– Nos oiran antes de que podamos verlos -dijo Jellicoe con un gesto de disgusto.

– Si. Siento que no sea Wagner. Si sabe que quiero decir, capitan Willard.

– No del todo -admitio Jellicoe-. Y en realidad me llamo Jellicoe.

– Una referencia cinematografica -dijo Stanford con un acento gangoso y sacudiendo la cabeza-. Para amedrentar a los amarillos y toda esa basura.

– Me temo que sigo sin entenderlo.

– Olvidelo capitan Willard -Stanford miro a Kate-. ?Sabe?

Anoche estaba algo fuera de combate. Tengo un vago recuerdo de una visita nocturna de alguien con artilleria. ?Era uno de ustedes o es que deliraba?

– Fue uno de los malos -dijo Kate-. Pasaron por todos los barcos y se llevaron los transmisores de radio para evitar que alguien llamara a la Armada.

– Y eso responde a mi siguiente pregunta -dijo Stanford-. Miro de nuevo a Jellicoe y pregunto-. ?Que tal va por ahi Willard? ?Hay senales del senor Christian y de los demas amotinados?

– No.

– ?Le gusta la musica?

– ?Que musica? -gruno Jellicoe.

– Guns n'Roses. ?Le gustan?

– No mucho.

– Sobre eso de las pistolas -dijo Stanford-, creo que seguramente les vendra bien mi colaboracion.

– ?Quiere decir que tiene un arma? -pregunto Kate.

– La vision que da la experiencia es siempre la mejor -dijo Stanford-. La comunidad de Hollywood esta llena de gente nerviosa y es presa facil de otros que la ponen nerviosa. Ser una estrella de cine tiene algunos riesgos biologicos importantes. Gente que nos acecha y otra mierda parecida. Mi propia vida ha sido amenazada varias veces. Asi que, si, senora, tengo licencia de armas. De hecho, llevo una caja de seguridad con armas en el barco. Si les hacen falta, puedo proporcionarselas a los dos. Highway Patrolman, Glock, Smith & Wesson Sigma. Todas con recamaras para cartuchos de verdad. ?Me captan? Tranquilo Andy, no bromeo. Cuando estan en mi barco, mi arma de fuego es su arma de fuego.

Kate asintio entusiasmada y dijo:

– Una pistola no estaria nada mal.

– ?Y usted, capitan Willard?

– No, gracias.

– Como quiera -dijo Stanford levantandose con cuidado del asiento del copiloto. La velocidad convertia la cubierta en un lugar dificil para estar de pie. Pero era evidente que Stanford estaba acostumbrado.

Jellicoe no dijo nada mientras el actor iba abajo a buscar las armas. Seguia barriendo el azul horizonte en busca de alguna senal del Britannia. De vez en cuando echaba una ojeada a la pantalla de radar escanografico. Era un sistema similar al ARPA, que era el que tenian a bordo del Duke, salvo que la pantalla tenia dos imagenes: la imagen de radar de lo que estaba cerca y una imagen grafica contigua, con la confirmacion instantanea de la posicion del barco y de cualquier riesgo que pudiera haber en la zona. Algo de la pantalla mas pequena habia atraido su experta mirada y toco el boton de zoom del instrumento para verlo mas de cerca.

– Ahi estan -dijo exaltado-. En la pantalla. Un poco al noroeste de nosotros. A menos de cinco millas.

Al salio del bano sintiendose como una mierda. Le dolia la cabeza y tenia una diarrea tremenda y se sentia tan cansado como si no hubiera dormido en toda la noche. Tan cansado estaba que tardo un par de minutos en recordar que en realidad no habia dormido en toda la noche. Habian estado levantados acarreando el botin. Y luego estaba la medicacion, y el alcohol. Arrancandose las dos tiritas de Scopoderm del brazo, las tiro, irritado, al suelo del camarote y luego se sento en el borde de la cama, sin prestar mas atencion a los dos cuerpos que habia a su lado de la que habia prestado al tipo del bano mientras cagaba. No le molestaban. Los muertos estaban muertos. Nunca asociaba un cadaver con personas que habian vivido y respirado. Pero lo que si deseaba era haber prestado mas atencion o lo que le habia dicho Dave sobre mezclar el alcohol con la medicacion para el mareo. No es que hubiera bebido tanto. Solo unos tragos de vodka. Un par de cervezas. Eso eran solo refrescos. Pero parecia que le habian afectado bastante.

