drogas habian ayudado a Al a cambiar de opinion sobre saltarle la tapa de los sesos a Dave sin decirle ni una palabra. Eso ya no le parecia tan buena idea. Iba a tener que hablar con el. Disculparse. Decirle que no era nada personal. Que era solo la jodida paranoia de Naked Tony, y ?que podia hacer el, Al, si las cosas eran asi? O hacia lo que le mandaban o lo liquidaban a el. Despues de todo lo que el y Dave habian pasado juntos, pedir disculpas le parecia lo minimo que podia hacer por el hombre. Eso y un disparo rapido y sin dolor en la cabeza. La parte de atras del craneo, probablemente; al estilo de las SS. Pensaras lo que pensaras de su falta de moralidad personal, aquellos nazis sabian como despachar a la gente con una pistola. Era la eficacia nazi. Lo ultimo en maquinas asesinas. El BMW con balas.

El propietario original del Britannia habia sido muy aficionado al buceo y el barco estaba equipado con un Apelco para detectar peces. Ademas de ofrecer a quien observara la pantalla la mejor imagen posible de donde se podian encontrar los peces, el Apelco estaba equipado con un transductor de frecuencia dual, el cual, al escanear cuanto habia en el agua delante del barco, podia avisar con tiempo de la existencia de bancos de arena, agujeros en el lecho marino o incluso restos de naufragio que explorar. Desde la silla del piloto en el puente, Dave mantenia un ojo en el Apelco y otro en Al a traves de la ventana de la lumbrera de la cocina. Solo podia haber una razon para que Al recargara su arma. Tenia intencion de usarla. Contra el. Ese era el momento que medio habia estado esperando. Ahora que Dave habia servido a sus fines, era el momento de la traicion de Al.

Dave desacelero al maximo, de forma que los motores quedaran al ralenti, cogio la metralleta Mossberg de la consola de control y se situo inmediatamente encima del hueco de la escalera que llevaba de la cocina al puente.

Al subia sigilosamente las escaleras, la pistola lista para disparar.

– ?Ya ves el barco? -pregunto.

Dave introdujo un cartucho en el canon a modo de respuesta y apunto.

– Solo tu nuca, Al -contesto.

Al reconocer el sonido distintivo de una metralleta que se pone a punto para la tarea, Al se quedo tan quieto como el mismo barco.

– Tira la pistola tan lejos como puedas. Y asegurate de que cae al mar, o me disgustare.

– ?De que cono vas? -dijo Al.

– Dimelo tu.

– ?Estas chiflado o que?

– La pistola, Al, o te hare una raya en el pelo con perdigones. Ya he matado a dos personas hoy. No creo que una mas perjudique especialmente a mi alma inmortal. Pero a la tuya seguro que si.

– De acuerdo, de acuerdo. De todos modos ya no la necesito.

– Tu lo has dicho.

Al tiro la pistola. Volo por los aires y cayo al oceano detras de barco con un plaf apenas audible.

– Sube aqui, muy despacio, las manos en la cabeza -le ordeno Dave, retrocediendo hasta la silla del piloto.

Al hizo lo que le mandaban. Pero al minuto siguiente, justo cuando llegaba arriba de las escaleras, el barco empezo a cabecear violentamente como si un subito tifon o un remolino estuviera agitando el mar. Dave se cayo sentado en la silla y, mirando el Apelco, vio la silueta de algo grande en la pantalla. Comprendio por la velocidad de su ascenso que no era ni un banco de peces ni un leviatan marino. Reconocia la rubrica electronica de un submarino cuando la veia. Pero para entonces el submarino ya estaba saliendo a la superficie, a menos de cincuenta metros de la proa del Britannia. Y Al se arrastraba por el puente hacia el, con un cuchillo en la mano y una expresion asesina escrita en su fea cara.

Dave se volvio hacia Al, con la metralleta apuntando al cuerpo con forma de barril. Podia matarlo. Podia volarle la cabeza limpiamente. Al lo sabia, pero confiaba en la falta de agallas de Dave para matar otra vez. No podia esperar que en el ultimo momento Dave cogeria el arma por el canon y haciendo girar la Mossberg como si fuera un bate de beisbol le golpearia en la cabeza. La culata batio el craneo de Al con un sonoro golpe, como alguien que golpeara una vez con fuerza en una puerta de madera, y Al cayo al suelo a los pies de Dave.

