– A mi me lo dices -dijo Al-. Aquel chaval del que te hable…

– Si pasa eso…

Nudelli exhalo una nube de humo y observo como flotaba en el aire entre los dos, como si estudiara el alcance de la amenaza que queria comunicar al otro hombre. El humo se desplazo lentamente subiendo por la falda de bronce de Marilyn, anadiendo un toque infernal a su famosa pose. Habia conocido a Marilyn de verdad; la habia visto una vez, poco antes de que muriera, cuando iba con Sam Giancana. Una chica agradable. Era una verguenza lo que le habia pasado. Solo que no habia sido Sam quien habia ayudado a adelantar su muerte.

– Si algo saliera mal -dijo-, puedes estar seguro de algo; yo puedo ser tan cruel como cualquiera de los cabrones de los Kennedy, incluyendo a Joe.

Nunca habian sido una familia unida. Tal como Dave lo veia, ni siquiera fueron una familia.

Era la historia habitual. Un padre que bebia; era su origen ruso. Una madre que estallaba; era su origen irlandes. Y su hermana, con un embarazo no deseado y un novio que no se caso con ella. Bueno, no puede decirse que fuera culpa de Nick. Probablemente Nick Rosen se habria casado con ella si alguien no le hubiera cortado el cuello antes.

Para cuando cumplio los veinte, Dave mas o menos habia terminado con ellos. Con la ocasional excepcion de Lisa. No es que tampoco fuera de mucha ayuda para ella. Solo arreglarselas para seguir viviendo el ya era bastante dificil sin tener que cargar con el peso de sus problemas. Pero por lo menos, habia tratado de ayudarla. Una vez. Puede que ahora, despues de cinco anos, fuera el momento de intentarlo otra vez. Puede. Fue asi como se encontro conduciendo hacia su deprimente casa de dos dormitorios en las afueras del bulevar Hallandale Beach unas dos semanas despues de volver de C.R.

Dave salio del Miata con su bolsa de deporte Nike y subio por el camino. Llamo a la combada puerta de madera y un perro grande empezo a ladrar dentro de la casa. Espero. Todavia no era mediodia. Una hora estupida para ir de visita. Quizas se hubiera ido a trabajar, aunque las cortinas estaban corridas y habia un desvencijado Mustang rojo aparcado enfrente. Un coche que antes habia sido suyo. ?Como podia haber dejado que se oxidara asi?

Volvio a llamar. Esta vez, cuando el animal ladro, oyo que alguien lo maldecia. Al cabo de un par de minutos la puerta se abrio chirriando y alli, ajustandose un delgado batin, una especie de kimono, en torno a su cuerpo desnudo y demasiado gordo, estaba Lisa. Mas vieja de lo que la recordaba; pero es que lo era, claro. Y mas dura tambien; como si la vida no la hubiera tratado demasiado bien. Quizas si Nick no hubiera muerto hubiera sido diferente. Pero al diablo con todo aquello, se dijo. Era el quien habia pasado los ultimos cinco anos entre rejas. ?Y acaso habia pensado ella en ir a verlo? ?En hacer algo mas que escribir un par de cartas llenas de faltas de ortografia? No lo habia hecho.

– Dave, Dios mio -dijo, evidentemente nerviosa-. Caray. Has salido.

– Hola Lisa.

Un perro increiblemente grande llego hasta la puerta, empujandola por detras con un morro del tamano de una caja de zapatos y grunendo suavemente. Parecia un Dobermann que se alimentara de esteroides en forma de galletas de chocolate.

Ella empujo el perro hacia dentro de la casa y dijo:

– Solo es mi hermano pequeno.

Dave no estaba seguro de si estaba hablando con el perro o con alguien de dentro de la casa. Alcanzo a ver un sombrio interior y sus agudos ojos repararon en la tele vieja, un sofa sucio y apolillado, una mesa con una botella de bourbon medio vacia y, al lado de la botella, como incongruentes recien llegados, dos billetes nuevos de 100 dolares.

– No estaba seguro de encontrarte -dijo Dave.

Ella se encogio de hombros, y siguio tratando de encontrar una sonrisa. Cuando aparecio, era una sonrisa violenta.

