botones cuando Dave salio del restaurante del hotel y fue a pedirle al recepcionista que enviara el fax que habia escrito en pulcras mayusculas cirilicas mientras cenaba. Cinco anos vigilando que no le dieran por el culo habian hecho que le salieran ojos en el cogote. Era como si el botones hubiera proyectado una flecha de neon al pecho del hombreton, una flecha que decia: «Ese es tu blanco. A por el».

Dave entro en el ascensor al lado de una mujer con un peinado tan alto como el gorro de un chef. ?Que les pasaba a las mujeres de Miami con los peinados altos? Con un ojo en el peinado y en la marchita muneca que habia debajo, apreto el boton de su piso y se situo al fondo mientras ella apretaba el del suyo. Luego fue ella la que se aparto al entrar Willy. Pasaron uno o dos segundos antes de que el pensara en apretar tambien un boton, lo cual confirmo mas o menos la sospecha de Dave de que el tipo habia estado esperando para seguirlo hasta su habitacion. Pero la cuestion del motivo seguia intrigandole. No era un poli, de eso estaba seguro. Un poli lo hubiera agarrado en el vestibulo. ?Y por que motivo? ?Sospecha de robo de un gran coche? Mientras se cerraban las puertas, Dave se volvio hacia Willy Barizon y estiro el brazo para que se viera el reloj que habia comprado en el centro comercial de Bal Harbor aquella misma tarde.

– ?Ves este reloj, tio?

– ?Que?

– El reloj. Es un Breitling Chronometer. El mejor reloj del mundo.

Cara de Muneca hizo como si el no existiera.

– Olvidate del Rolex. Eso es solo para las peliculas. Y para el National Geographic. Esto, esto es un instrumento de precision cojonudo. Me costo 5.000 dolares.

– ?Y a mi que mierda me cuentas? -gruno Willy.

– Espera, no he acabado. ?Quieres ver mi billetera?

Dave saco su cartera y la abrio.

– ?Ves esto? Piel de primera. ?No es una belleza? Y ademas con 1.000 dolares dentro.

– Estas pirado.

Sono una campanilla cuando el ascensor llego al piso de Cara de Muneca.

– Realmente -dijo, pisando con garbo sobre sus altos tacones-. Algunos no saben como llevarlo, ?verdad?

– Tiene usted toda la razon, senora -asintio Willy.

Dave devolvio la cartera al bolsillo de la chaqueta de su traje de lino y saco su nueva estilografica mientras las puertas volvian a cerrarse.

– Y ademas tengo esta pluma.

– Que te den, tio, y que le den tambien a tu pluma -dijo Willy, y palpo instintivamente una de las dos herramientas que llevaba debajo del cinturon.

Los agudos ojos de recluso de Dave captaron el revelador bulto con una sola mirada.

– Te estoy contando todo esto por una razon -explico friamente-. Te lo cuento para que sepas en lo que valoro tus jodidas posibilidades de robarme.

– Te has equivocado de tio, Delano. ?Quien dijo nada de robarte tu culo de mierda?

Dave dio un paso atras. La lengua casi se le salia de la boca al hombre cuando hablaba. Dave habia sentido la rociada de saliva como si fuera lluvia. Los ojos se le quedaron un momento detenidos en esa lengua, fascinados por su grotesco aspecto. En el mejor de los casos, parecia la caratula que Andy Warhol habia disenado para el disco de los Rolling Stones. Sticky Fingers. Aun lo conservaba. Eso si su hermana no lo habia vendido, claro. En el peor, la lengua parecia algun tipo de repugnante medusa rosa dentro de un circulo de amarillo rojizo. La campanilla del ascensor volvio a sonar al llegar al piso que Willy habia escogido, solo que el no le presto ninguna atencion.

El tio habia dicho su nombre. Llevaba artilleria y lo habia seguido dentro del ascensor. ?Que mas necesitaba saber? Desenrosco la tapa de la pluma.

– ?Has acabado de ensenarme todas tus pertenencias?

– Solo una cosa mas -insistio Dave-. Aqui esta la pluma. Es una Mont Blanc Meisterstuck. Se llama Mont Blanc porque el plumin de catorce quilates lleva escrito la altura del Mont Blanc. Es la montana mas alta de Francia. Adelante, echale una mirada.

Dave levanto la pluma para que Willy la viera.

– Cuatro mil ochocientos diez metros de altura. Adelante, mirala, porque te la voy a dar como regalo.