La mayoria de hombres habria perdido el sentido. Al solo se quedo alli, quejandose, durante un minuto, tiempo suficiente para que Dave le quitara el cuchillo y lo lanzara por la borda, y apartandose mientras Al se sentaba lentamente. Frotandose la cabeza con rabia, fijo la mirada en la metralleta y luego en la torreta de mando del submarino que se elevaba por encima de ellos.

– Bueno, no hay ninguna necesidad de tomarselo como algo personal. Sacanos de aqui, por los clavos de Cristo -dijo quejandose-. Sean quienes sean, no quieren preguntarnos el camino. Todavia podemos dejarlos atras.

– ?Donde sugieres que vayamos?

– A cualquier sitio menos aqui.

Dave apago las maquinas.

– ?Es que estas majara? -pregunto Al-. Si es por este pequeno malentendido que hemos tenido tu y yo… no tengo intencion de que vayamos a la carcel por eso. Venga, vamos ya, ?quieres? No pueden alcanzar un yate como este.

Dave sacudio la cabeza y dijo:

– No puedes dejar atras a un submarino, Al. Dejando a un lado los canones de dos pulgadas de la torreta, ademas, tienen eso que se llama torpedos. Seriamos un blanco seguro.

Una figura aparecio entonces en la escotilla de la torreta y se dirigio a ellos por un megafono, en ingles con un fuerte acento extranjero.

– Britannia. Preparense para ser abordados.

Otras figuras aparecieron en el casco y, al cabo de un minuto, un bote hinchable con varios marineros cabeceaba cruzando el corto tramo de agua que separaba el barco del submarino. Dave tiro la metralleta al mar, por si acaso a Al le daba por cogerla y hacer algo estupido.

Fue entonces cuando vio otro barco que se acercaba a toda maquina. Mirando con los prismaticos, vio que era algun tipo de yate de competicion; inmediatamente supuso que debia venir del Duke.

– Kate -dijo, cansado-. Justo lo que necesito.

– Ya lo tenemos -dijo Kate pavoneandose.

– Parece que Ross ha conseguido entrar en la sala de radio despues de todo -vocifero Jellicoe.

Calgary Stanford bajo el volumen del compacto y dijo:

– Una vez hice una pelicula sobre un submarino. Yo era el hombre del sonar, un tio que se guiaba por su intuicion. Claro que entonces solo era un actor de reparto.

– O puede que trataran de comunicarse con nosotros por radio y, al no recibir respuesta, imaginaran que algo no iba bien – continuo Kate.

Stanford no escuchaba.

– Y ademas no era un submarino de verdad -dijo-. Solo un simulacro que fabricaron en el plato de la Paramount.

– El servicio silencioso, ?eh? -comento Jellicoe-. Nunca me atrajo la idea de servir en un submarino. Encerrado tanto tiempo. Es un poco como estar en prision, diria yo.

– Ahi es donde esos dos mierdas van a ir de cabeza -dijo Kate, y disminuyo la velocidad de los motores Predator-. Un submarino pareceria el Hotel Plaza en comparacion con el sitio adonde iran. Con veinte millones de dolares de coca a bordo, tendran suerte si se libran con veinte anos. Un millon de dolares por ano.

Jellicoe y Stanford intercambiaron una mirada que decia «Que arpia».

– Nunca jodas al FBI -dijo Stanford entre dientes-. Procurare recordarlo, senora.

– Justa y jodidamente exacto -rugio Kate.

Pero incluso mientras lo decia, sabia que le estaba costando un gran esfuerzo convencerse de que queria ver a Dave encerrado para casi el resto de su vida. Fuera lo que fuera lo que habia hecho, ella lo queria; es mas, queria creer que el la queria a ella. Pero ya era tarde para todo eso. No podia hacer nada, salvo cumplir con su deber. Con el capitan Jellicoe en escena, por no hablar de la Armada francesa, no podia dar marcha atras. Sus sentimientos no contaban para nada. Dave iba a volver a prision y era su deber enviarlo alli. Pese a todo, medio

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