Fue como mover un saco de arena. En la espalda no tenia nada mas que un poco de vello lacio y una marca de nacimiento, pero mientras sujetabamos el cadaver contra nuestro abdomen, Bomer se incomodo y solto un taco.
– ?Demasiado para ti, Richard?
– Acaba de gotearle algo de la polla y me ha manchado la camisa -dijo y rapidamente se aparto un poco; horrorizado, se quedo mirando una gran herida amarillenta y marron que tenia en el centro del estomago-. Mierda.
– Casi, pero no exactamente.
– Esta camisa era nueva. ?Que voy a hacer ahora? -Se separo la tela del estomago y suspiro.
– ?No llevas una marron en el remolque? -bromee.
Bomer parecio aliviado.
– Si, llevo una.
– Entonces, calla y atiende: a este amigo nuestro no lo torturaron, de eso estoy completamente seguro. Si hubieran querido quemarlo con una plancha caliente y hacerle dano, se la habrian aplicado mas de una vez.
– Entonces, ?para que?
Le levante una mano y le cerre el puno, mas grande que el deposito de una motocicleta pequena.
– Fijate en el tamano de estas zarpas, en la cicatriz de los nudillos, y sobre todo aqui, en la base de los meniques. ?Y ves este bulto?
Ensene a Bomer el bulto que daba la vuelta a la mano hasta justo debajo del nudillo del menique. Despues, le solte esa mano y le levante la otra, la derecha.
– Aqui esta incluso mas pronunciado. Es una fractura comun entre los boxeadores. Anadiria que este tipo era zurdo, lo cual elimina a unos cuantos, aunque hacia tiempo que no boxeaba. ?Ves lo sucias que tiene las unas? Eso no se lo permite ningun boxeador. Lo malo es que el forense no se las limpio, cosa que ningun detective debe permitir. Si el matasanos de turno no hace su trabajo, tienes que guiarlo por el buen camino.
Saque mi navaja y un sobre del Adlon, en el que llevaba la carta de renuncia de Muller, y rasque la suciedad de las unas.
– No se que van a revelarnos unas migajas de porqueria -dijo Bomer.
– Seguramente nada, pero las pruebas no suelen presentarse en tamano grande y casi siempre son porqueria. No lo olvides. Ahora, lo unico que me falta por mirar es la ropa. Necesito un microscopio, sera solo unos minutos. -Eche un vistazo alrededor-. Segun recuerdo, en esta planta habia un laboratorio.
– Ahi -dijo, senalando con el dedo.
Mientras Bomer iba a buscar la ropa del difunto, yo puse el contenido de las unas en un plato de Petri y dedique un rato a observarlo al microscopio. No era yo cientifico ni geologo, pero sabia distinguir el oro a primera vista. Se trataba solo de una particula diminuta, pero suficiente para reflejar la luz y llamarme la atencion y, cuando Bomer entro en el laboratorio con una caja de carton, aunque sabia lo que iba a decirme, le tome la delantera y le conte lo que habia encontrado.
– Conque oro, ?eh? ?Seria joyero? Eso tambien podria ser una prueba de que este hombre era judio.
– Richard, ya te he dicho que era boxeador. Lo mas facil es que estuviese trabajando en la construccion. Eso justificaria la suciedad de las unas.
– ?Y el oro?
– En general y aparte de los orfebres, el mejor sitio para buscar oro es entre la porqueria.
Abri la caja de carton y me encontre con ropa de obrero. Un par de botas recias, un cinturon de cuero duro y una gorra de piel. Me intereso mas la camisa de franela -un modelo corriente-, porque no tenia botones, pero si unos pequenos desgarrones en su lugar.
– A este hombre le desabrocharon la camisa muy deprisa -di-je-. Seguramente, despues de que se le parase el corazon. Parece que hubiesen intentado devolverlo a la vida despues de que se ahogara. Eso explicaria lo de los botones. Se la abrieron sin perdida de tiempo para intentar reanimarle el corazon. Con una plancha caliente. Es un viejo truco de entrenador de boxeo, relacionado con el calor y la impresion, me parece. El caso es que justifica la quemadura.
