cartera bajo el brazo, traje gris y un par de lustrosas botas negras que podian haberle hecho a medida en la escuela de policia de Havel. Alrededor de la gruesa boca, que parecia dispuesta a sonreir, se notaban profundas arrugas de las que se marcan con la risa. Tenia la nariz ligeramente torcida y una gruesa cicatriz en una ceja que parecia un puentecillo sobre un rio dorado. Salvo por las orejas, que no tenian marcas de nada, parecia un joven y prometedor peso ligero que se hubiese olvidado de quitarse el protector de la boca. Al verme se acerco sin prisa.
– Hola.
– ?Es usted Gunther?
Senalo en direccion sureste, hacia el palacio.
– Creo que estaba mirando hacia alli. Me refiero a Federico Guillermo III.
– ?Estas seguro?
– Si.
– Bien. Me gustan los hombres que se aferran a sus opiniones.
Se volvio senalando hacia el oeste.
– Lo trasladaron alli, detras de aquellos arboles, que es donde llevaba diez minutos esperandolo. De pronto se me ocurrio que tal vez lo ignorase usted y, entonces, decidi venir aqui.
– ?A quien se le puede ocurrir que se mueva un caballo de granito?
– A algun sitio tendran que ir, digo yo.
– Eso es cuestion de opiniones. Vamos a sentarnos. Un poli nunca se queda de pie, si puede sentarse.
Fuimos andando hasta el Museo Viejo y nos sentamos en las escaleras, ante una larga fachada de columnas jonicas.
– Me gusta venir aqui -dijo-. Me recuerda lo que eramos y lo que volveremos a ser.
Lo mire inexpresivamente.
– Historia de Alemania, ya sabe -dijo.
– La historia de Alemania se reduce a una serie de bigotes ri-diculos -dije.
Bomer esbozo una sonrisa timida y torcida de nino pequeno.
– Eso le haria mucha gracia a mi tio -dijo.
– Supongo que no te refieres a Liebermann von Sonnenberg.
– Ese es tio de mi mujer.
– Como si no bastara con tener al jefe de la KRIPO en el rincon esperandote con la esponja. A ver, ?quien es ese tio tuyo? ?Hermann Goering?
– Solo quiero trabajar en Homicidios -dijo, avergonzado- y ser un buen policia.
– He aprendido una cosa respecto a ser buen policia: no compensa tanto como ser malo. ?Quien es tu tio?
– ?Es importante?
– Solo porque Liebermann me ha pedido que lo sea yo, por decirlo de alguna manera, y resulta que soy celoso. Si tienes otro tio tan importante como yo, quiero saberlo. Por otra parte, soy curioso y por eso me hice detective.
– Esta en el Ministerio de Propaganda.
– No te pareces a Joey el Cojo, conque debes de referirte a otra persona.
– Bomer, el doctor Karl Bomer.
– Por lo visto, ultimamente hace falta un doctorado para mentir a la gente.
Sonrio otra vez.
– Lo hace adrede, ?verdad? Porque sabe que estoy afiliado al Par-tido.
– Como todo el mundo.
– Usted no.
– No he encontrado el momento, no se por que. Cada vez que iba a inscribirme, habia una cola inmensa en la sede.
– Deberia decirle una cosa: la masa protege.
– No, no protege. Estuve en las trincheras, mi joven amigo. Es tan facil liquidar a un batallon como a un solo hombre y eran los generales quienes se aseguraban de ello, no los judios. Ellos son quienes nos apunalan por la espalda.
– El jefe me ha dicho que procure no hablar de politica con usted, Gunther.
– Esto no es politica, es historia. ?Quieres saber la verdad sobre la historia de Alemania? Pues no hay verdad que valga en la historia de este pais. Como la mia en el Alex. Nada de lo que hayas oido sobre mi es cierto.
– El jefe dijo que era usted un buen detective. Uno de los mejores.
– Aparte de eso.
– Dice que fue usted quien detuvo a Gormann, el estrangulador.
– Si hubiera sido dificil, el jefe me habria sacado en su libro. ?Lo has leido?
Asintio.
– ?Que te parecio?
– Estaba escrito para policias.
– Te has equivocado de trabajo, Richard. Deberias ingresar en el cuerpo diplomatico. Es un libro pesimo, no cuenta nada de lo que es la profesion de investigador. Aunque yo tampoco puedo contarte gran cosa, salvo, quiza, lo siguiente: un policia se da cuenta enseguida de si un hombre miente; lo verdaderamente dificil es saber cuando dice la verdad. O tal vez esto otro: un policia es un hombre como otro cualquiera, pero un poco menos tonto que un delincuente.
– ?Y sus metodos de investigacion? ?No podria contarme algo de eso?
– Mi metodo se parecia un poco a lo que decia el capitan general Von Moltke sobre el plan de batalla: no sobrevive al contacto con el enemigo. La gente es otra cosa, Richard, y se entiende que el homicidio tambien. Quiza si me hablases de algun caso en el que estes trabajando ahora… o, mejor aun: si has traido el expediente, le echaria un vistazo y te diria lo que pienso. El jefe se refirio a un caso abierto, sin pistas ni sospechosos. La muerte del policia. August Krichbaum, ?no es eso? Quiza pudiera darte alguna indicacion.
– Algo se ha avanzado -dijo Bomer-. Parece ser que puede haber una pista.
Me mordi el labio.
– ?Ah! ?De que se trata?
– A Krichbaum lo mataron enfrente del hotel Deutsches Kaiser, ?verdad? Segun el forense, lo golpearon en los intestinos.
– Tuvo que ser un golpe tremendo.
– Si, claro, si no estas preparado, si. El caso es que el portero del hotel vio al principal sospechoso. No es que se fijase mucho, pero es ex policia. Ademas, ha visto fotografias de todos los delincuentes de Berlin, pero no ha habido suerte. Desde entonces, no ha parado de devanarse los sesos y ahora asegura que el tipo que golpeo a Krichbaum podria ser otro policia.
– ?Policia? Bromeas.
– No, no. Le estan ensenando todas las fichas personales de todo el cuerpo de policia de Berlin, las antiguas y las de ahora. En cuanto se decida por alguien, cogeran al tipo, seguro.
– Bueno, es un alivio.
Encendi un cigarrillo e, incomodo, me frote el cuello como si ya me lo rozase el filo del hacha que cae. Dicen que lo unico que se nota es un tajo afilado, como un pellizco furioso de la maquinilla electrica de la barberia. Tarde unos momentos en recordar que, segun la descripcion del portero, el sospechoso tenia bigote. Y tarde otro poco mas en recordar que en la fotografia de mi ficha personal de la policia yo tenia bigote. ?Asi le seria mas facil o mas dificil identificarme? No estaba seguro. Respire hondo y se me fue un poco la cabeza.
– Pero he traido el expediente de otro caso en el que estoy trabajando -dijo Bomer al tiempo que abria su cartera de piel.
– ?Bien! -dije sin entusiasmo-. ?Que bien!
Me paso una carpeta de color pajizo.
– Hace unos dias aparecio un cadaver flotando en el Muhlendamm Lock.
– Landwehr Top -dije.
– ?Como dice?
