– Bien, ?que te trae por aqui?

Le conte lo del muerto del Adlon.

– ?Muerte natural?

– Eso parece. Seria de agradecer que los investigadores que se encarguen del caso ahorren a la viuda algunos detalles de las circunstancias de la muerte de su marido, senor.

– ?Por algun motivo en particular?

– Forma parte de la calidad de los servicios que ofrece el Adlon.

– Como el cambio diario de toallas en las habitaciones con cuarto de bano, ?no es eso?

– Tambien hay que tener en cuenta el prestigio del hotel. Se-ria una lastima que la gente empezase a creer que somos la pension Kitty.

Le hable de la chica alegre.

– Voy a destinar unos hombres al caso. Inmediatamente. -Levanto el auricular del telefono, solto unas ordenes y, mientras esperaba, tapo el microfono con la mano-. Rust y Brandt -dijo-. Los investigadores de turno.

– No me acuerdo de ellos.

– Les dire que tengan cuidado con los puntos de las ies. -Von Sonnenberg dio unas instrucciones por el microfono y, cuando hubo terminado, colgo el auricular y me clavo una mirada inquisitoria-. ?Te parece bien?

– Se lo agradezco, senor.

– Eso esta por ver. -Me miro despacio y se recosto en la silla-. Entre tu y yo, Bernie, la mayoria de los investigadores que tenemos en la KRIPO no valen una mierda, Rust y Brandt incluidos. Siguen las reglas al pie de la letra porque no tienen agallas ni experiencia para saber que este trabajo es mucho mas que lo que dice el reglamento. Un buen investigador necesita imaginacion. Lo malo es que ahora eso parece hasta subversivo e indisciplinado y nadie quiere parecer subversivo. ?Entiendes lo que digo?

– Si, senor.

Encendio un cigarrillo rapidamente.

– ?Que caracteristicas te parece que debe reunir un buen investigador?

Me encogi de hombros.

– Saber que acierta cuando todos los demas se equivocan -sonrei-, aunque comprendo que tampoco eso encaja bien en estos tiempos. -Vacile.

– Habla libremente. Aqui solo estamos tu y yo.

– Perseverancia tenaz. No largarse cuando te lo dicen. Nunca he podido retirarme de una cosa por motivos politicos.

– En tal caso, deduzco que sigues sin ser nazi.

No conteste.

– ?Eres antinazi?

– Ser nazi es seguir a Hitler. Ser antinazi es escuchar lo que dice.

Von Sonnenberg se rio.

– Da gusto hablar con alguien como tu, Bernie. Me recuerdas como era todo cuando estabas aqui. Los polis llamaban a las cosas por su nombre, eran policias de verdad. Supongo que tienes tus propias fuentes de informacion.

– Este trabajo no se puede hacer sin pegar el oido a la puerta del bano.

– El problema es que ahora todo el mundo es informador. -Von Sonnenberg sacudio la cabeza con pesadumbre-. Y me refiero a todo el mundo, lo cual significa que hay exceso de informacion y, cuando por fin se comprueba algun dato, ya es inutil.

– Tenemos el cuerpo de policia que nos merecemos, senor.

– Eres el unico a quien se le podria perdonar semejante idea, pero no puedo quedarme sentado de brazos cruzados; no cumpliria con mi trabajo. Durante la Republica, el cuerpo berlines de policia tenia fama de ser uno de los mejores del mundo.

– No es eso lo que dicen los nazis, senor.

– No puedo evitar el deterioro, pero puedo detenerlo.

– Me da la sensacion de que va a someter mi gratitud a una dura prueba.

– Tengo aqui uno o dos investigadores que, con el tiempo, quiza lleguen a algo.

– Es decir, sin contar a Otto.

Von Sonnenberg volvio a reirse.

– Otto, si. Bueno, Otto es Otto, ?verdad?

– Siempre.

– Pero a estos les falta experiencia, la clase de experiencia que tienes tu. Uno de ellos es Richard Bomer.

– Tampoco lo conozco, senor.

– No, claro, no seria posible. Es el yerno de mi hermana. Se me ha ocurrido que le vendria bien algun que otro consejo amistoso.

– No creo que se me de bien hacer de tio, senor. No tengo hermanos, pero, si tuviese uno, seguro que las criticas ya habrian acabado con el. El unico motivo por el que me quitaron el uniforme y me pusieron traje de paisano fue porque no servia para dirigir el trafico de Potsdamer Platz. Mis consejos suenan como pegar a alguien en las manos con la regla. Ni siquiera me miro al espejo cuando me afeito, no vaya a ser que me mande a buscar un empleo de verdad.

– Un empleo de verdad, ?tu? ?Como que, por ejemplo?

– He pensado en hacerme detective privado.

– Para eso necesitas un permiso judicial, en cuyo caso, necesitas el visto bueno de la policia. Para esas cosas viene bien que te eche una mano algun policia veterano.

No le faltaba razon; parecia que resistirse no serviria de nada. Me tenia exactamente donde queria, pinchado, como las polillas de la vitrina de la pared.

– De acuerdo. Pero no espere guantes blancos y cubiertos de plata. Si a ese tal Richard no le gustan las salchichas cocidas de Wurst Max, sera una perdida de tiempo para los dos.

– Desde luego. De todos modos, no seria mala idea que os conocieseis en cualquier sitio fuera del Alex, incluidos los bares de los alrededores. Preferiria evitarle reproches de cualquiera por andar en malas companias.

– Me parece bien, pero no quiero que el yerno de su hermana se presente en el Adlon, con todo el respeto por su hermana y por usted, pero, en general, no les gusta que de clases en el hotel.

– Claro. Pensemos en un sitio, un lugar neutral. ?Que tal Lustgarten?

Asenti.

– Voy a decir a Richard que te lleve el expediente de un par de casos en los que esta trabajando. Casos abiertos. Sin pistas ni sospechosos. ?Quien sabe? Tal vez puedas tu ayudarlo a cerrarlos. Un ahogado en el canal y aquel pobre poli tonto que se dejo matar. A lo mejor lo leiste en el Beobachter. August Krichbaum.

11

El Lustgarten, antiguo paisaje natural convertido en jardin, estaba rodeado por el viejo palacio real -al que antano pertenecia-, el Museo Viejo y la catedral, pero en los ultimos anos habia cumplido unicamente funciones de escenario de desfiles militares y concentraciones politicas. Yo mismo habia acudido a una en febrero de 1933, cuando se congregaron alli doscientas mil personas en manifestacion contra Hitler. Tal vez por eso, cuando los nazis llegaron al poder, ordenaron pavimentar los jardines y retirar la famosa estatua ecuestre de Federico Guillermo III, para poder celebrar alli desfiles militares y manifestaciones mas espectaculares aun en honor del Guia.

Al llegar al enorme espacio vacio me di cuenta de que se me habia olvidado donde estaba la estatua y tuve que hacer un esfuerzo por recordar su antigua ubicacion, para ir alli y dar media oportunidad de encontrarme al Kriminalinspector Richard Bomer, con quien habia quedado por mediacion de Liebermann von Sonnenberg.

Lo vi yo antes que el a mi: un hombre mas bien alto que rozaba los treinta anos, de pelo claro, con una

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