haberlo pilotado. Deseo que la parte de su mision en la que estaria obligada a llevar el barco pudiera durar mas que los escasos minutos que tardaria en ir hasta Port Everglades.

Kate puso en marcha los motores y luego salio a cubierta para recoger las defensas laterales. Podria haberle pedido a Bowen que la ayudara, pero queria ahorrarse el inevitable chiste que eso habria traido consigo.

«Mira Kate, no tienes que preocuparte por levantar tus defensas contra mi…»

Kate contrajo los labios con desagrado.

– Eso se acabo -dijo, y empezo a tirar de una cuerda deseando que estuviera atada al cuello del cretino de Bowen.

13

Jack Jellicoe, patron del Grand Duke, de pie en el ala del puente, contemplaba la escena que se desarrollaba por debajo de el con creciente desagrado. Ya era bastante malo que se viera obligado a transportar aquellos caros juguetes a traves del Atlantico. Si, para empezar, se hubieran comprado unos yates adecuados, con velas, quizas podrian haber hecho la travesia sin ayuda. Ya era bastante malo que tuviera que tener contacto con sus capitanes, demasiado bien pagados y demasiado poco capacitados; la mayoria de ellos no distinguian una pedorreta de un castillo de proa. Ya era bastante malo saber que algunos de esos cabrones asquerosamente ricos, propietarios de los tupperware flotantes que estaban entrando en su barco tambien iban a hacer el viaje con el. Pero que su propio consignatario le dijera que sus propietarios, capitanes y tripulacion debian tener libre acceso a sus embarcaciones durante la travesia, era mas de lo que el alto ingles podia tragar.

– Aclaremos esto, senor Sedeno -dijo secamente, dirigiendose al hombre mas bajo, con gafas, que estaba a su lado-. ?Espera usted que cruce el Atlantico, uno de los oceanos mas peligrosos del mundo, para entregar sanos y salvos cincuenta millones de dolares en caravanas y casas flotantes impermeabilizadas, por no hablar de sus propietarios, esos nombres de la lista de los quinientos de Forbes, y que al mismo tiempo permita que esos cretinos de pies planos suban y bajen por mi barco haga el tiempo que haga sin que ninguno de ellos se caiga por la borda y se ahogue?

– Venga ya, Jack -dijo Sedeno con voz cansina-. Todo eso no son mas que sandeces. Los dos sabemos que no sera especialmente peligroso. No creo que vaya a encontrarse con un tiempo especialmente malo por la ruta de las Canarias.

Jellicoe miro fijamente hacia estribor como si escudrinara los muelles en busca de un argumento mejor.

– Bueno, ?y que pasa con las aseguradoras de los barcos? ?Que dicen sobre todo esto?

– Solo somos responsables de los navios, no de los pasajeros que haya a bordo de ellos. Todos han hecho sus propios seguros personales.

Jellicoe medito durante un momento, temblandole su gran mandibula, mientras se estrujaba el cerebro en busca de otra objecion mas.

– Las baterias -dijo, triunfante-. Las baterias de los barcos.

– ?Que pasa con ellas?

– Solo esto: si van a bordo de sus yates, ?de donde van a sacar la energia? ?Eh? -Una pequena sonrisa de satisfaccion aparecio en su cara enjuta y barbuda-. Digame de donde, si puede. Sin tener en marcha los motores, sus baterias se descargaran en un abrir y cerrar de ojos. Y me gustaria ver que multimillonario puede pasarse sin su cena de langosta preparada en el microondas y sin su television mientras se la embute cuello abajo.

Sedeno se encogio de hombros.

– Muchos de ellos tienen paneles de energia solar, y otros solo necesitan poner en marcha los motores en punto muerto para recargar las baterias. Es algo que puede organizarse de forma rotativa, para minimizar el riesgo de incendio. No, eso tampoco es un problema.

Jellicoe se agito, visiblemente nervioso.