– Entonces, ?cree que primero lo tiraron al agua y luego intentaron reanimarlo?
– Pues, en el Spree no fue, segun me has dicho tu. Se ahogo en otra parte. Fue entonces cuando intentaron reanimarlo y, a continuacion, lo tiraron al rio. Los hechos sucedieron en ese orden; todavia no tengo los porques, pero todo se andara.
– Interesante.
Mire la chaqueta del hombre. Era barata, de pana, de C le habian descosido el forro y luego lo habian cosido otra vez. Al apretar la tela correspondiente al bolsillo superior, note que arrugaba algo. Saque la navaja otra vez, corte unas cuantas puntadas del forro y saque un papel doblado. Lo desdoble con cuidado en el banco de al lado del microscopio: era una tira del tamano de una regla escolar. Como habia estado bajo las aguas del rio Spree, lo que alli hubiese escrito habia desaparecido sin dejar rastro. El papel estaba en blanco, pero su significado no dejaba lugar a dudas.
Bomer se habia quedado tan en blanco como el papel.
– ?Estarian ahi escritos su nombre y su direccion?
– Tal vez, si hubiese sido un nino de diez anos y a su madre le preocupase que se perdiera.
– Entonces, ?que quiere decir?
– Quiere decir que acabamos de confirmar tu primera sospecha. Creo que esta tira de papel era probablemente un fragmento de la Tora.
– ?La que?
– No me extranaria nada que Dios fuese aleman. Por lo visto, le gusta que lo adoren, da mandamientos al pueblo de diez en diez e incluso ha escrito su propio libro inescrutable. Sin embargo, este hombre adoraba a otro Dios, el de los hebreos. A veces, los judios se cosen en la ropa, cerca del corazon, un fragmento de la palabra de Dios. Si, Richard, en efecto: este hombre era judio.
– ?Mierda! ?Me cago en todo!
– Lo dices en serio, ?verdad?
– Ya se lo he dicho, Gunther. El jefe jamas me dara autorizacion para investigar la muerte de un judio. ?Maldita sea! Pensaba que era mi oportunidad de demostrar lo que valgo. ?Llevar una verdadera investigacion de homicidio! ?Entiende?
No dije nada. No porque me hubiese quedado sin palabras, sino porque en realidad no me apetecia soltar un discurso. ?De que habria servido?
– Yo no dicto la politica de la policia, Gunther -dijo Bomer-; no lo hace ni Liebermann von Sonnenberg. Si quiere que le diga la verdad, la politica viene de arriba, del Ministerio del Interior. De Frick, y a el se la dicta Goering, quien, a su vez, probablemente la recibe de…
– Del mismisimo diablo.
De pronto me entraron unos deseos irrefrenables de no tener nada que ver con Richard Bomer y su vertiginosa ambicion forense. Ademas, acababa de constatar como nunca hasta entonces que ser policia habia cambiado mucho mas de lo que sospechaba. Ni aunque lo deseara podria volver jamas al Alex.
– Supongo que habra otros crimenes, Richard. A decir verdad, estoy seguro. Al menos en ese aspecto, te puedes fiar de los nazis.
– No lo entiende. Quiero ser investigador, como lo fue usted, Gun-ther, pero los estados policiales son malos para la delincuencia y para los delincuentes, porque ahora en Alemania todo el mundo es policia… o lo sera muy pronto.
Dio un puntapie al banco de trabajo del laboratorio y solto otro taco.
– Richard, casi me das lastima. -Recogi el expediente del muerto y se lo tendi-. En fin, no puedo decir que no haya sido divertido. Echo de menos mi trabajo e incluso a mis clientes. ?Te lo puedes creer? Pero, a partir de ahora, voy a echarlo de menos tanto como el Lustgarten, es decir, nada en absoluto. Cuando aparece un muerto, sea quien sea, se investiga. Se investiga porque es lo que hay que hacer en una sociedad decorosa. De lo contrario, si se dice que la muerte de una persona no vale ni la esquela, tampoco vale la pena dedicarse a ese trabajo. Ya no.
Volvi a tenderle el expediente, pero se quedo mirandolo como si no lo viese.
– Vamos -dije-, coge esto. Es tuyo.
