– Eso esta hecho. ?Cuanto falta para el punto de encuentro?

Dave miro la consola y apreto el boton Mark en el ordenador. En la pantalla aparecio la trayectoria y la interfaz con el grafico punteado y, por encima de esta informacion, un mapa electronico. El ordenador ya habia establecido un circulo para indicar lo cerca que estaban de su proximo objetivo.

– Aun tenemos que navegar un poco -dijo Dave-. La tormenta nos llevo mas alla de donde se suponia que teniamos que estar. Tardaremos entre cincuenta minutos y una hora en llegar al punto de encuentro.

– Estupendo -dijo Al y volvio al interior. Le quedaba el tiempo justo para cagar y tomar una cerveza antes de volver a subir para matar a Dave.

Cuando hubieron disparado la tercera y ultima bala de canon y Jellicoe acabo de renegar, Kate dijo que tenian que ir a ver como le iba a Jock con la combinacion de la caja fuerte del

Juarista.

Encontraron a Bert Ross tecleando combinaciones, bajo la atenta mirada de Jock.

– Acabo de calcular cuanto tiempo nos llevara esto -dijo Jock-. El primer numero era nueve. Cuesta unos diez segundos probar cada combinacion, empezando con 9000, luego 9001 y asi sucesivamente. Eso significa que si acabamos teniendo que comprobar cada una de las 999 combinaciones, tardaremos dos horas y cuarenta y seis minutos.

Kate se golpeo la palma de la mano con el puno.

– Mierda -dijo abatida-, necesitamos la llave de la sala de radio.

– Suponiendo que realmente este aqui -dijo Jellicoe-. Suponiendo que nueve sea realmente el primero de los cuatro numeros de esta maldita caja. Podia ser una manera como otra de hacernos perder el tiempo. Puede que tiraran la llave por la borda.

– No lo creo -dijo Kate-. Conozco a ese tipo y no creo que hiciera eso. Pero tendran que aceptar mi palabra. ?Puedo sugerir que continuen con la caja?

– ?Y que hacemos mientras tanto? -pregunto Jock.

– Solo hay una cosa que podamos hacer, y es ir tras ellos.

– Quince nudos es nuestra maxima velocidad -dijo Jellicoe-. Ellos van mucho mas rapido.

– No, senor, tendriamos que llevarnos uno de los otros barcos.

– ?En medio del Atlantico?

– Ellos lo han hecho.

– ?Sin radio?

– Bueno, la verdad es que no estamos solos -explico Kate-. Hay un submarino frances en la zona. Se suponia que acudirian a un encuentro con nosotros mas o menos por esta hora. Y hay dos hombres del FBI y los guardacostas de Estados Unidos esposados en el bano de mi barco. Tan pronto como encuentren las llaves, pueden enviar un mensaje al submarino. Hay que utilizar unas frecuencias y unos codigos especiales. Cosas del FBI. Entretanto, el Duke puede mantenerse en esta posicion hasta que volvamos.

– Suponiendo que los alcancemos -replico Jellicoe-, ?que hacemos entonces? Ellos van bien armados.

– Tal como yo lo veo, tienen dos opciones -explico Kate-. Pueden dirigirse a las Azores y arriesgarse a que los encuentre la policia local. O pueden navegar hasta un punto de encuentro acordado previamente con otro navio mas grande. Sospecho que esto es lo que haran. Transferiran la cocaina a bordo, la esconderan entre la carga que lleve el otro barco y luego hundiran el yate en el que estan ahora, para borrar sus huellas. Si podemos tenerlos a la vista cuando esto suceda, por lo menos podremos establecer la identidad del otro barco y hacer que lo aborde el submarino mas tarde.

Jellicoe asintio.

– Tiene razon ?Bert?

– 9-0-2-3. No -Sacudio la cabeza y suspirando levanto la mirada de la caja-. ?Si, Jack?

– Deja que Jock se encargue de abrir la caja.

– Si, senor.

Jock se arrodillo en el vestidor del Juarista y empezo a marcar la siguiente combinacion numerica.

– 9-0-2-4 -dijo.

– Dile a Frank que recoja su equipo de submarinismo y se reuna con nosotros en la popa. Sea cual sea el barco mas cercano a mar abierto, quiero que este desamarrado dentro de cinco minutos. Tan pronto como saques las llaves de la caja, puedes soltar a esos otros tipos del FBI. Y llevarlos a la radio.

– Si, senor.

Kate ya habia salido del Juarista y subido al flanco de estribor del Duke. El Britannia, con Dave y las drogas, estaba ya a quinientos metros a estribor y se alejaba rapidamente. Se volvio, buscando a Jellicoe.

– Vamos -chillo-. El hijo de puta se escapa.

23

?Les importaria decirme exactamente que cono esta pasando aqui? ?Es que el barco ha chocado con un iceberg? ?Somos los unicos supervivientes? Espero que si, porque me fastidia que la gente pilote mi barco, lo cual en parte tiene que ver con el pequeno detalle de que vale un millon de dolares. Pero, sobre todo, es debido al hecho de que para manejar no uno ni dos, sino tres, tres motores diesel Man, cada uno con 2.300 revoluciones, y tres propulsores Arneson de superficie, por lo general hay que saber con bastante precision que leches se esta haciendo.

Kate se dio la vuelta en la silla del puente de mando y, al ver a un Calgary Stanford de ojos enrojecidos de pie alli, desplego su mas encantadora sonrisa.

– Estupendo barco, amigo -dijo con calma.

Luego, comprobando de nuevo los controles, echo una ojeada al contador de revoluciones y vio que iban a mas de veinte revoluciones en aquel momento. El barco del actor estaba casi volando.

Sentado al lado de Kate en el puesto del timon, Jack Jellicoe asintio con nerviosismo. Sonriendo con los dientes apretados mientras el barco surcaba las aguas velozmente, dijo:

– Si, es un autentico pura raza. Diria que este barco es capaz de alcanzar velocidades de competicion. ?Tengo razon?

Stanford se dejo caer pesadamente en el asiento del segundo copiloto y dijo:

– Corten el rollo y cuentenme de que va todo esto.

Kate empezo a decirle que el Britannia se utilizaba para traficar con cocaina y que ella y sus companeros del FBI habian estado trabajando en una mision secreta.

– Vaya al grano, ?quiere? -insistio el actor.

– Esta bien -le respondio Kate-. El FBI ha requisado su barco y ahora vamos en persecucion de los malos.

– No me joda. Una de autenticos policias y ladrones.

– Autenticos de verdad.

– Bien, ?donde diablos estan?

Jellicoe, recorriendo el horizonte con sus atrotinados prismaticos dijo:

– Todavia no hay senal de ellos, pero estamos bastante seguros de que este es el rumbo que siguen.

Stanford miro a Kate de arriba abajo, valorandola.

– Tengo que reconocer algo, senora J. Edgar Hoover. No hay duda de que sabe como manejar un barco.

– Gracias.

– ?Le importa si pongo algo de sonido?

– Es su barco, son sus reglas -dijo Kate.

Stanford le dio a un interruptor del panel de control y puso en marcha un disco compacto. Sonrio y dijo:

– Musica de rock para una persecucion en barco, ?no cree?

Al segundo siguiente un par de altavoces gigantes situados detras de la posicion del timon se disparaban con una cancion de Guns n'Roses.

Вы читаете Plan Quinquenal
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату