas de esos nuevos amigos suyos antes de zurrarlo. Me han dicho que en Homestead compartia celda con un ivan. Y que ese ivan tiene importantes relaciones en Nueva York. No me gustaria darle una paliza a Delano y encontrarme con esos cabrones rusos encima. Les gusta matar a la gente. Creo que les gusta mas matar que hacer dinero. Lo llevan en la sangre, supongo. Matar lo han hecho siempre, durante toda su historia. Hacer dinero no, nunca.

– El companero de celda se llamaba Einstein Gergiev -informo Figaro-. Lo llamaban Einstein porque habia sido fisico y experto en informatica antes de liarse con las mafias en Rusia, y luego aqui, en Florida.

– Un hijo de puta listo, ?eh?

– Tenia montado algun tinglado con eso de las dos ciudades gemelas.

– ?Que dos ciudades?

– Las dos San Petersburgo.

– La del Golfo de Mexico la conozco, pero ?donde esta la otra?

– En Rusia, al norte de Rusia.

– No lo sabia.

– Fue todo un fraude, segun me han dicho. Le costo a la ciudad de San Petersburgo, la de Florida, varios millones de dolares.

– ?De veras?

– De cualquier modo, a Gergiev lo soltaron hace seis meses y lo deportaron a Rusia. Pero no sabia que tuviera amigos en Nueva York.

– Todos esos rusos, los rojos, se encuentran alli. Playa Brighton. Tendrias que verlo. El hogar de los jodidos rusos lejos de su hogar. Little Odesa, lo llaman. Los contactos los tienen alli o en Israel, en Tel Aviv. La mitad de los judios que se fueron de Rusia estan relacionados. Para empezar, asi es como consiguieron el dinero para largarse -Nudelli se encogio de hombros-. Tengo un primo en Tampa. A lo mejor el puede averiguar algo de ese Einstein rojo. ?Donde esta Delano?

– Dijo que iba a alojarse en el Sheraton de Bal Harbor.

– Es un buen hotel de la playa. Con clase. Puedes olvidarte del Fontainebleau.

Nudelli se enderezo en la silla. Habia encontrado al camarero.

– ?Eh, tu, Elias! Ven aqui.

Al ver a Toni Nudelli, el camarero retrocedio hacia la puerta del restaurante como un quarterback buscando a uno de sus receptores. Un segundo despues habia salido por la puerta y corria a traves del patio de estilo Mediterraneo, en direccion a Biscayne Bay.

– Joder -dijo Nudelli echandose a reir-. ?Que cono he dicho?

5

Dave habia echado de menos el mar, incluso un mar tan lleno de gente y barcos como el de Miami Beach. Metido entre el cielo azul palido y el polvo de rocas rojas que hacia las veces de arena, el mar, del color gris de la piel de una serpiente, llegaba hasta el haciendo garabatos de espuma. En Homestead siempre sonaba con volver a contemplar ese paisaje. Pero no era esa recuperada vista del mar lo que servia para subrayar su libertad, sino aquel olor a sal y aquel sonido visceral, como una respiracion, que la acompanaba. Esa parte la habia olvidado. Entre las cuatro paredes de la suite del hotel, por lujosa que fuera, era demasiado facil revivir la pesadilla de estar dentro de su celda otra vez, del mismo modo que alguien a quien le han amputado una pierna sigue sintiendola como si aun la tuviera. Solo tenia que cerrar los ojos y escuchar el silencio dotado de aire acondicionado. Pero aqui, en la playa, con sus sonidos y olores penetrandole en la conciencia, la sensacion del viento en su pelo bien cortado y del sol de la tarde calentando su cara bien rasurada, como si fuera la placa de un fogon gigante, era imposible confundir el lugar donde estaba con nada que no fuera el mundo exterior. Dave se tumbo en la toalla de playa y respiro profundamente con la vista fija en el cielo. Ni siquiera leyo. Sus otros sentidos, tan descuidados, no le permitirian concentrarse en nada excepto en donde estaba y lo que eso significaba. Unos cuantos dias de descanso en Bal Harbor le ayudarian a derrumbar los muros que seguian en pie dentro de su cabeza. Despues, podria ponerse a trabajar.

A Willy Four Breakfasts Barizon le venia el apodo de la vez que se comio cuatro desayunos completos -dos huevos fritos, dos lonjas de beicon, una salchicha, y patatas y cebollas fritas en cada uno- en un Denny de la Avenida Lincoln. Con casi 1,85 de estatura, pesaba alrededor de 105 kilos desnudo y cerca de 115 vestido. Los diez kilos de diferencia eran debidos principalmente a las dos pistolas que llevaba debajo de su holgada camisa hawaiana. La lengua le venia dos tallas grande a su cara, lo que hacia que hablara por un lado de la boca, que siempre parecia humeda, igual que si todavia guardara uno de aquellos desayunos en el otro carrillo, como si fuera una mascada de tabaco. Tenia el pelo negro y con rizo natural, aunque el corte que llevaba hacia que pareciera como si acabaran de hacerle la permanente, con aquellos pequenos rizos que le caian por encima de sus orejas de elefante, como si fuera un judio hasidico. Con el aspecto de gigante de tamano reducido que tenia, era dificil que Willy Barizon pasara inadvertido. Ademas, hacia tiempo que no se encargaba de aquel tipo de trabajos, y habia olvidado como actuar con sutileza. El negocio del transporte de hielo era todo fachada. Mostrar un aspecto duro cuando iba a recaudar el dinero era lo unico que se necesitaba. Era raro tener que llegar a zurrar a alguien.

Dave detecto a Willy al momento de verlo. O mejor dicho, detecto la mirada que el hombreton recibio del

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