jodida declaracion de intenciones. Me pagan por hacer lo que me dicen.

– ?Sabes que creo? Que son los rusos los que te enviaron a zurrarme.

– ?Que rusos? Aqui no tiene nada que ver ningun ruso.

– Eso es lo que creo. Creo que fue Einstein Gergiev el que monto esto. ?Acierto, Willy?

– Que no, tio.

– Eso si que tiene mucho mas sentido. El ruso. Es natural que tengas mas miedo de el que de mi, incluso con todo un manojo de cerillas entre los dedos. Es un personaje siniestro, ese ruso. Lo se de buena tinta, he pasado cuatro anos con el en la misma celda. No, seguro que estas mintiendo, Moose.

Dave le dio al encendedor para recalcar sus palabras.

Desesperado, Willy se revolvio debajo de Dave, con el cuello y las orejas cada vez mas rojos por el esfuerzo.

– Mira tio, no se nada de ningun cabron de ruso. Nunca he conocido a nadie llamado Einstein como se llame. Fue Tony Nudelli, te lo juro. Te juro por la virgen que es verdad.

– ?Oh! ?Eres catolico, Moose?

– Si, soy catolico.

– Te dire lo que vamos a hacer, Moose.

Dave se levanto y fue a la mesilla de noche, de donde cogio una Biblia.

– Te voy a pedir que me lo jures sobre la Biblia.

– Si, lo que quieras, con tal de que me creas.

Dave volvio a sentarse sobre la espalda de Willy y le metio la Biblia debajo de la enorme mandibula.

– Ahora repite conmigo, Moose. «Porque confio en la resurreccion del cuerpo…»

– «Porque confio en la resureccion del cuerpo…»

– «Y la vida eterna en Jesucristo…»

– «Y la vida eterna en Jesucristo…»

– «Lo que he dicho es la verdad, y que Dios se apiade de mi.»

– «Lo que he dicho es la verdad, y que Dios se apiade de mi.»

– Ahora besa la Biblia con esa bocaza que tienes.

Willy beso la Biblia hasta que quedo empapada de saliva.

– No te educarian los jesuitas, espero -dijo Dave-. Esos tipos eran tan tramposos que podian jurar una cosa, pensar otra, besar la Biblia y salirse con la suya gracias a la doctrina de la evasiva.

– No, tio, no.

– Vale, te creo.

Dave se puso de pie y tomo otro sorbo de su bebida.

– De acuerdo. Ahora voy a desatarte. Pero recuerda: tengo esa pequena Phoenix Arms 22 en el bolsillo. Si tratas de ser desagradecido, te librare de parte de la presion que tienes en ese cerebro tuyo. Te proporcionare otro agujero por donde respirar. ?Lo tienes claro?

– Si, si.

Dave desato a Willy y se aparto mientras el hombreton, lenta y doloridamente, se sentaba en el suelo. Willy se palpo los testiculos y luego apoyo la palma de la mano con cuidado en el ojo herido. Con el ojo bueno miro, a traves de la habitacion, al hombre que ahora estaba sentado en un gran sofa de color crema. Extendidos por el suelo frente a Delano, como en el anuncio de Jerry Seinfeld para American Express, estaban los resultados de lo que parecia haber sido una importante jornada de compras: varios pares de zapatos, montones de camisas de vestir y deportivas, jerseys y pantalones y un ordenador portatil de la marca Apple nuevecito. No habia nada barato a la vista. Incluso la suite, con el balcon corrido y vistas al mar, tenia toda la pinta de costar tres o cuatrocientos dolares la noche.

– ?Como va el ojo? -pregunto Dave.

– Duele.

– Lo siento Moose. Coge una toalla del bano si quieres y un poco de hielo de la nevera. Hazte una compresa fria. Evitara que suba mucho la inflamacion.

– Gracias, tio.

Moose fue a buscar el hielo. Lamentaba el final de su negocio del hielo con su primo Tommy. Si no hubiera sido por eso, ahora no estaria alli, arriesgandose a perder un ojo. Quizas no estuviera hecho para los asuntos duros, despues de todo. Tenia que haber algo mas facil.

Mientras miraba como Willy se preparaba la compresa fria, Dave sintio pena por el mendrugo, aunque estaba seguro de que le habria roto los dedos como habia dicho, y sin remordimiento alguno.

– Puedes decirle a Tony lo decepcionado que me siento -dijo Dave. -Y anadio, cruel-: Cuando lo veas.

– Si lo veo -dijo Willy con amargura-. Este jodido ojo. Creo que me has dejado ciego.

– Decepcionado, pero no rencoroso. Dile que, pese a este pequeno malentendido, seguimos siendo amigos. Dile eso. Quizas incluso futuros socios. Eso es, dile a Tony que quiero proponerle un negocio. Que puede ser algo grande. Eso tendria que tranquilizarlo… Dile que me pondre en contacto con el a traves de Jimmy Figaro.

Willy recogio el Magnum y lo deslizo en la cartuchera del interior de sus pantalones. Busco con la mirada la 22, pero recordo que estaba en el bolsillo de Delano. Dave comprendio que buscaba y despues de sacarla la levanto, como sopesandola, en la mano.

– Me quedare con esta un poco mas -dijo-. La primera regla de la autodefensa: tener un arma.

– ?Puedo marcharme ya?

Willy sonaba contrito, contrito y preocupado.

– Querria ir a un hospital.

– Claro, pero ?no te olvidas de algo?

Dave senalo con la cabeza los pies descalzos de Willy y las cerillas que llevaba entre los dedos.

– Tus quesos, tio.

Willy empezo a sacarse las cerillas.

– Nunca pense que fueras un Dennis Hopper, tio -dijo Willy, sacudiendo la cabeza-. Con ese traje, no pareces tan duro. Te pareces mas a un universitario.

– Con frecuencia, el habito si que hace al monje -dijo Dave-. Pero tendrias que haberme visto a las ocho de la manana.

Willy se metio en el bolsillo uno de los libritos de cerillas.

– Un recuerdo -dijo-. Los colecciono.

– Pues este seguro que no lo olvidas, ?eh? -comento Dave.

– ?Lo habrias hecho de verdad? ?Les habrias prendido fuego a mis dedos?

Dave se encogio de hombros.

– Moose, yo mismo me lo he estado preguntando.

6

La agente especial Kate Furey miro por la ventana de la sala de reuniones del tercer piso de la central del FBI, y reprimio un profundo bostezo cuando su jefe, el agente especial adjunto al mando, Kent Bowen, empezo a contar la historia. Era uno de esos relatos crueles y desagradables que tanto parecian complacer a sus companeros masculinos. La mayoria estaba ya sonriendo porque todos sabian que la historia trataba de como Bolivar Suarez, un primo del embajador de Colombia, y uno de los mas importantes traficantes de cocaina de Miami, habia encontrado prematuramente la muerte hacia dos noches.

– Tendriais que ver donde vivia ese cabron, en Delray Beach. Joder, casi una hectarea al lado del mar. Y la casa es como en las peliculas de James Bond. Mil metros cuadrados de color gris plomo, parece el museo Guggenheim de Nueva York. Pero por dentro es un palacio de puta madre. Suelos de marmol, puertas y ventanas de caoba, y accesorios y luces de art deco traidos de Paris. Ya os haceis la idea. Diez millones de dolares de lujo asiatico en Florida.

»Bueno, esa es la escena del crimen. Al mamon le gustaba el arte, a lo grande. Cuadros por todas partes.

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