Willy miro.

Dave no dudo ni un instante, y clavo la punta en forma de mitra de su pluma tamano Cohiba en el blanco del ojo del hombreton, salpicando al mismo tiempo con una galaxia de manchas de tinta la cara, el cuello y la camisa de Willy.

Willy aullo de dolor, apretando las dos manos sobre el ojo herido y dando a Dave la oportunidad de golpearlo libremente en los rinones, como si estuviera entrenandose con el saco en el gimnasio de la prision. Tras propinarle tres punetazos, remato la faena con un gancho a las pelotas de Willy que iba cargado con toda la fuerza de su hombro y que fue tan despiadado que Willy sintio como si le estuvieran desgarrando la carne con unas tenazas al rojo vivo. Las puertas del ascensor se abrieron de nuevo con un suspiro de aire que era como el eco del sonido que salia de la malformada boca de Willy. Encogido, con una mano en las pelotas y otra en el ojo, Willy parecia mas pequeno ahora y mas facil de manejar. Dave vio que no habia necesidad de volver a golpearlo. Pero habia unas preguntas que necesitaban respuesta. Y aplicando la suela de piel autentica de un elegante mocasin nuevo en la rabadilla de Willy, Dave lo lanzo al pasillo. Willy cayo de barriga sobre la tupida alfombra, dio con la cabeza contra un extintor colgado de la pared y luego se desmayo.

Dave recogio su pluma del suelo del ascensor y salio rapidamente antes de que se cerraran las puertas. Miro a ambos lados. No habia nadie. Agarro a Willy por las piernas y lo arrastro por el pasillo hasta su suite.

Una vez seguro al otro lado de la puerta, Dave registro a Willy concienzudamente; pudo aliviarle de un Ruger Security-Six, que llevaba en un cinturon por dentro de los pantalones y que imaginaba que era sobre todo para alardear, y debajo de una correa sobre la barriga, una 22 automatica, mas pequena y silenciosa, que era la que probablemente hacia el trabajo. Dave descargo el revolver y dejo la 22 a mano para cuando el tipo volviera en si. El nombre que aparecia en el carnet de conducir que encontro en la sudada cartera era Willy Barizon. Dave nunca habia oido hablar de el. Habia una Mastercard, ochenta dolares, un ticquet del servicio de aparcamiento del Sheraton, un boleto de apuestas por un perro en Hollywood y una tarjeta profesional de una puta con un numero de la zona 305. «Foxy Blonde. Belleza joven y voluptuosa. Servicio a domicilio.» Al reverso habia un nombre: «Tia». Dave tiro la tarjeta a la basura.

– Me parece que no iras al domicilio de Willy durante un tiempo -dijo, recordando la fuerza con que le habia golpeado los huevos al hombreton. Dave fue al bano y volvio con los cinturones de los dos albornoces, que empleo para atarle primero las manos a la espalda y luego los tobillos. Se preparo una bebida y reunio algunos libritos de cerillas que cogio del bar mientras Willy iba recuperando la conciencia entre grunidos. Dave se sento sobre la parte posterior de los muslos de Willy, de cara a los pies, y empezo a quitarle los zapatos y los calcetines. Echando una mirada por encima del hombro dijo:

– ?Que tal va por ahi, Moose? ?Listo para un dialogo socratico? Eso quiere decir que yo digo una cosa, tu dices otra y yo llego a una conclusion.

Dave echo a un lado con asco los calcetines de Willy y tomo otro sorbo del vaso.

– ?Nunca has oido hablar de Socrates, Moose? Fue un filosofo griego, al que condenaron a muerte por corromper a los jovenes de Atenas. Eso fue antes de la television, claro. Los chavales de hoy tienen cable, asi que probablemente ya esten corrompidos, ?no? Al tal Socrates lo obligaron a tomar cicuta. Es una especie de veneno. Pariente del perejil, por si te interesa, asi que ve con cuidado con tus alinos. Sea como sea, cuando lei esto, en un libro de Platon, empece a preguntarme como haces para obligar a alguien a envenenarse por voluntad propia. Quiero decir, no es igual que si te atan a una camilla y te ponen una inyeccion letal como hacen en la trena. No, el se sento con unos cuantos amigos y se lo bebio el mismo. No te jode. Y yo me pregunte por que.

– Que te fodan -gruno Willy.

– Bueno, mira, pues resulta que aquellos antiguos griegos – los muy cabrones- te daban una alternativa a que

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