consumar su amor. Escoces de ascendencia y, por ello, segun su propia valoracion, un hombre practico y ahorrativo, Bowen nunca habia sido de los que tiran el dinero. Pero aquella noche ocupaba la categoria de una de las mejores de su vida.

Fue hasta la puerta del hotel y se dirigio al ascensor, deteniendose solo para comprar un ejemplar de Luxury Florida Homes en la tienda de regalos. No habia nada como ver la forma en que vivia la otra mitad de la gente en las propiedades privilegiadas de Florida para animar los suenos que acariciaba cuando compraba su billete semanal de loteria. No es que el fuera a tirar el dinero si llegaba a ganar. A Bowen le gustaba pensar que usaria su todavia no conseguida fortuna con discrecion. Disfrutaria con el anonimato. Vestido de la cabeza los pies en Tilley Endurables, se sentia tan anonimo como lo requeria la actual situacion, mezclandose sin llamar la atencion con los huespedes del hotel.

Bowen subio en el ascensor hasta el piso de debajo del Pier Top, y se dirigio hasta la suite del lado este donde estaba situado el puesto de vigilancia. De pie frente a la puerta, miro a un lado y a otro antes de llamar con los nudillos. Pasaron unos segundos y la puerta se abrio con la cadena del seguro puesta.

Kate Furey estuvo a punto de soltar una carcajada. El culpable fue sobre todo el sombrero.

– Hola, soy yo -dijo, como si hubiera ido disfrazado de Santa Claus.

– Ya -dijo ella, y le abrio la puerta.

Bowen cruzo el umbral y echo una ojeada a la suite antes de que ella lo acompanara al dormitorio.

– Hola a todos.

Al lado de la ventana, detras de un arsenal de objetivos de alta potencia, montados sobre tripodes, dos hombres de aspecto aburrido respondieron con un grunido. Un tercero, que llevaba auriculares y controlaba todo un despliegue de aparatos de sonido para captar conversaciones a distancia, permanecio en silencio, sin darse cuenta de que habia entrado alguien en la sala. Kate no presento a ninguno de ellos. Sabia que a Bowen no le interesaban las presentaciones. Lo mas probable era que hubiera venido desde Miami en busca de un almuerzo gratis.

– Bonita habitacion -comento el-. Bonita de verdad.

Kate se encogio de hombros como si a ella no le gustara mucho y dijo:

– Bueno, en realidad se supone que es una suite.

– ?Una suite? Joder, Kate, ?cuanto cuesta?

– Lo mismo que una habitacion. Consegui una tarifa especial.

– ?Como lo hiciste?

– Mi, espero que a no tardar mucho, ex marido actuo como abogado del hotel en un pleito por danos personales. Creo recordar que fue un imbecil corto de entendederas que se hizo dano en el bar giratorio que hay arriba. Un sitio hortera de verdad, pero con una magnifica vista. Supongo que por eso van alli los cabezahuecas - Kate se rio con un desprecio manifiesto-. Les da algo de que hablar mientras piensan que son muy romanticos. Tiene que echarle una ojeada antes de irse.

– Gracias, ya he estado -respondio Bowen friamente.

Kate solto una risita.

– Supongo que creen que es muy soigne, pero a mi me parecio que era como estar dentro de un reloj deportivo muy barato.

– No tan barato, diria yo -dijo Bowen erizandose.

– Tiene toda la razon -dijo uno de los hombres de las camaras-. Anoche pague diez verdes por la peor mierda de Margarita que haya probado nunca.

Kate miro a Bowen.

– No hay mucho que ver desde aqui cuando oscurece -dijo a modo de excusa.

– Supongo que no.

– Podria ensenarle algunas fotos, pero ahora mismo puede ver la actividad en directo -anadio Kate.

Bowen batio palmas con decision.

– Entonces echemos un vistazo y miremos que veo-veo, ?vale?

Las enormes lentes estaban enfocadas sobre el lado opuesto del rio Strahanan y el Club de Yates Portside, donde estaban amarrados algunos de los yates mas grandes y caros de Fort Lauderdale. El fotografo que pensaba que sabia reconocer un buen Margarita cuando lo probaba, mostro a Bowen una camara tras otra como si fuera un vendedor en una tienda de Sharper Image.

– Esta, la de quinientas milesimas, da una vista bastante buena de todo el barco y de lo que sucede en los amarres.

Bowen se quito su sombrero de Tilley y acerco el ojo al visor. Con sus treinta y tres metros de eslora, el Britannia no era ni de lejos la embarcacion mas grande del puerto. Y se veia empequenecido por el gigante de tres pisos y cincuenta metros que tenia amarrado al lado. Pero con su gran puente y sus elegantes lineas era un barco bastante bonito. Y podia uno pasarlo bien, ademas, a juzgar por la pequena motora, las motos de agua, los esquis y el hobiecat que habia a bordo. Por no hablar de la mujer desnuda que ocupaba el jacuzzi que habia en cubierta.

Bowen sonrio y dijo:

– Ya me gustaria tener un poco de todo eso. ?Quien es la senorita de las burbujas?

Kate suspiro, cansada, y dijo:

– Por lo que sabemos, su nombre es Gay Gilmore.

– La hermana de Gary, ?eh? -dijo Bowen con una risita. La chica del jacuzzi se froto los pechos con algunas burbujas-. Eh, nena hagamoslo.

– En realidad, es de Nueva Zelanda. Hasta hace unas pocas semanas estaba trabajando ilegalmente como bailarina en un local de Collins. En este momento parece ser la principal captura del capitan del Britannia.

El hombre del Margarita dijo:

– A el puedes verlo por este 800. Se llama Nicky Vallbona. Es ese cabron feo que esta en la cubierta de popa.

A desgana, Bowen cambio de camara y se encontro mirando a un hombre moreno con un bigote fino como un pincel.

– Tienes razon, es feo el cabron.

– En lo que nos toca a nosotros, esta limpio -dijo Kate.

– ?Que hace una muneca como ella con un sapo como ese? – dijo Bowen meditabundo.

El segundo camara se estiro en su silla para apagar el cigarrillo. Solto un grunido y dijo:

– El barco, sin ninguna duda. A la nina parece gustarle tanto como le gusta el. Va y viene a su antojo. Siempre en ese jacuzzi. Me parece que es muy popular entre los mirones del telescopio de alla arriba. Se esta convirtiendo en toda una atraccion turistica.

Bowen volvio a la primera camara para echar otra ojeada a Gay Gilmore.

– Por mi, yo prefiero el barco que esta al lado del Britannia - dijo el hombre del Margarita-. Es de Sean Connery.

– ?007 tiene un barco aqui, en Lauderdale? -La voz de Bowen traiciono su entusiasmo-. ?Teneis alguna foto de el?

Los dos camaras intercambiaron una mirada culpable y luego sacudieron la cabeza simultaneamente.

– No -mintio uno.

– Pero si que teneis razon; es un bonito barco -dijo Bowen-. Sean Connery, ?eh? A decir verdad, mis antepasados eran escoceses; de Edimburgo, igual que el.

– Seguro que hay muchas otras similitudes -dijo Kate.

Pero Bowen estaba demasiado interesado en el barco de Connery y en la chica del Britannia como para darse cuenta del sarcasmo de Kate.

– He comprobado su teoria, senor -dijo Kate-. Con Palmer Johnson Yachts, aqui en Fort Lauderdale. Es uno de los principales fabricantes de cascos de barco de Florida. El tipo con el que hable, Luis Madrid, me dijo que era posible hacer un casco de cocaina comprimida que tuviera el aspecto de uno autentico una vez recubierto con una

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