esperaba que el capitan del navio frances, cuyos hombres estaban ya abordando el Britannia, disputara su jurisdiccion y encerrara a Dave y Al en el calabozo del submarino, o como se llamara el sitio donde encerraban a la gente en un submarino. Mas trabajo para la oficina del fiscal cuando intentara conseguir la extradicion, pero mucho mas facil para ella.

Kate llevo el barco de Stanford al lado del Britannia y Jellicoe lanzo un cabo a uno de los marineros del submarino, mientras Stanford colocaba las defensas para proteger la pintura. Por el rabillo del ojo vio a Dave, de pie al lado de Al en el puente de proa, observandola, pero no le devolvio la mirada.

– Ustedes dos esperen aqui -ordeno a Jellicoe y Stanford y, tratando de no exhibir un aire demasiado triunfal, subio a bordo del Britannia, rechazando, cortante, la mano que le tendia uno de los marineros para ayudarla.

Dave y Al estaban bajo la vigilancia de un marinero con una pistola automatica y, en ausencia de su placa y tarjeta de identificacion del FBI, Kate habia cogido la automatica Glock de Stanford para ayudar a establecer su autoridad. Por lo que habia oido, los hombres franceses tenian fama de machistas. Penso que les seria mucho mas dificil actuar de forma paternalista con una mujer armada con una pistola. Miro alrededor en busca de alguien que pareciera el responsable. Luego, en su vacilante frances y evitando mirar los ojos centelleantes de Dave, se identifico y pidio hablar con el oficial al mando.

Para gran sorpresa e irritacion suya, uno de los marineros se echo a reir; un hombre apuesto y moreno, con un espeso bigote y vestido con un mono azul, que dijo:

– Por favor, no hay necesidad de que hable en frances. Yo hablo un ingles excelente. ?Agente Furey, dijo que se llamaba?

Kate asintio y trato de controlar su irritacion. Esos franceses. Incluso cuando te esfuerzas por hablar su lengua te tratan con desprecio. Era como para preguntarse por que la gente se molestaba en aprenderla.

– Vivi en Nueva York durante muchos anos -explico el hombre del frondoso bigote-. Una ciudad sucia, pero tambien interesante.

– ?Y usted es, senor?

– Soy el primer oficial Eugene Luzhin -dijo suavemente, y saco un paquete de cigarrillos del bolsillo superior del mono-. ?Le importa si fumo? Es que a bordo nos esta prohibido y la mayoria de nosotros se muere de ganas de meterse un poco de nicotina fresca en los pulmones. Hacia casi dos semanas que no saliamos a la superficie.

No espero la respuesta e hizo un gesto a sus hombres, quienes sacaron sus propios cigarrillos y se pusieron a encenderlos. Incluso el hombre con la automatica. Luzhin no le ofrecio un cigarrillo a Kate, de lo cual esta se alegro. Por diplomacia quizas habria tenido que cogerlo y los cigarrillos franceses eran demasiado fuertes para ella. Y aquellos tenian el olor mas acre que hubiera olido en su vida. No era de extranar que los franceses tuvieran una voz tan aspera y sexy.

– Capitan Luzhin -empezo a decir.

– Oficial -dijo Luzhin-. El capitan sigue en el submarino.

– Primer oficial -dijo, aceptando la sonriente rectificacion y pensando si seria que seguia encontrando divertido su intento de hablar en frances-. Perdone, senor, pero ?esta pasando algo divertido? ?Me estoy perdiendo algo?

El exhalo una nube de humo tan azul como el del tubo de escape de un coche y se encogio de hombros de aquella manera tan tipicamente francesa que tenian.

– ?Eso quiere decir que si o que no? -pregunto Kate.

– Es que no estoy acostumbrado a que una mujer hermosa me apunte con una pistola.

– Lo siento -dijo Kate, mirando incomoda a la Glock y preguntandose donde dejarla.

– No importa. En realidad, me gusta bastante.

Expulsando el humo con estilo y entrecerrando un ojo para protegerlo del humo, anadio:

– Es como Humphrey Bogart en Casablanca, con aquella mujer tan hermosa - chasqueo los dedos al tratar de recordar el nombre de la actriz que hacia el papel de Ilse.

Fue Dave quien le proporciono la respuesta.

– Ingrid Bergman -dijo. Encontrandose por fin con la mirada de Kate, anadio, en una buena imitacion de Bogart-: Adelante, dispara. Me haras un favor.

Kate enrojecio de rabia y metio la Glock por debajo del cinturon de sus pantalones cortos.

– Bueno, veamos -dijo con brusquedad, dirigiendose al primer oficial. A estos dos hombres los buscan en Estados Unidos por pirateria y contrabando de drogas. Escondidos en este barco hay cien kilos de cocaina con un valor en la calle de veinte millones de dolares.

El primer oficial silbo.

Incluso mientras iba hablando, Kate se preguntaba que habria en las voluminosas bolsas de deporte apiladas dentro del barco.

– Pero antes de proseguir querria resolver la cuestion jurisdiccional.

– Una cuestion dificil -admitio el el oficial que estaba al mando-. Creo que el Grand Duke es un buque con matricula britanica. Y este barco en el que estamos, el Britannia, esta registrado en las Islas Virgenes britanicas. Por lo menos, eso es lo que pone en la popa.

– Es cierto -dijo Kate-, pero estos dos hombres son ciudadanos de Estados Unidos y, como tales, tienen que ser juzgados por sus delitos en un tribunal de Estados Unidos.

– Si me devuelven a Estados Unidos me enfrento a una larga condena de prision. Como he dicho antes, adelante, dispara. Me haras un favor.

– ?Es otra de tus bromas? -pregunto Kate, furiosa.

– No, no es ninguna broma.

– Entonces, ?por que cono te estas riendo?

Dave se encogio de hombros y se miro la muneca donde antes llevaba el reloj.

– Estamos lejos de la jurisdiccion estadounidense -dijo el primer oficial-. ?Puedo recordarle que estamos en aguas internacionales?

No es que Kate quisiera a los dos hombres como prisioneros, pero habia algo en los modales de Luzhin que la impulsaba a querer ganar aquella discusion.

– Con todo y eso -dijo-, insisto en que estos dos hombres sean puestos bajo mi custodia. Permaneceran a bordo del Duke hasta que lleguemos a Mallorca, desde donde seran inmediatamente extraditados a Estados Unidos.

– ?Inmediatamente? -El primer oficial se echo a reir de nuevo-. No lo creo. Estas cosas llevan tiempo.

– ?De verdad me harias eso, Kate? -pregunto Dave-. ?Despues de todo lo que ha habido entre nosotros?

– Entre nosotros no ha habido nada. Y sera mejor que tengas la boca cerrada si no quieres pasarte el resto del viaje esposado.

– Kate. Se justa. ?Como quieres que no hable de ello? Despues de todo, soy yo el que puede que vuelva a la carcel.

– Tendrias que haberlo pensado antes de hacer esta tonteria.

– ?Y esa es tu ultima palabra sobre este asunto?

– La ultima palabra. Punto final. -Y anadio entre dientes, pero lo bastante alto como para que Dave la oyera-: ?Como pude enamorarme de un asqueroso ladron de drogas? Es algo que no entendere nunca.

– Todo esto nunca ha tenido nada que ver con las drogas -dijo Dave, sin dejar de sonreir, como si no tuviera preocupacion alguna.

– Es verdad -dijo Al-. Ibamos tras el dinero de los otros barcos.

– No te metas en esto -dijo Kate con brusquedad.

De nuevo Dave hizo el gesto de mirar su reloj. Luego se inclino hacia el primer oficial y cogiendole tranquilamente el brazo miro que hora era en su reloj. Como si fueran viejos amigotes. Y al frances no parecio importarle lo mas minimo. Luego Dave dijo algo a Luzhin que Kate no llego a oir. O quizas no comprendio.

– Lo lamento, pero no puedo acceder a su peticion -dijo Luzhin dirigiendose a Kate-. Pero le dire que podemos hacer – senalo con un gesto de la cabeza a Al-. Puede quedarse con ese, con el feo. Y nosotros nos llevaremos al otro. Es justo, ?no? Como el juicio de Salomon, ?eh? La mitad cada uno, como si dijeramos.

Hizo un gesto a uno de sus marineros. Inmediatamente el hombre tiro el cigarrillo, entro en el puente de

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