– Bueno, pues aqui me tienes. Tendrias que haber llamado – anadio, echando una mirada por encima del hombro.

– Estaba cerca de aqui -mintio Dave-, de paso. Asi que pense que podia acercarme a verte, decirte hola y ver que tal estabas.

– Es que en este momento es un poco inoportuno.

Dave podia adivinar lo que habia interrumpido.

– ?Un nuevo novio?

Lisa sonrio sin ganas y asintio con muy poco convencimiento.

– Si.

– Me alegro.

– Estabamos… -Una mirada avergonzada lleno los puntos suspensivos-. Me sentiria incomoda si te dejara entrar. Mi ropa interior esta tirada por todas partes.

Dave sonrio y dijo:

– La misma vieja Lisa de siempre.

Ahora ella miraba mas alla de el, al vecindario.

– Eh, nada de vieja Lisa, ?quieres? Solo tengo cinco anos mas que tu.

Era verdad. Ahora se acordaba. Ella tenia su actual edad cuando lo metieron en Homestead. Dave estaba a punto de decir algo sobre eso, pero lo dejo correr. No estaba alli para reprocharle nada, sino para ayudar.

– Te he traido un regalo -dijo, dandole la bolsa. Dentro habia dos paquetes, cada uno con 50.000 de los 250.000 mas intereses que Jimmy Figaro le habia entregado-. De hecho, hay uno tambien para mama.

– Vaya, gracias Dave -dijo y, vacilante, le acaricio el pelo.

Cuando lo toco, su olfato detecto un olor dulce y empalagoso que le hizo pensar en los bebes. Estaba en sus manos, como una especie de brillo.

– Prometeme que solo lo abriras cuando estes sola -dijo.

– Claro, de acuerdo.

Fruncio el ceno y se rio al mismo tiempo.

– ?Que has hecho: robar un banco o algo asi?

– Todavia no.

– Oye, ?por que no vuelves dentro de una hora mas o menos y hablamos. No soy muy buena cocinera, pero bueno, que demonios, nunca te quejaste cuando eras un crio y tu hermana mayor te preparaba la cena.

Ahora recordaba el olor. Era aceite para bebes. Aceite para bebes Johnson's. Sumo eso a los dos billetes de cien y al anonimo novio que habia alla dentro en el dormitorio, y una desagradable idea fue abriendose camino en la imaginacion de Dave.

– ?Que me dices, hermanito? Seria como en los viejos tiempos.

Ahora le tocaba a Dave mostrarse evasivo.

– Me gustaria, Lisa, de verdad, pero tengo un dia muy apretado.

No era necesario que dijera nada. Se dijo que no tenia derecho a hacerlo. Cualquier obligacion que tuviera hacia ella, la habia cumplido, ?no? Cincuenta mil dolares por cabeza era pagar un monton por muy poca educacion. Ahora lo unico que queria era salir lo antes posible de alli. Con una sonrisa forzada que era un reflejo del amargo rictus de la sonrisa de Lisa, Dave retrocedio hacia su coche.

– En otra ocasion, ?eh?

– Claro, carino, pero llama antes, ?vale? -le respondio ella; como si el fuera un cliente cualquiera.

– Lo hare.

Se subio de un salto al descapotable y puso en marcha el motor.

– Bonito coche -dijo ella-. ?Estas seguro de que no has robado un banco?

– Todavia no -repitio, y con un rigido saludo se alejo, tratando de no pisar el pedal del acelerador hasta el fondo para que no pareciera que, de repente, estaba desesperado por apartarse de ella.

Y al mismo tiempo se sentia avergonzado, avergonzado por lo que se sentia; solo otro putero en la vida de su hermana, alguien que le daba dinero y luego escapaba. Su propia hermana, su propia hermana.

Kate Furey estaba ensenandole el barco a Kent Bowen. El Carrera estaba amarrado al lado de docenas de yates en el canal intercostero de Fort Lauderdale, a dos pasos de R.J.'s Landing, uno de los mejores restaurantes del puerto. Bowen ya habia sugerido que podian almorzar alli, pero Kate le habia dicho que aun tenian mucho que hacer si querian que aprendiera lo antes posible el vocabulario de los yates y de su

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