Tratando de recobrar la calma, Al respiro hondo por la nariz. Habia matado a un monton de personas antes; personas a las que conocia bien, ademas. El hecho es que casi siempre eran personas a las que conocia bien. La naturaleza del negocio en el que estaba asi lo exigia. Te acercabas a un tipo con el que habias hecho negocios, como si fuera tu mejor amigo, y luego le saltabas la tapa de los sesos de un tiro. Solo que, por lo general, Al sentia un poco mas de entusiasmo por el trabajo, debido a que normalmente sentia correr algo mas de adrenalina por sus venas. La adrenalina era buena para un trabajo sucio. Te mantenia vivo y alerta. Pero en aquel momento se sentia tan embotado como la manija de la puerta de una celda acolchada. Gris y sudoroso, como si fuera el quien iba de cabeza a un funeral vikingo en lugar del tipo mas joven que habia arriba, en cubierta.

Al miro alrededor en busca de inspiracion y vio un bloque de jade y una cuchilla de afeitar en la mesita de noche de la chica muerta. Hacia ya unos cuantos anos que no esnifaba nieve. Agradable, pero cara, y a Madonna le importaba demasiado el dinero para dejarle convertir un monton de billetes en polvo para meterselo por la nariz. Ademas, a Naked Tony no le habria gustado; desconfiaba de la gente que se drogaba de forma regular. Pero, de cuando en cuando, estaba bien. Y en aquel momento parecia ser lo que necesitaba para estar en lo alto del hit parade. Para lograr su mejor tiro. Una raya para rayar a gran altura. Esa era la politica.

Se inclino por encima del cuerpo de la chica, examinando de paso su cuerpo desnudo y acariciandole las tetas al alargar el brazo hacia el cajon de la mesilla. Dejando a un lado el agujero de la cabeza y la sangre que le cubria la cara, era atractiva. Y todavia estaba caliente. De no ser por su programa letal, quizas se habria sentido tentado de tirarsela antes de que se enfriara definitivamente.

El cajon parecia una bandeja para servir postres: cucharillas variadas, maquinillas de afeitar con tapa de oro, pajas de oro; toda la parafernalia del usuario habitual, como si se tratara de un Burdeos premier cru. Incluso la botella de cristal que contenia su reserva de coca llevaba una pequena funda de oro.

– Mas razon que la leche, nena -le dijo Al, mientras ponia una dosis generosa en el bloque de corte-. Es un lujo, no un modo de vida.

Cuando acabo de cortar la coca, separo el polvo en dos pulcros montones, cogio la pajita de oro y aspiro uno de los montones por las aleteantes ventanas de la nariz. La descarga le propulso la cabeza hacia arriba y una enorme sonrisa le ilumino toda la cara.

– Esto es lo que yo llamo vitamina C -solto una risita cloqueante y arrastro el segundo monton de coca del bloque de jade con la cuchilla, dejandolo caer en el ombligo de la chica muerta. Cogiendo la pajita de oro, apreto la cabeza contra la barriga y esnifo la droga del ombligo, lamiendolo luego para no dejarse nada. Ya se sentia vigorizado.

– Es de buena cosecha -dijo.

Desde que Dave encontro el alijo, Al habia estado pensando si habria una forma de sacarlo de alli y cargarlo en el Ercolano al mismo tiempo que transferian todo el dinero. A Tony le gustaria un regalo asi. Parecia un desperdicio hundir el barco con toda aquella droga a bordo. Si toda era como la que le cosquilleaba en la nariz, tirar por la borda aquella veta madre seria una tragedia de cojones. Al lamio el ombligo de la chica otra vez, y notando que el barco empezaba a reducir la velocidad, salio al camarote principal y grito por el hueco de la escalera:

– ?Ya estamos?

– Calculo que este sera el sitio -grito Dave.

Roncando feliz, Al se rasco la nariz y subio a la cocina donde habia dejado sus armas, sobre la encimera. Cogio la 45 automatica y destornillo el dispositivo laser de mira. No iba a necesitarlo. No a la distancia que tenia en mente. Del silenciador ya se habia deshecho cuando disparo contra el que creyo un pasajero curioso. El ruido iba bien cuando se trataba de persuadir a alguien de que se quitara del jodido medio. Sacando el cargador, metio unas cuantas balas mas en el interior hasta que estuvo lleno y luego volvio a meterlo en la empunadura. No necesitaria mas que una bala, pero Al era demasiado profesional para dejar nada al azar. En cuanto podias recargar, lo hacias. Nunca se sabia que podia suceder cuando tenias que cargarte a alguien. Lo inesperado; era siempre un factor. Especialmente si se trataba de un tipo al que conocias bien. Un tipo que incluso te gustaba. Las

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