– A continuacion me pedira que organice una partida de aros en cubierta. Soy el patron de un mercante, no el capitan de un crucero. ?Que se supone que tengo que hacer con ellos? Ya tengo bastante con gobernar el barco sin anadir el esfuerzo de ser amable.

– Jack, Jack, seguro que eso no es un gran esfuerzo -argumento Sedeno.

Uno de los dos oficiales que estaban en el puente solto la risa y Jellicoe se volvio para mirarlo, enfurecido. Al igual que el, vestia el uniforme tropical de la Marina Mercante Britanica: zapatos blancos, calcetines blancos, pantalones blancos, camisa blanca con charreteras y gorra blanca.

– ?Le divierte alguna cosa segundo oficial? -le pregunto.

– No, senor.

– Entonces siga con su trabajo. Por supuesto, espero demora visual de posicion antes de salir del puerto. No la demora y alcance por radar. No habra ninguna negligencia de ese tipo en este barco, ?lo entiende?

– Si, senor.

– Tercer oficial, quiero que haga un registro en busca de polizones en cada una de esas cestas de picnic llamadas yates.

– Hay diecisiete, senor -protesto el tercer oficial del buque.

– Estoy seguro de que no tengo que recordarle, tercer oficial, que la busqueda de polizones es una practica normal de navegacion al salir de puerto. Quiero la firma de todos los capitanes de yate supernumerarios.

– ?Me buscaba alguien?

La voz pertenecia a una amazona alta y rubia vestida con una camisa y pantalones cortos rosas de Ralph Lauren. Jellicoe se dio la vuelta con rabia. Junto con los gatos y el alcohol, no se permitia la presencia de mujeres en el puente de Jellicoe bajo ningun pretexto.

– Soy Rachel Dana, capitana del Jade -dijo ella.

– ?De verdad?

Jellicoe vio la mirada de Sedeno y forzo una sonrisa.

Rachel senalo el yate mas grande, cerca del puente.

Jellicoe siguio la linea de su antebrazo bien musculado y bronceado y de una larga una pintada de rosa.

– Magnifico -concedio.

– ?Verdad que si? Fue construido en 1992 segun la clasificacion ABS A1 y AMS.

Jellicoe trato de parecer impresionado, aunque no tenia ni la mas remota idea de lo que significaba todo aquello.

– Normalmente navegamos con unos diez tripulantes, pero dado el caracter de este viaje, hemos reducido el numero a tres.

– ?De verdad? ?Y, esto, como se sienten los hombres al tener una mujer como capitana?

– Lo ha observado, ?eh? -Rachel sacudio la cabeza-. No hay hombres entre la tripulacion del Jade. Solo chicas. Es una tripulacion formada enteramente por mujeres. Podria decirse que es un pequeno alarde del propietario. Algo asi como Los Angeles de Charlie.

– Fuera de las paginas de Homero, nunca habia oido algo asi -dijo Jellicoe con brusquedad-. Vaya, vaya.

– Bueno, pense que tenia que venir y presentarme. Y no pude evitar oir lo que decia hace un momento. ?Hay algun problema?

– Jack, ?hay algun problema? -pregunto Sedeno.

Jellicoe no dijo nada.

– Si sigues poniendo objeciones a todos esos supernumerarios, siempre puedo firmar las hojas de ruta personalmente – anadio Sedeno.

– ?Acaso he dicho que hubiera algun problema? Me limitaba a hacer lo que cualquier capitan responsable haria en estas circunstancias. Estaba hablando de todo lo que puede ser potencialmente peligroso.

– Supernumerarios, ?eh? -dijo Rachel-. Asi es como nos llama a los pasajeros, ?verdad?

Jellicoe se sentia a la vez irritado y atraido por la mujer de rosa. Las mujeres a bordo de un mercante siempre eran un motivo de distraccion. Especialmente si eran tan atractivas como aquella. Veia que sus oficiales

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